BUENOS AIRES.- El Gobierno cuenta ya con una Ley de Acefalía a la medida de sus deseos -pero no de la Constitución- y un calendario electoral que procura dar más tiempo para que el Presidente siga tratando de asegurarse el nombre de un sucesor. Como resultado doméstico parece otra victoria pírrica, pues en el orden externo, donde sigue en espera de confianza el Fondo Monetario, las cosas no han de variar mientras no se defina qué pasará con la interna justicialista. Todo esto está tan claro que puede deslumbrar al más ciego y, a poco andar, se advertirá que la riña Duhalde-Menem en casi nada cambiará. Esto lo sabe bien el jefe de la bancada oficialista del Senado, quien debió hacer una concesión al menemismo, que lo amenazó con romper el bloque si no se parchaba el proyecto de acefalía para proteger la precandidatura del ex presidente. El ritmo preelectoral sigue, pues, tan variante que no es posible certificar todavía políticamente ese calendario. No sin razón, puede suponerse que si Duhalde no logra su candidato mágico, de nuevo podría haber cambios.
Manejos raros
Ni esa incertidumbre, ni las desproporcionadas especulaciones sobre un eventual fallo de la Corte Suprema que ponga fin en breve plazo a la pesificación de los depósitos, alteró el largo veranito que, en horas más, se reforzará con la apertura del corralito. Una pelea sospechosamente coincidente, con grandes títulos, sabrosas conjeturas y entrecomillados de informantes anónimos, donde se había llegado al punto de transcribir frases del supuesto fallo, finalmente diluido en la especie más razonable y plausible de que, en todo caso, la reconversión de los depósitos del corralón en su moneda original dejaría a la autoridad política en libertad de disponer cómo y cuándo se haría. En medio de ese tiro al aire, el ministro Roberto Lavagna señaló que también habría que reconvertir los créditos, lo cual sería un retorno a lo más oscuro de la crisis cuyo sólo recuerdo descarta tan excitantes conjeturas. En el entorno presidencial, donde abundan los malpensados, se supone que en el manejo de ese debate de la Corte han tenido que ver manos menemistas.
El panorama de tensiones ha dejado ese rumbo y se orienta ahora a lo que puede ocurrir el 20 diciembre, en el primer aniversario de la caída de Fernando de la Rúa. El temor se advirtió primero en la gobernación de Buenos Aires, a raíz de múltiples convocatorias anticipadas de líderes piqueteros para marchar sobre la Plaza de Mayo y, si es posible, echar a Duhalde (Carlos Barrozque, del Movimiento Teresa Rodríguez). El estado de alerta llegó ya al gobierno central donde, más que a esas organizaciones, la responsabilidad por lo que pudiese ocurrir se le echa también al menemismo más fanático. El Ministerio del Interior, más práctico a la hora de enfrentar el problema, resolvió organizar una fuerza especial de seguridad que controle las eventuales marchas sin confrontar con ellas, aunque a costa de los derechos de terceros. (De nuestra Sucursal)







