04 Febrero 2008 Seguir en 
París.- La boda entre el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la ex top model Carla Bruni, celebrada en la intimidad el sábado, regulariza una situación que confundía a los franceses y alimentaba las críticas sobre la exposición de la vida privada del jefe de Estado.
Rompiendo radicalmente con la mediatización que rodeó hasta ahora su relación con la ex top model y cantante, con la que se mostró en EuroDisney, Egipto o Jordania, Sarkozy contrajo matrimonio en la más estricta intimidad en el palacio del Elíseo, sede de la presidencia. No hubo fotos ni imágenes en la televisión para este evento, que fue sin embargo recogido en la prensa de toda Europa.
"Hay muchas posibilidades de que os enteréis cuando ya se haya hecho", prometió Sarkozy, defendiéndose de quienes le acusan de vender su vida privada, algo que comenzaba a molestar a la opinión pública, sobre todo a sus electores más conservadores."Es una decisión personal entre dos personas que se quieren y tienen ganas de vivir juntas", estimó el secretario general del Elíseo, Claude Guéant, quien estimó que la situación se aclaró. "Los franceses tendrán ahora una posición diferente a la que tenían en las últimas semanas. Las cosas serán más naturales y más simples", agregó.
Para el diario Journal du Dimanche, en la boda "las consignas fueron claras: ni fotos ni declaraciones. Los sondeos en baja reflejaron la exposición excesiva de la vida privada del jefe de Estado".
"Todo vuelve a ordenarse de nuevo a cinco semanas de las elecciones municipales, en las que la derecha teme un voto sanción del electorado, desestabilizado ante la imagen del jefe de Estado", según el diario.
Sólo un 41% de los franceses confía en Sarkozy. Además de la exposición de su vida privada, el presidente no cumple sus promesas de campaña, sobre todo en lo relativo al poder adquisitivo, según explican los sondeos. (AFP-NA)
Rompiendo radicalmente con la mediatización que rodeó hasta ahora su relación con la ex top model y cantante, con la que se mostró en EuroDisney, Egipto o Jordania, Sarkozy contrajo matrimonio en la más estricta intimidad en el palacio del Elíseo, sede de la presidencia. No hubo fotos ni imágenes en la televisión para este evento, que fue sin embargo recogido en la prensa de toda Europa.
"Hay muchas posibilidades de que os enteréis cuando ya se haya hecho", prometió Sarkozy, defendiéndose de quienes le acusan de vender su vida privada, algo que comenzaba a molestar a la opinión pública, sobre todo a sus electores más conservadores."Es una decisión personal entre dos personas que se quieren y tienen ganas de vivir juntas", estimó el secretario general del Elíseo, Claude Guéant, quien estimó que la situación se aclaró. "Los franceses tendrán ahora una posición diferente a la que tenían en las últimas semanas. Las cosas serán más naturales y más simples", agregó.
Para el diario Journal du Dimanche, en la boda "las consignas fueron claras: ni fotos ni declaraciones. Los sondeos en baja reflejaron la exposición excesiva de la vida privada del jefe de Estado".
"Todo vuelve a ordenarse de nuevo a cinco semanas de las elecciones municipales, en las que la derecha teme un voto sanción del electorado, desestabilizado ante la imagen del jefe de Estado", según el diario.
Sólo un 41% de los franceses confía en Sarkozy. Además de la exposición de su vida privada, el presidente no cumple sus promesas de campaña, sobre todo en lo relativo al poder adquisitivo, según explican los sondeos. (AFP-NA)







