Cosquín.- (Por Ricardo Kaliman).- Miembro de los legendarios Huanca Huá, el conjunto del “Chango” Farías Gómez que revolucionó la música vocal folclórica argentina en la década de 1960, el cantautor Pancho Cabral, tras años vividos en Francia, regresó a su Rioja natal e inició una carrera como solista que comenzó a rendir sus frutos y obtener reconocimiento en los últimos años.
Autor de “Ay, este azul”, “Sanagasta en el viento”, “Topador y vidalero” y “El carnaval de mi pueblo”, en 2006, ganó el Festival Cosquín de la canción con su chaya “Coplas atadas con chala”, que interpretó anoche en el escenario “Atahualpa Yupanqui”, marco central del festival de Cosquín, acompañado por los tucumanos Leopoldo Deza, en teclados, y Peter Würschmidt, en guitarra.
“A los 63 años”, confesó a LA GACETA, “creo haber encontrado mi camino”. Para completar la idea, cita al Popol Vuh, la biblia maya: “Que cada pájaro haga oír su canto. Yo trato de hacer oír el mío de la mejor manera, en la estética de la palabra, en mi forma de cantar. Trato de ser lo más personal posible, pero me nutro de los hitos referenciales”. En efecto, su trabajo artístico se complementa con una investigación constante de las fuentes. “No soy Carlos Vega”, dice refiriéndose a quien es considerado el padre de la musicología folclórica argentina, “pero he tratado siempre de conocer, y en un próximo libro voy a ofrecer los fundamentos de mis hipótesis sobre el origen de la vidala chayera”.
Puñal clavado
Para Pancho Cabral, no hay un folclore viejo y otro nuevo. “Si vos querés, mi sonido puede ser llamado un poco más actual, pero está afirmado con el mayor respeto en esa tradición”.
Para él, lo que hay que distinguir es lo popular de lo populachero: “es como un puñal clavado en el corazón cuando se toman elementos de la música popular y se los deforma, para ganar dinero meteóricamente. Los de la industria cultural son muy bichos en eso, y roban lo del pueblo para usarlo en una expresión facilista”, acusó el compositor.
La perduración de la música popular, de las canciones que, en sus palabras, “pueden ser nuevas pero nobles”, depende, agrega, “de conocer la tierra, lo nuestro, lo anónimo. Como las canciones de Atahualpa Yupanqui, que realmente anduvo y conoció”.