08 Diciembre 2002 Seguir en 
Sus gravísimos problemas políticos, económicos y sociales han puesto a la Argentina en el ojo del mundo. Dentro de ese mare mágnum, y después de 11 meses de haber salido de la convertibilidad, son muchos los que analizan si se justifica o no haber salido de ese sistema para devaluar y realizar una pesificación asimétrica. Se hace una especie de "autopsia de la convertibilidad" como la denomina el economista Eduardo Fracchia. En diálogo con LA GACETA, el director adjunto del área de Economía del IAE (Escuela de Administración y Negocios de la Universidad Austral) observó en primera instancia que hay distintas interpretaciones con los mismos números.
- ¿Cuáles son esas variantes?
- Algunos piensan que el déficit fiscal fue más de principios de los 90, otros consideran que se incrementó al final de esa década. Pero buscando un consenso sobre las enfermedades que llevaron al final del sistema de cambio fijo, creo que al final de 2001 el partido ya estaba muy jugado. La paridad del 1 a 1 respiró bastante bien, incluso después de los shocks de Asia de 1997, y de Rusia de 1998, que nos pegó bastante fuerte y no dejamos de caer en el producto. Para Anne Krüeger, por ejemplo, lo que marcó el final para el 1 a 1 fue la megadevaluación de Brasil. Para otros, el determinante fue el shock político del gobierno de la Alianza, en 2000. Sin embargo, a principios de 2001, parecía que el sistema seguía tirando, pero a mediados del segundo semestre, con el cambio de la administración Bush que aparentaba que iba a tener una administración más dura y no iba a ayudar a los países en crisis. Hasta el propio Cavallo reconoció en ese momento que iba a ser necesario.
- Algunos seguían defendiendo el sistema...
- Sí, los más extremistas pensaban que se podía seguir tirando, quizás con esa visión de Churchill de "sangre, sudor y lágrimas". Es decir sigue la deflación, el desempleo, ajuste fiscal en medio de la recesión, todo para inmolarse en el 1 a 1. Lo único claro es que el momento que se eligió para salir de la convertibilidad por la puerta trasera, era lo peor.
- ¿Cuál era el momento indicado para salir?
- Bueno, ahora es fácil decirlo, pero en su momento no lo fue.Cavallo dice que lo ideal era 1997 porque era un año de crecimiento, sin inflación. Expertos norteamericanos dicen que le sugirieron salir en 1995, después del tequila. Otros dan otras fechas, pero son teorizaciones que hoy ya no sirven.
- ¿La salida de la convertibilidad fue muy traumática, o pudo ser peor aún?
- Si bien sorprendió la explosión en los precios en enero y febrero, y muchos pensaban que íbamos a entrar en la hiperinflación, tuvimos una conducta "brasileña". Por eso tuvimos una baja inflación relativa, lo que se explica de alguna forma por el freno en la suba de las tarifas, aunque un 20% en este sentido no tendría que derramar tanto sobre los precios.
Creo que lo más incidió fue la enorme y prolongada recesión porque el empresario se dio cuenta que no podía seguir para arriba con los precios. El tercer factor fue una política del Banco Central bastante ortodoxa, con un instrumento de contención del dólar que fue la Lebac (letra del Banco Central). Esta fue una especie de dulce de leche para el inversor para que no se desespere y corra a comprar dólares. Un cuarto elemento fue una cierta prudencia de Roberto Lavagna y de su equipo en la gestión. Por último, este parate en la caída económica y una especie de "veranito" para algunos sectores. Esto último se dio, fundamentalmente, porque en el primer trimestre se descontó todo este desequilibrio. Lo queda picando, después de la experiencia de la apertura del "corralito", que no trajo mayores consecuencias, es qué pasaría si se libera el corralón. También queda pendiente el reemplazo, por pesos, de los cerca de $ 9.000 millones de cuasi monedas que circulan en varias provincias del país.
- ¿Los regímenes de tipo de cambio fijo son muy riesgosos para los países emergentes?
- La tentación de los mercados de decir en cualquier momento "no va más a este dólar", hace que los ataques especulativos sean muy vulnerables. Si la Argentina se juega a un tipo de cambio fijo tiene un riesgo enorme de que le pasen por arriba como le pasó al sudeste asiático, a Brasil, a México.
Entonces, lo que ahora está de moda es un cambio flotante. Creo que más allá de otras especulaciones, cada vez está entrando más la idea de que la Argentina tiene que copiar a Brasil o a México, lo que tiempo atrás sonaba con desagrado. Paradójicamente, estos tipos de cambio flotante están dejando el tipo de cambio bastante fijo, y teniendo muchas reservas.
