01 Diciembre 2002 Seguir en 
El año que está terminando ha sido rico en muestras de cómo las mejores virtudes de la economía de mercado pueden ser completamente pervertidas por la conjunción de lógicas financieras desmesuradas, especulaciones bursátiles extravagantes y fraudes masivos disfrazados de sanos y limpios negocios por los más célebres auditores contables del mundo entero.
El caso Enron nos mostró cómo dirigentes de la empresa vendieron sus acciones antes que se haga público el real estado de bancarrota de la misma, apelando a sofisticadas manipulaciones contables auditadas por los más grandes y caros estudios de los Estados Unidos.
Una multa escalofriante
En mayo, la célebre firma Merill Lynch aceptó pagar una multa de cien millones de dólares para evitar un proceso que hubiera sido devastador para su reputación mundial. Las cuentas de enormes empresas se tornaron sospechosas, tales los casos de Global Crossing, operador de redes de firmas ópticas, Xerox, ex número uno en fotocopiadoras, Merck, uno de los grupos mundiales más importantes del negocio farmacéutico.
Esos casos son sólo algunos ejemplos entre muchos otros ocurridos en los centros económicos más poderosos del mundo, lo que configura un muestrario bastante completo de prácticas "creativas" de gigantescos fraudes fiscales, endeudamientos extravagantes y engaños masivos a inversionistas confiados en la seguridad de las colocaciones bursátiles en países desarrollados. Todos estos ejemplos nos muestran con toda claridad que el funcionamiento actual de los mercados financieros mundiales tiene poco que ver con las enseñanzas teóricas y prácticas fundamentales del pensamiento económico moderno, centrado en el funcionamiento de mercados competitivos y, entre otras cosas, en la transparencia de la información relacionada con las empresas y sus negocios.
Cuando lo que prima es la desmesura del endeudamiento y de la especulación financiera, en negocios mantenidos en buena medida en las sombras por auditorías fraudulentas, la globalización financiera resultante se aleja irremediablemente del camino que conduce a la instauración de una economía moderna al servicio de todos los hombres, sobre todo si los grandes personajes de la política resultan ser socios activos de los oscuros negociados pergeñados en empresas.
El caso Enron nos mostró cómo dirigentes de la empresa vendieron sus acciones antes que se haga público el real estado de bancarrota de la misma, apelando a sofisticadas manipulaciones contables auditadas por los más grandes y caros estudios de los Estados Unidos.
Una multa escalofriante
En mayo, la célebre firma Merill Lynch aceptó pagar una multa de cien millones de dólares para evitar un proceso que hubiera sido devastador para su reputación mundial. Las cuentas de enormes empresas se tornaron sospechosas, tales los casos de Global Crossing, operador de redes de firmas ópticas, Xerox, ex número uno en fotocopiadoras, Merck, uno de los grupos mundiales más importantes del negocio farmacéutico.
Esos casos son sólo algunos ejemplos entre muchos otros ocurridos en los centros económicos más poderosos del mundo, lo que configura un muestrario bastante completo de prácticas "creativas" de gigantescos fraudes fiscales, endeudamientos extravagantes y engaños masivos a inversionistas confiados en la seguridad de las colocaciones bursátiles en países desarrollados. Todos estos ejemplos nos muestran con toda claridad que el funcionamiento actual de los mercados financieros mundiales tiene poco que ver con las enseñanzas teóricas y prácticas fundamentales del pensamiento económico moderno, centrado en el funcionamiento de mercados competitivos y, entre otras cosas, en la transparencia de la información relacionada con las empresas y sus negocios.
Cuando lo que prima es la desmesura del endeudamiento y de la especulación financiera, en negocios mantenidos en buena medida en las sombras por auditorías fraudulentas, la globalización financiera resultante se aleja irremediablemente del camino que conduce a la instauración de una economía moderna al servicio de todos los hombres, sobre todo si los grandes personajes de la política resultan ser socios activos de los oscuros negociados pergeñados en empresas.







