02 Diciembre 2002 Seguir en 
"Si en la primera media hora no puedes detectar al tonto en la mesa (de póquer), entonces el tonto eres tú". Matt Damon, en la película "Apuesta final".
Cuando el martes pasado, los peronistas de la comisión de Juicio Político decidieron reunirse y archivar los pedidos de destitución contra el gobernador, dos ideas cristalizaron. La primera es que a buena parte del PJ local no le sirve que Julio Miranda se vaya ahora. La segunda es que, a ese sector, tampoco le es útil que el mandatario se fortalezca. Por eso sus propios parlamentarios lo desgastaron, saboteando los dos primeros intentos de rechazar los planteos. En algún momento de noviembre, dejó de depender de Miranda su propia continuidad en el cargo. Seguía ahí hasta ayer, por ejemplo, porque a los parlamentarios no les viene bien que lo intervengan. Ni que renuncie. Sin él, a Sisto Terán no le auguran larga vida (al gobernador, por lo menos, le responden aún patotas dispuestas a coartar protestas). Al final, igual sobrevendría el remedio federal. Y sin fueros, más de un legislador podría ir preso.Mejor, para ellos, que el gobernador dure todo lo que pueda. Pero sólo seguirá hasta que se le acaben las fichas.
Para el senador José Alperovich la intervención es beneficiosa sólo si un hombre suyo la asume. Pero, por ahora, no le conviene enfrentarse con Miranda, su mejor (y casi única) puerta de acceso al peronismo. El problema aquí es que el "compañero Julio" es una pesada carga que quiere volver al Senado. Todo un dilema para el ex ministro, que busca diferenciarse como el antídoto del veneno. La clave no es si Alperovich ganaría sin apoyo del gobernador; sino si puede triunfar con el mandatario en la lista. O, en caso de desairarlo, si puede triunfar con Miranda en contra.
Al Gobierno nacional -y aquí el drama del oficialismo vernáculo- sí le conviene la intervención. Desde el día en que el Presidente apostó a su propia esposa con un mediático "operativo antihambre", avisó que no está dispuesto a perder esta partida. El duhaldismo supone que ponerle fin drásticamente a la agonía institucional tucumana sería bien visto nacional e internacionalmente. Además, instalaría un estratégico centro de campaña en el corazón del Norte, la gran región menemista. "A Miranda, la Nación lo trata mal porque él se deja", razonó una influyente mujer de la política local.
Si la intervención aún no cuajó, es porque el funcionamiento (sólo formal) de las instituciones provinciales no fue puesto en riesgo. Ni una goma humea en el horizonte. Si a los tucumanos no los moviliza la hambruna de los niños, mal puede esperarse que el Congreso se erija en justiciero social. Ahora, mientras el Parlamento nacional está en receso y cobraba cuerpo el fantasma del "decretazo interventor", el temor a que la Corte imponga una redolarización amenaza con acaparar la atención del Ejecutivo nacional.
En este plano, la idea de Miranda de adelantar los comicios es, a la vez que un intento de frenar la intervención, un pedido de que, al menos, le dejen decidir cuándo levantarse de la mesa.
Cuando el martes pasado, los peronistas de la comisión de Juicio Político decidieron reunirse y archivar los pedidos de destitución contra el gobernador, dos ideas cristalizaron. La primera es que a buena parte del PJ local no le sirve que Julio Miranda se vaya ahora. La segunda es que, a ese sector, tampoco le es útil que el mandatario se fortalezca. Por eso sus propios parlamentarios lo desgastaron, saboteando los dos primeros intentos de rechazar los planteos. En algún momento de noviembre, dejó de depender de Miranda su propia continuidad en el cargo. Seguía ahí hasta ayer, por ejemplo, porque a los parlamentarios no les viene bien que lo intervengan. Ni que renuncie. Sin él, a Sisto Terán no le auguran larga vida (al gobernador, por lo menos, le responden aún patotas dispuestas a coartar protestas). Al final, igual sobrevendría el remedio federal. Y sin fueros, más de un legislador podría ir preso.Mejor, para ellos, que el gobernador dure todo lo que pueda. Pero sólo seguirá hasta que se le acaben las fichas.
Para el senador José Alperovich la intervención es beneficiosa sólo si un hombre suyo la asume. Pero, por ahora, no le conviene enfrentarse con Miranda, su mejor (y casi única) puerta de acceso al peronismo. El problema aquí es que el "compañero Julio" es una pesada carga que quiere volver al Senado. Todo un dilema para el ex ministro, que busca diferenciarse como el antídoto del veneno. La clave no es si Alperovich ganaría sin apoyo del gobernador; sino si puede triunfar con el mandatario en la lista. O, en caso de desairarlo, si puede triunfar con Miranda en contra.
Al Gobierno nacional -y aquí el drama del oficialismo vernáculo- sí le conviene la intervención. Desde el día en que el Presidente apostó a su propia esposa con un mediático "operativo antihambre", avisó que no está dispuesto a perder esta partida. El duhaldismo supone que ponerle fin drásticamente a la agonía institucional tucumana sería bien visto nacional e internacionalmente. Además, instalaría un estratégico centro de campaña en el corazón del Norte, la gran región menemista. "A Miranda, la Nación lo trata mal porque él se deja", razonó una influyente mujer de la política local.
Si la intervención aún no cuajó, es porque el funcionamiento (sólo formal) de las instituciones provinciales no fue puesto en riesgo. Ni una goma humea en el horizonte. Si a los tucumanos no los moviliza la hambruna de los niños, mal puede esperarse que el Congreso se erija en justiciero social. Ahora, mientras el Parlamento nacional está en receso y cobraba cuerpo el fantasma del "decretazo interventor", el temor a que la Corte imponga una redolarización amenaza con acaparar la atención del Ejecutivo nacional.
En este plano, la idea de Miranda de adelantar los comicios es, a la vez que un intento de frenar la intervención, un pedido de que, al menos, le dejen decidir cuándo levantarse de la mesa.







