La crisis podría ser sólo una tormenta en un vaso de agua

Hay buenas noticias sobre la posible reactivación económica del país, pero otras generan incertidumbre.

02 Diciembre 2002
BUENOS AIRES.- Inquietantes señales en medio de la incipiente reactivación hacen pensar si estaremos en la tormenta en un vaso de agua, de modo que todo marcha bien y los rumores son material descartable, o bien en la tormenta perfecta, recordando aquella película en la que a los pescadores que salen a alta mar repletos de confianza se les da vuelta el barco y se mueren todos, a pesar de que habían tomado las precauciones imaginables.
Las advertencias del presidente del Banco Central, Aldo Pignanelli, de que un fallo de la Corte Suprema sobre redolarización de los depósitos podría derivar en hiperinflación o cierre de bancos despertó viejos fantasmas, como los de un bono obligatorio tipo plan Bónex de 1990, o un pánico generalizado que se recueste sobre el dólar originando una escalada cambiaria, contradiciendo señales objetivas de que la divisa norteamericana está sobrevaluada, o, al menos, bien valuada.
Las reiteradas desestimaciones del ministro de Economía, Roberto Lavagna, pueden no causar tan buen efecto como en el brillante mes de noviembre, cuando no sólo se logró tranquilidad cambiaria casi total sino también un crecimiento en la recaudación impositiva del orden del 40% y una performance excepcional de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires: tuvo incrementos promedio del orden del 15%, aunque, como producto de una lógica toma de ganancias, al final aflojó.
Otro rumor que alcanzó inusitado vigor fue que se preparaba una ola brutal de saqueos y desórdenes que culminaría el 20 de diciembre. También golpeó la información de que los economistas menemistas se habían puesto en campaña internacional, trabajando en Washington y en Europa a fin de frustrar la posibilidad de que Argentina obtenga un acuerdo con el FMI.

Una jugada de ajedrez
Por supuesto inmediatamente sobrevinieron las desmentidas cruzadas, de modo que difícilmente se llegue a saber la verdad sobre el punto. Sin embargo, llamativamente la maniobra se parece mucho a la que realizó Domingo Cavallo en 1989 exigiendo a los bancos que no prestaran apoyo al gobierno de Alfonsín que estaba a punto de caer.
La jugada de ajedrez de Lavagna consistente en anunciar la terminación del corralito bancario (luego de un año de decretado por un desesperado Cavallo), de forma sorpresiva y sin previa consulta con el BCRA, le rindió dividendos, pero al mismo tiempo le acarreó el resquemor de la autoridad monetaria, con la que nunca se llevó bien.
Pignanelli, a su vez, se jactó de ser autor de esta estabilización, a través de la política consistente en ir rearmando prudentemente la posición de reservas que superó los 10.000 millones. Ahora la gente va a disponer libremente de su dinero y la idea es que no lo use para comprar dólares o euros sino que lo deje en el banco o bien que lo vuelque al consumo.
Pero la apertura del corralito se refiere a los depósitos a la vista, en cuenta corriente y caja de ahorro, y no a los plazos fijos pesificados, que son el hueso más duro de roer. Allí la gente puso dólares y quiere dólares; no quiere consumo ni bonos, sino dólares billete, que no los hay.
La única alternativa para evitar la cesación de pagos de los bancos, ante una avalancha de ahorristas más que dispuestos a recobrar su dinero de un día para otro, sería exigir la redolarización de los créditos pesificados o sometidos al CER o al CVS, lo cual arrojaría una oleada de indignación de parte de los prestatarios.

Baja de impuestos
En la onda de bajar impuestos, Lavagna no solamente dispuso la rebaja de dos puntos de IVA desde mediados de noviembre a mediados de enero -que se prolongaría si la recaudación responde-, sino también la rebaja del 35% al 30% del Impuesto a las Ganancias de las empresas. En realidad, esta última esconde una especie de ahorro forzoso o exacción al capital invertido e incluso un impuesto a las pérdidas, ya que se aplica sobre activos y pasivos no indexados por inflación, sino a valor nominal.
Parecía que esta medida iba a provocar rebelión fiscal de parte de los grandes contribuyentes y de sus asesores impositivos, quienes la consideraron confiscatoria, pero hasta ahora no parece ser así, dado que la recaudación del Impuesto a las Ganancias superaría récords de $ 1.000 millones en noviembre. (DyN)

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