Así el dólar en México está tranquilo o como más o menos como lo quieren llevar en Brasil. De estas situaciones habría muchos otras aspectos a considerar, pero el más de fondo sería el de la falta de instituciones sólidas que padece el país, lo que le impediría, por ahora, soportar esta regla muy creíble y que fue una lástima que la hayamos perdido. Pero, como cualquier regla de enorme compromiso, todos intuían que iba a generar enorme turbulencia sumada errores de implementación 2002.
- ¿Cuáles son esas variantes?
- Algunos piensan que el déficit fiscal fue más de principios de los 90, otros consideran que se incrementó al final de esa década. Pero buscando un consenso sobre las enfermedades que llevaron al final del sistema de cambio fijo, creo que al final de 2001 el partido ya estaba muy jugado. La paridad del 1 a 1 respiró bastante bien, incluso después de los shocks de Asia de 1997, y de Rusia de 1998, que nos pegó bastante fuerte y no dejamos de caer en el producto. Para Anne Krüeger, por ejemplo, lo que marcó el final para el 1 a 1 fue la megadevaluación de Brasil. Para otros, el determinante fue el shock político del gobierno de la Alianza, en 2000. Sin embargo, a principios de 2001, parecía que el sistema seguía tirando, pero a mediados del segundo semestre, con el cambio de la administración Bush que aparentaba que iba a tener una administración más dura y no iba a ayudar a los países en crisis. Hasta el propio Cavallo reconoció en ese momento que iba a ser necesario.
- Algunos seguían defendiendo el sistema...
- Sí, los más extremistas pensaban que se podía seguir tirando, quizás con esa visión de Churchill de "sangre, sudor y lágrimas". Es decir sigue la deflación, el desempleo, ajuste fiscal en medio de la recesión, todo para inmolarse en el 1 a 1. Lo único claro es que el momento que se eligió para salir de la convertibilidad por la puerta trasera, era lo peor.
- ¿Cuál era el momento indicado para salir?
- Bueno, ahora es fácil decirlo, pero en su momento no lo fue.Cavallo dice que lo ideal era 1997 porque era un año de crecimiento, sin inflación. Expertos norteamericanos dicen que le sugirieron salir en 1995, después del tequila. Otros dan otras fechas, pero son teorizaciones que hoy ya no sirven.
- ¿La salida de la convertibilidad fue muy traumática, o pudo ser peor aún?
- Si bien sorprendió la explosión en los precios en enero y febrero, y muchos pensaban que íbamos a entrar en la hiperinflación, tuvimos una conducta "brasileña". Por eso tuvimos una baja inflación relativa, lo que se explica de alguna forma por el freno en la suba de las tarifas, aunque un 20% en este sentido no tendría que derramar tanto sobre los precios.
Creo que lo más incidió fue la enorme y prolongada recesión porque el empresario se dio cuenta que no podía seguir para arriba con los precios. El tercer factor fue una política del Banco Central bastante ortodoxa, con un instrumento de contención del dólar que fue la Lebac (letra del Banco Central). Esta fue una especie de dulce de leche para el inversor para que no se desespere y corra a comprar dólares. Un cuarto elemento fue una cierta prudencia de Roberto Lavagna y de su equipo en la gestión. Por último, este parate en la caída económica y una especie de "veranito" para algunos sectores. Esto último se dio, fundamentalmente, porque en el primer trimestre se descontó todo este desequilibrio. Lo queda picando, después de la experiencia de la apertura del "corralito", que no trajo mayores consecuencias, es qué pasaría si se libera el corralón. También queda pendiente el reemplazo, por pesos, de los cerca de $ 9.000 millones de cuasi monedas que circulan en varias provincias del país.
- ¿Los regímenes de tipo de cambio fijo son muy riesgosos para los países emergentes?
- La tentación de los mercados de decir en cualquier momento "no va más a este dólar", hace que los ataques especulativos sean muy vulnerables. Si la Argentina se juega a un tipo de cambio fijo tiene un riesgo enorme de que le pasen por arriba como le pasó al sudeste asiático, a Brasil, a México.
Entonces, lo que ahora está de moda es un cambio flotante. Creo que más allá de otras especulaciones, cada vez está entrando más la idea de que la Argentina tiene que copiar a Brasil o a México, lo que tiempo atrás sonaba con desagrado. Paradójicamente, estos tipos de cambio flotante están dejando el tipo de cambio bastante fijo, y teniendo muchas reservas.
Así el dólar en México está tranquilo o como más o menos como lo quieren llevar en Brasil. De estas situaciones habría muchos otras aspectos a considerar, pero el más de fondo sería el de la falta de instituciones sólidas que padece el país, lo que le impediría, por ahora, soportar esta regla muy creíble y que fue una lástima que la hayamos perdido. Pero, como cualquier regla de enorme compromiso, todos intuían que iba a generar enorme turbulencia sumada errores de implementación 2002.







