01 Diciembre 2002 Seguir en 
La realidad de Tucumán, repleta de resignación y de vergüenza, exige una reacción. La decadencia funciona como un veneno que mata. O como el caso de la rana: si la colocan en agua hirviendo, salta de la olla en cuanto se quema, pero si el líquido está frío y lo calientan de a poco, se va acostumbrando y muere lentamente.
Los tucumanos nos estamos acostumbrando a la pobreza que azota a la mitad de la población.
A las muertes de niños a pocas cuadras, porque la mortalidad infantil hace estragos.
A la basura desparramada en todos lados, al mal olor urbano y a las enfermedades.
A la proliferación de Bocade, con su alto costo para los asalariados, para tapar el desmesurado déficit estatal.
A que los alumnos de las escuelas estatales pierdan la mitad de los días de clases, sin que nadie se escandalice.
A los cortes de rutas y calles por piqueteros que reclaman y a nadie le importa el resto de la gente.
Al clima de corrupción y de escasa transparencia que envuelve al sospechoso manejo de los fondos públicos.
A vivir encarcelados en las casas, por la inseguridad.
A la falta de trabajo, a la caída de los salarios y a tantas cosas que destrozan las esperanzas.
Al bochorno de ver cómo Tucumán y sus gobernantes son despellejados en todo el mundo por los medios y la opinión pública, que nos comparan con los países más atrasados.
A que el gobierno ni se entere o que no se preocupe en lo más mínimo sobre esos dramas, que son los que interesan a la gente.
Como la rana, los tucumanos se están muriendo poco a poco.
El equipo enviado por Duhalde entiende que el ciclo del gobierno está agotado. Aunque Miranda descubra oro y petróleo en el subsuelo tucumano, por largo tiempo nadie lo verá como un funcionario eficiente y preocupado por sus ciudadanos.
Estos escándalos son como un castigo divino para el mirandismo, que se desentendió de los problemas reales para alimentar sus ambiciones personales. Definió las prioridades gubernamentales con un criterio censurable y egoísta, y siempre reaccionó mal y con dudas frente a los malos momentos. Su imagen quedó muy descascarada.
Esta crisis es doblemente dolorosa para el equipo de Economía, que lamenta la falta de conducción y las presiones de los lobbies. El gobierno vive un "veranito" financiero interesante, que permite anticipar meses más tranquilos, si la Nación sigue enviando fondos con regularidad.
Quizás es su mejor momento en estos tiempos, pero los cuerpitos sin vida de tres niños desnutridos y devorados por los parásitos destaparon una realidad que se escondía.
El sorprendente panorama financiero deriva del aumento de los ingresos nacionales, debido a la suba de la recaudación impositiva, producto del impuesto inflacionario que utiliza el duhaldismo. La cobranza de tributos crece en la provincia y hasta el Estado paga las deudas con los prestadores médicos.
La inyección financiera permite cumplir con los pagos salariales sin tantos sofocones y atender el canje de Bocade, aunque la deuda vieja de $ 60 millones no fue solucionada, para fastidio de los estafados. Ayuda a crear un clima favorable la refinanciación de los eurobonos, que liberará $ 6 millones por mes.
Además, algunos sectores económicos (como el azúcar, la soja, el citrus, los exportadores de alimentos, camiones, textiles, la minería y el turismo) exhiben buenas perspectivas, en especial los que hicieron inversiones tecnológicas en la década del 90.
El comercio, los servicios y los que trabajan para el mercado interno, en cambio, no andan bien.
Pero la erupción de pobreza, desnutrición y muerte acabó con el sueño de Miranda de llegar en 2003 sin ensuciarse con escándalos y muertes y sin pagar las consecuencias.
Los tucumanos nos estamos acostumbrando a la pobreza que azota a la mitad de la población.
A las muertes de niños a pocas cuadras, porque la mortalidad infantil hace estragos.
A la basura desparramada en todos lados, al mal olor urbano y a las enfermedades.
A la proliferación de Bocade, con su alto costo para los asalariados, para tapar el desmesurado déficit estatal.
A que los alumnos de las escuelas estatales pierdan la mitad de los días de clases, sin que nadie se escandalice.
A los cortes de rutas y calles por piqueteros que reclaman y a nadie le importa el resto de la gente.
Al clima de corrupción y de escasa transparencia que envuelve al sospechoso manejo de los fondos públicos.
A vivir encarcelados en las casas, por la inseguridad.
A la falta de trabajo, a la caída de los salarios y a tantas cosas que destrozan las esperanzas.
Al bochorno de ver cómo Tucumán y sus gobernantes son despellejados en todo el mundo por los medios y la opinión pública, que nos comparan con los países más atrasados.
A que el gobierno ni se entere o que no se preocupe en lo más mínimo sobre esos dramas, que son los que interesan a la gente.
Como la rana, los tucumanos se están muriendo poco a poco.
El equipo enviado por Duhalde entiende que el ciclo del gobierno está agotado. Aunque Miranda descubra oro y petróleo en el subsuelo tucumano, por largo tiempo nadie lo verá como un funcionario eficiente y preocupado por sus ciudadanos.
Estos escándalos son como un castigo divino para el mirandismo, que se desentendió de los problemas reales para alimentar sus ambiciones personales. Definió las prioridades gubernamentales con un criterio censurable y egoísta, y siempre reaccionó mal y con dudas frente a los malos momentos. Su imagen quedó muy descascarada.
Esta crisis es doblemente dolorosa para el equipo de Economía, que lamenta la falta de conducción y las presiones de los lobbies. El gobierno vive un "veranito" financiero interesante, que permite anticipar meses más tranquilos, si la Nación sigue enviando fondos con regularidad.
Quizás es su mejor momento en estos tiempos, pero los cuerpitos sin vida de tres niños desnutridos y devorados por los parásitos destaparon una realidad que se escondía.
El sorprendente panorama financiero deriva del aumento de los ingresos nacionales, debido a la suba de la recaudación impositiva, producto del impuesto inflacionario que utiliza el duhaldismo. La cobranza de tributos crece en la provincia y hasta el Estado paga las deudas con los prestadores médicos.
La inyección financiera permite cumplir con los pagos salariales sin tantos sofocones y atender el canje de Bocade, aunque la deuda vieja de $ 60 millones no fue solucionada, para fastidio de los estafados. Ayuda a crear un clima favorable la refinanciación de los eurobonos, que liberará $ 6 millones por mes.
Además, algunos sectores económicos (como el azúcar, la soja, el citrus, los exportadores de alimentos, camiones, textiles, la minería y el turismo) exhiben buenas perspectivas, en especial los que hicieron inversiones tecnológicas en la década del 90.
El comercio, los servicios y los que trabajan para el mercado interno, en cambio, no andan bien.
Pero la erupción de pobreza, desnutrición y muerte acabó con el sueño de Miranda de llegar en 2003 sin ensuciarse con escándalos y muertes y sin pagar las consecuencias.







