Evitar una regresión

Las instalaciones del ex Mercado de Abasto y su zona aledaña requieren una solución para su actual situación de abandono.

01 Diciembre 2002
Por Carlos Páez de la Torre (h)

Es conocida la situación planteada actualmente en torno del ex Mercado de Abasto. Hace ocho años, los puesteros lo dejaron libre para instalarse en el Mercofrut y, luego de no poca discusión, la Municipalidad resolvió que en el local desocupado se instalaría un centro cultural y comercial. La licitación respectiva no tuvo interesados. Entonces aparecieron los vendedores ambulantes, que ofrecían frutas y verduras en la vereda. Quisieron entrar al ex Mercado para instalarse más cómodos.
Acertadamente, se les impidió hacerlo, ya que se vulneraba la ordenanza de 1994. Pero pocos días después, curiosamente, el intendente dijo que les daría un lugar allí. Razonó que, si estaba cerrado y sin uso, ¿por qué no? Por supuesto que el vecindario puso el grito en el cielo. El regreso del Abasto les parecía una pesadilla, cuando pensaban que ya se habían librado de todas las secuelas de un establecimiento de ese tipo.
En este asunto hay tres cuestiones básicas. En primer lugar, el respeto a la ley. Si existe una ordenanza, suficientemente discutida y con razonables argumentos, que establece un destino específico para esas instalaciones, la ley debe respetarse. Algo que demuestra nuestra falta de seriedad es que constantemente acomodamos las normas a las presiones del momento. No debe cederse ahora a la presión de los ambulantes, que en nuestra ciudad se han habituado a hacer lo que se les antoja. Si se resolvió que el ex Mercado no vuelva a ser Mercado, hay que mantener la posición.
Está de más decir que no debe aceptarse el pretexto de que los puestos se instalarán provisionalmente. Sabemos que entre nosotros lo provisorio es definitivo y que, una vez adentro, los puesteros no se irán más. Ya hallarán argumentos "sociales" para que los diez que entren sean cien o doscientos en una semana. Sacarlos resultará entonces imposible.
En segundo lugar está la necesidad de permitir al barrio que acceda a otro tipo de ambiente. El vecindario ha convivido años con el mercado, y ha debido sufrir todo lo negativo que, en materia de higiene y seguridad representa un centro de esa índole. No es justo disponer que regresen a la etapa anterior por decreto. Hay, además, problemas generados en el Mercofrut por estos proyectos, y los directivos de este se oponen a la variante que planteó el intendente. Y en tercer lugar, está el tema del patrimonio arquitectónico. Diseñado por el prestigioso arquitecto Alberto Prebisch, el edificio debe conservarse. El Colegio de Arquitectos ha dicho que volver a usarlo como mercado sería una regresión, y que desnaturalizaría el propósito inicial de revalorizar esa construcción, sus adyacencias y la homogénea arquitectura de la zona.
El hecho de que no se hayan presentado licitantes todavía no es un argumento. Será cuestión de revisar la oferta y buscar cómo hacerla más atractiva. Y, en cualquier caso, esperar (manteniendo entretanto limpio el local con personal de la comuna) hasta que las cosas mejoren y aparezcan los interesados. Pero no se debe resolver temas importantes para el presente y futuro de la ciudad (el destino de un barrio, el destino de una obra arquitectónica significativa) obrando a las apuradas y en la coyuntura, para quedar bien con un sector sin importar los problemas que se generen.

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