06 Diciembre 2002 Seguir en 
Elías Pablo Saade no fue un banquero más. Su pasión, su actitud optimista y su profunda convicción de que Tucumán tenía un gran porvenir lo llevaron a ser uno de los constructores del progreso de esta provincia.
Su partida definitiva, ocurrida el martes último, conmovió al empresariado y a los sectores productivos locales. En la memoria de cientos de tucumanos se reiteró la imagen de este hombre que, a lo largo de los 31 años durante los cuales gerenció el Banco Empresario, estuvo siempre dispuesto a dar una mano al emprendedor, al que apostaba a favor del desarrollo de la provincia. "Tucumán está dotada de elementos que la deberían llevar a actuar en un escenario mejor que el actual", decía en 1999.
Siempre cordial, bien dispuesto, Saade manejaba como pocos los secretos del mundo de las finanzas pero no se los guardaba para sí. Los compartía con los hombres de negocios que buscaban su consejo y, sobre todo, los aplicaba para pilotear, aún en las peores tormentas (el cierre de ingenios a fines de los 60 o el efecto Tequila de los 90), el banco que él había ayudado a crear.
"El que manda es el conocimiento; más que la capacidad en capital, es el material humano el que hace andar a las empresas", era una de sus definiciones.
Saade ingresó en 1961 como auditor de la Financiera Empresaria Tucumana Cooperativa de Crédito Ltda., que había sido fundada el 18 de octubre de 1957 en el seno de la FET. En 1963 fue designado gerente general de la financiera. Luego de superar una serie de adversidades, se dio un fuerte y sostenido crecimiento que se reflejó rápidamente en el cumplimiento del objetivo de capital social que exigía el Banco Central. Así fue que, el 1 de diciembre de 1967, la financiera se constituyó en el Banco Empresario. Desde entonces y hasta el 2 de agosto de 1999, Saade fue el gerente general del que es hoy el único banco tucumano. Luego se desempeñó como asesor.
Había cumplido 75 años, era contador de profesión, hincha de Boca y de San Martín, y le gustaban tanto los tangos como el folclore y la música clásica, placeres con los que matizaba su mundo de finanzas y bancos.
Su partida definitiva, ocurrida el martes último, conmovió al empresariado y a los sectores productivos locales. En la memoria de cientos de tucumanos se reiteró la imagen de este hombre que, a lo largo de los 31 años durante los cuales gerenció el Banco Empresario, estuvo siempre dispuesto a dar una mano al emprendedor, al que apostaba a favor del desarrollo de la provincia. "Tucumán está dotada de elementos que la deberían llevar a actuar en un escenario mejor que el actual", decía en 1999.
Siempre cordial, bien dispuesto, Saade manejaba como pocos los secretos del mundo de las finanzas pero no se los guardaba para sí. Los compartía con los hombres de negocios que buscaban su consejo y, sobre todo, los aplicaba para pilotear, aún en las peores tormentas (el cierre de ingenios a fines de los 60 o el efecto Tequila de los 90), el banco que él había ayudado a crear.
"El que manda es el conocimiento; más que la capacidad en capital, es el material humano el que hace andar a las empresas", era una de sus definiciones.
Saade ingresó en 1961 como auditor de la Financiera Empresaria Tucumana Cooperativa de Crédito Ltda., que había sido fundada el 18 de octubre de 1957 en el seno de la FET. En 1963 fue designado gerente general de la financiera. Luego de superar una serie de adversidades, se dio un fuerte y sostenido crecimiento que se reflejó rápidamente en el cumplimiento del objetivo de capital social que exigía el Banco Central. Así fue que, el 1 de diciembre de 1967, la financiera se constituyó en el Banco Empresario. Desde entonces y hasta el 2 de agosto de 1999, Saade fue el gerente general del que es hoy el único banco tucumano. Luego se desempeñó como asesor.
Había cumplido 75 años, era contador de profesión, hincha de Boca y de San Martín, y le gustaban tanto los tangos como el folclore y la música clásica, placeres con los que matizaba su mundo de finanzas y bancos.







