Esas paredes

Por Juan Manuel Montero - Redacción LA GACETA.

02 Febrero 2008
Nada de lo que sucede dentro de la cárcel es normal para quienes están afuera. A pesar de la modifiación de estrategias del Gobierno, nada parece haber cambiado.

A ambos lados del portón de entrada a la cárcel de Villa Urquiza, el muro luce pintura reciente. Al verde descascarado le sucedió un ocre suave, con detalles borravino. ¿Es una forma de decir algo está cambiando? Opinar sobre lo que sucede detrás de esas altísimas paredes es peligroso. Encierran un mundo totalmente distinto del que se vive puertas afuera, con códigos propios y resoluciones de conflictos “anormales”. Nada de lo que para quienes están del otro lado es normal hacia adentro.
La gestión de José Alperovich trajo nuevas ideas sobre la forma de conducir el sistema penitenciario en Tucumán. Durante su primer mandato puso al frente a un abogado, Ernesto Salas López, reconocido garantista, quien encaró una reforma sobre todo en la relación de los internos con los guardias y en la totalidad de sus actividades entre esas cuatro paredes. Se impuso la palabra antes que el golpe, el diálogo antes que el castigo. En Villa Urquiza (y en el resto de las unidades carcelarias de la provincia) estaban acostumbrados a ser dirigidos por comisarios: “Cobani”, “Milico” o “Vigilante” en su propia jerga. Salas le dio otra tónica: el pianista Miguel Angel Estrella se convirtió en un asiduo visitante, se crearon coros y hasta se filmó una película (“El piano mudo”, de Zuhair Jury). Cuando Salas pasó a la Secretaría General de la Gobernación, lo sucedió otro abogado, Roberto Guyot, con el mismo perfil. ¿Cambió algo en la cárcel en los últimos cinco años?
Cuando Ernesto Salas abandonó el puesto, llevó sobre sus espaldas un récord de 12 muertos en el penal. Debió enfrentar varios motines y hasta la fuga de uno de los presos más peligrosos, Alberto “Pelusa” Tolosa, lo que le costó el puesto a la camarista Alicia Freidenberg. Hubo encarnizadas peleas entre bandas por espacios de poder y el paso de la droga resultó imparable. Los pabellones se derrumbaron y la falta de espacios llevó al hacinamiento. Se hicieron denuncias por malos tratos y de actos de corrupción contra guardias. Cualquiera pensaría que la situación en la cárcel es caótica. Pero no es así. En la cárcel, esto es normal.
Guyot ya lo sabe. A pocos días de asumir, un reo asesinó a otro dentro del penal. Luego, Lucas González intentó asesinar a otro recluso, en una pelea que estaría relacionada con el manejo de drogas. Y ahora le tocó su primer motín. Quienes pasaron por la Dirección de Institutos Penales saben que allí los años se miden como la edad de los perros, siete por uno.
¿Tiene explicación un motín? Por lo general no, aunque las razones que se esgrimen sean siempre las mismas: mejores condiciones de alojamiento, aceleración de las causas penales o pedidos de mayores beneficios. Nada de esto fue el centro del reclamo en la medianoche del jueves. En realidad no hubo reclamo. Los adultos menores, como se conoce a quienes están alojados en el pabellón 5, estaban sobreexcitados. Varios abogados que los visitaron ayer a la mañana pudieron advertir que aún se encontraban bajo los efectos de psicotrópicos, ya que las pastillas son mucho más fáciles de pasar a través de los controles que la marihuana o la cocaína. La mezcla con alcohol (muchos dejan macerar pulpa de manzana) hizo el resto.
En noviembre, LA GACETA publicó una serie de notas sobre la realidad carcelaria. Entonces, Héctor T., un preso de 52 años condenado a 10 años de prisión por homicidio, se mostró preocupado. “Los changos jóvenes que llegan al penal procesados o detenidos están descontrolados. Acá nosotros tenemos códigos, pero ellos no respetan nada ni a nadie. Si no se los contiene de manera adecuada, son capaces de hacer cualquier cosa”. Como iniciar un motín por aburrimiento, por ejemplo.
En pocos días, según anunció Guyot, se inaugurará el pabellón de máxima seguridad que permitirá descomprimir las otras dependencias. ¿Cambiará algo? Todo depende de qué lado de la pared se lo mire.

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