07 Diciembre 2002 Seguir en 
WASHINGTON.- Paul O?Neill, de 67 años, posee una inclinación a decir lo que piensa con franqueza que resultó ser muy polémica y terminó provocando su caída. Asumió al frente del Tesoro a comienzos de 2001, poco después de retirarse del mando del gigante del aluminio Alcoa, con la fama de ser uno de los ejecutivos más talentosos de Estados Unidos.
Sin embargo, desde el primer día en su cargo, el ex capitán industrial tuvo que demostrar a los escépticos de Wall Street que entendía las complejidades de los mercados financieros, y que podía actuar con precisión en el sensible tema de las monedas. Pero, en lugar de tranquilizarse, los inversores se espantaron cuando O?Neill insultó a los operadores al decir que podía aprender su trabajo en dos semanas.
Las cuentas suizas
En varias ocasiones, el propio presidente George W. Bush se vio obligado a intervenir para sacar las papas del fuego, a raíz de sus polémicas declaraciones. Así pasó cuando O?Neill provocó un escándalo diplomático con el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, en julio, cuando sugirió que cualquier ayuda a Brasil, a Argentina o a Uruguay podía terminar en cuentas suizas.
También actuó torpemente en la tarea crucial de explicar la política del gobierno de Bush con respecto al dólar, la moneda referencial de otras divisas. "No estamos buscando lo que se dice una política de dólar fuerte", dijo y provocó una fuerte caída de la moneda. Quería decir que la fortaleza del dólar era la consecuencia del buen desempeño de la economía de Estados Unidos, pero nadie entendió el mensaje. (Reuter)
Sin embargo, desde el primer día en su cargo, el ex capitán industrial tuvo que demostrar a los escépticos de Wall Street que entendía las complejidades de los mercados financieros, y que podía actuar con precisión en el sensible tema de las monedas. Pero, en lugar de tranquilizarse, los inversores se espantaron cuando O?Neill insultó a los operadores al decir que podía aprender su trabajo en dos semanas.
Las cuentas suizas
En varias ocasiones, el propio presidente George W. Bush se vio obligado a intervenir para sacar las papas del fuego, a raíz de sus polémicas declaraciones. Así pasó cuando O?Neill provocó un escándalo diplomático con el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, en julio, cuando sugirió que cualquier ayuda a Brasil, a Argentina o a Uruguay podía terminar en cuentas suizas.
También actuó torpemente en la tarea crucial de explicar la política del gobierno de Bush con respecto al dólar, la moneda referencial de otras divisas. "No estamos buscando lo que se dice una política de dólar fuerte", dijo y provocó una fuerte caída de la moneda. Quería decir que la fortaleza del dólar era la consecuencia del buen desempeño de la economía de Estados Unidos, pero nadie entendió el mensaje. (Reuter)







