BUENOS AIRES.- Hace algo más de dos meses que el ministro de la Corte Suprema, Carlos Fayt, había comentado a sus colegas Gustavo Bossert -poco después renunciante- y Enrique Petracchi que, como ambos, tenía un depósito a plazo fijo, pero no estaba obligado a excusarse sobre el corralón, por tener más de 75 años. Esa apreciación fue correcta, y el tiempo transcurrido debió evitar la dimensión del ruido que provocó ahora su decisión en contrario; más aun si se considera que esta había tomado, entonces, estado público por algunas versiones periodísticas. Pero ese ruido tardío y motorizado por activas usinas preelectorales, obligó a Fayt a dar el paso que dejó sin número suficiente la remanida dolarización de los depósitos. El magistrado advirtió que, a pesar de tener razón, la ética, más poderosa a veces que la propia ley, lo colocó ante esa decisión, como a la mujer de César por sus nocturnales romanas: no sólo se debe ser honesto, sino también parecerlo. El resultado final del episodio ha sido, como se presumía días atrás en este lugar, que el fallo sobre la compleja alternativa de Constitución o quiebra financiera se posterga por un confuso laberinto, en cuyo final aguarda un desenlace bastante menos detonante que el de ciertas especulaciones.
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Uno de los problemas más complejos que hoy plantea el análisis político consiste en descargar los hechos y las palabras de sus fuertes connotaciones especulativas, para tratar de obtener mayor objetividad. Desaparecido el suspenso del corralito con los resultados a la vista, el efecto de esa sobrecarga ha sido la proliferación de demandas ante los supermercados y que, según algunas interpretaciones, no son sino el prólogo de lo que vendrá el 20. Tras esa nueva situación apareció inesperadamente el rápido despido del Gobierno por el propio Eduardo Duhalde, del subsecretario de Seguridad Interior, Carlos Vilas, por culpar al menemismo de aquella agitación. Si no hubiera sido que el discreto diálogo de duhaldistas y menemistas estaba ya en marcha desde hacía una semana, el funcionario de marras aún seguiría en su puesto. La negociación sobre la suerte de la interna justicialista ha vuelto a reasegurar la unidad partidaria y tiene comprometida la sanción del Presupuesto 2003 en la Cámara de Diputados.
La renovada versión o conjetura que pronostica un sí final de Carlos Reutemann a su candidatura presidencial, ha sido seguida esta vez por la certeza con que en el entorno de Eduardo Duhalde se habla de los abandonos de José Manuel de la Sota y Néstor Kirchner.
Ninguno de los dos, por cierto, figuraría en las secretas condiciones del político presidenciable con más elevado índice en las encuestas de imagen. Después de negar una vez más esa carrera, cuyo origen fue el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, las mismas fuentes duhaldistas admitían que el obstáculo insuperable para obtener el sí del gobernador de Santa Fe es la postulación de Carlos Menem. La pregunta del millón: ¿es posible que la única deuda de Reutemann con el ex presidente sólo sea ética? (De nuestra Sucursal)







