El desgaste que viene

Por Federico van Mameren

03 Diciembre 2002
Federalismo, las pelotas. La expresión descalificadora que Adelina Dalessio de Viola inmortalizó en la Cámara de Diputados de la Nación hace más de un lustro se impone en la provincia de Tucumán.
El Gobierno necesita de por lo menos 20 millones mensuales para pagar los sueldos de la administración pública. El primer mandatario provincial reconoció que es presionado por la Nación para adelantar las elecciones, es decir para definir el futuro político de la provincia. Se trata lisa y llanamente de una extorsión constante, en la que la autonomía provincial es una mera declamación de principios.
No se pueden soslayar los errores ni el desgobierno que se vive en el pisoteado "Jardín de la República", pero todo se hace en base a las especulaciones de lo que pasará cuando Eduardo Duhalde deje la presidencia de la Nación. En el poder nada se mueve teniendo como norte un Tucumán mejor, sino en base a cómo se quedará posicionado en el futuro. Todo se ha reducido a la opción Duhalde o Menem.
El senador peronista José Alperovich terminará reconociendo que fue un error haber prestado su casa para que se hospede Hilda González de Duhalde. Su proyecto político tenía sólidos cimientos menemistas hace dos meses. Ahora ha quedado estigmatizado dentro del duhaldismo. Roque Alvarez, quien más de una vez sonó como el posible compañero de fórmula de Alperovich, ya lo abandonó, en función de su fidelidad al menemismo que lo cobijó en la Cámara de Diputados. Otros legisladores proyectan imitar esta actitud. Alperovich tenía un pie puesto en cada lugar y ahora dejó uno vacío. Ni lerda ni perezosa, la doble J ocupó la casilla vacía: Fernando Juri y Osvaldo Jaldo lo enfrentarán en la batalla interna.
Miranda -víctima de sus propios errores y de su soledad- sabe que cualquiera de los grupos podría ser candidato a senador. Pero la suerte del gobernador es la de una veleta y cualquier vientito puede dejarlo dado vuelta. El mandatario se aferra al adelantamiento de los comicios como el náufrago a la única madera que quedó de su bote hecho trizas después de la tempestad.
Imaginar 2003 con elecciones anticipadas es presagiar un año tumultuoso. Miranda podrá estar dispuesto a irse antes de lo que la Constitución le ordena, pero seguramente los 40 legisladores, los 90 delegados comunales y los 19 intendentes se aferrarán a su sillón. En el supuesto de que nadie se vaya, la transición hasta el 29 de octubre será eterna y convivirán, entre electos y salientes, dos gobernadores, dos vice, 180 delegados comunales, 38 intendentes, 80 legisladores y casi 300 concejales.
Si hoy se vive en el desgobierno por falta de una verdadera cultura política, el año que viene no será fácil de manejar.

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