Otros horizontes

Comicios anticipados, el último capricho mirandista. El gobernador jugará sólo por la promoción o por el descenso.

06 Diciembre 2002
Por Marcelo Aguaysol

No hicieron falta las palabras para demostrar el divorcio que existe entre las políticas que trata de aplicar Julio Miranda y los objetivos de Hilda González de Duhalde. El gobernador intentó enfriar la cruda crisis sociosanitaria local argumentando que el problema de la desnutrición nació hace 40 años con el cierre de ingenios. La primera dama lo paró en seco al decir que Miranda no puede eludir la responsabilidad que le cabe a su gestión en la muerte de 16 niños desnutridos. Ese distanciamiento quedó al descubierto el martes en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. La primera dama y Miranda no cruzaron una mirada durante la entrega de las becas a estudiantes. Sólo el protocolo rompió el hielo oficial.
Miranda mira a su alrededor y se da cuenta de que cada día que pasa está más solo. El vacío de poder es evidente. La constante ausencia del mandatario, en sus más de tres años de gestión, terminó de quitarle el rol de administrador de la cosa pública. Esto se ahondó con la llegada a Tucumán de la esposa de Eduardo Duhalde. Miranda se resignó a no viajar a Buenos Aires y también a compartir las decisiones institucionales con la Nación.
La última prueba de amor hacia el poder central es el adelantamiento de las elecciones. Ese hecho se constituirá también en el último capricho que le aceptará el aparato peronista (mirandista o no). El oficialismo presentó el anticipo de los comicios como una sana idea de ahorrar $ 2 millones en gasto eleccionario, pero la larga transición para la entrega del mandato puede ser más cara si la Nación corta el chorro financiero y se repite la sequía de recursos, tal como sucedió en 1995 con Ramón Ortega, o en 1999 con Antonio Bussi. El fantasma de los tres meses de atraso salarial ronda por la cabeza del jefe del PE, quien insiste en irse en mayo, con una eventual escala en el Senado durante cuatro años, según sus asesores.
Miranda está atado al derrotero duhaldista. Jugó de lleno un partido junto con el presidente de la Nación que no le asegura ni los fondos para el futuro ni que el 27 de abril próximo haya elecciones generales. Al gobernador, en ese match, le quedan dos caminos: o mantenerse en la tabla de equipos que jugarán la promoción (por otro cargo electivo) o el descenso, en el que ya tiene un estigma fuerte por el rechazo social a su personalizada gestión. José Alperovich es parte de ese equipo. El senador está embelesado por las marquesinas de Olivos, donde lo reciben con los brazos abiertos. Algunos operadores del PJ piensan que el congreso partidario no le cerrará las puertas para participar en las internas, que se harían en febrero. Podrían aceptar que el ex ministro mirandista sea parte de la compulsa para demostrar, con una eventual derrota electoral, que Alperovich sólo persigue una desmedida ambición de llegar al poder. La guerra está declarada, dentro y fuera del Gobierno.

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