"Nos golpearon con hierros y con palos, y nos patearon. Por suerte, no lograron herirnos con las puntas carcelarias que tenían; eso sí hubiera sido terrible", detalló.
El guardia, que vive en el barrio Echeverría, afirma que el motín fue algo organizado y pactado. "Aparentemente tenían todo planeado", dijo, todavía sorprendido. "Yo estaba recorriendo las últimas secciones y sentí cómo reventaron los candados y las rejas de la entrada del pabellón. Entonces ya no pude pasar", agregó el guardia.
Los dos agentes quedaron atrapados entre los detenidos. "Luché para salir pero, cuando iba por el medio del pabellón, nos redujeron a mí y a mi compañero Alejandro. Nos tenían agarrados entre cuatro en el piso", manifestó.
Sequeira es padre de una hija y separado. "Mi familia se preocupó mucho es obvio, conocen los peligros que implica trabajar en el penal. Yo tengo este trabajo hace cinco años porque el tema de la seguridad siempre me gusto", dijo. Si bien ambos guardias padecieron lesiones, Ledesma fue el que se llevó la peor parte. Sequeira sufrió golpes en todo el cuerpo, en especial, en la pierna izquierda. Por su parte, Alejandro Ledesma recibió varios golpes en la cabeza, por lo que seguirá en observación un sanatorio. Su hermana Natalia comentó la preocupación que sintieron cuando se enteraron de lo ocurrido: "sabemos que es peligroso trabajar en ese lugar pero no nos imaginábamos que esto podría ocurrir. Fue horrible". El padre de Alejandro Ledesma es el comisario José Ledesma, jefe de las Unidades 1 y 2 del penal.
Sequeira asegura que no siente miedo al tener que reincorporarse el lunes a la guardia. "Yo los trato con mucho respeto a los internos. Nunca había tenido problemas", aclaró. Aunque reconoce que los menores son los que más problemas causan en Villa Urquiza.
Los familiares no pudieron acercarse
La Policía y el Servicio Penitenciario han puesto en marcha un protocolo de seguridad ideado para casos de motines.
Lo primero que se hizo fue separar las funciones. Dentro de la cárcel actuó el grupo penitenciario denominado Lagarto. En el perímetro interior fueron apoyados por personal de las Guardias de Infantería de las Regionales Capital, Este y Norte, además de miembros del grupo Cero. En el exterior se cortó el tránsito en todas las calles que bordean la cárcel. Por primera vez los familiares de los internos no pudieron acercarse. Debieron conformarse con esperar detrás de vallas, a una cuadra del penal.
Si bien estuvo presente en jefe de Policía, Hugo Sánchez, y el secretario de Seguridad Ciudadana, Eduardo Di Lella, todo el operativo para controlar a los amotinados fue coordinado por el director de Institutos Penales, Roberto Guyot.







