Las talas irracionales

No hay avances en materia de políticas protectivas del medio ambiente.

02 Diciembre 2002
Las cuestiones vinculadas al cuidado de los recursos naturales y del medio ambiente en general, constituyen un tema frecuente en nuestros comentarios. A pesar de esa insistencia, hay que convenir que poco o nada se nota que haya un avance en materia de políticas protectivas. El caso de la tala irracional de árboles es el revelador ejemplo de un accionar negativo que se mantiene y que afecta considerablemente a la riqueza forestal de nuestra provincia.
No debe olvidarse que la falta de árboles provoca alteraciones ecológicas que se manifiestan en múltiples aspectos y que tienen vastas implicancias económicas. Ello porque los árboles juegan un decisivo rol en la fertilidad del suelo y en la formación de las fuentes naturales de agua, tanto de superficie como de profundidad, además de ser reguladores de los torrentes.
De la tala caprichosa se desprenden perjuicios concretos, que se manifiestan en la degradación de los suelos -sobre todo en la zona este de Tucumán- tanto como en las inundaciones y en la destrucción del hábitat de varias especies animales.
A los perjuicios de la tala indiscriminada y excesiva se suma también el hecho, varias veces denunciado, de los productores que cultivan sus terrenos en épocas de grandes precipitaciones y sin ninguna sistematización ni precaución.
En ese caso se nota una grave falta de conciencia, en la cual se revela que sólo importa lograr a cualquier precio el mejor provecho, sin tenerse en cuenta la fertilidad de los suelos o la productividad futura.
Se trata de problemas de vieja data, sobre los cuales no se ha operado con la intensidad necesaria. Es conocido que existen muchas normas legales dirigidas a la protección del ambiente; tema que, además, tiene rango constitucional entre nosotros desde hace más de una década.
Pero la aplicación de estas normas no es nada sencilla de concretar. En el caso de las talas, por ejemplo, no resulta posible impedirlas, si los organismos encargados de control no tienen el suficiente personal ni la movilidad adecuada para efectuar sus tareas.
Es innegable que, desde el último cuarto de siglo, mucho se ha avanzado en la lucha contra la degradación del ambiente. Sabemos que ha quedado instalada la ecuación que apunta al "desarrollo sustentable", y que proclama la posibilidad de que los territorios crezcan y progresen sin dañar -o dañando mínimamente- a la naturaleza. Pero lamentablemente este es uno de los enunciados a los cuales la adhesión resulta más teórica que práctica.
Nos falta, sin duda, lograr una conquista clave, que es la creación de conciencias. Para ello hace falta una política coherente, capaz de imponer el cambio.
Suele creerse que hablar de política ambiental es referirse a planes a largo plazo, y ello sin duda es cierto. Pero también esa política significa diseñar y aplicar pequeños programas que darían sus frutos rápidamente, si fueran mantenidos con constancia a lo largo del tiempo.
Por ejemplo, si realmente existiera en todos los niveles oficiales (es decir, tanto los provinciales como los municipales y comunales) una fuerte conciencia de la necesidad de recuperación el arbolado, ella se manifestaría en las tareas de reforestación y plantación de ejemplares en todas las rutas, terrenos fiscales y bordes de arroyos y ríos; con lo que en pocos años asistiríamos a una sustancial transformación en ese ámbito.
Además, como lo han señalado todos los que conocen del tema, en la cuestión ecológica y su vinculación con la economía deben aprovecharse los valiosos conocimientos y experiencias que poseen instituciones y especialistas de nuestro medio. Ello permitiría revertir una cuestión a la que distamos de haber dado la gran importancia que tiene.
Las preocupaciones del momento, por acuciantes que sean, no deben hacernos olvidar, a los tucumanos, estos aspectos que son también de honda trascendencia.

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