El nuevo gobierno recibe logros y obligaciones

10 Diciembre 2007
La instalación definitiva de la democracia, como doctrina política y sistema de gobierno, nos ha costado a los argentinos, sangre, dolor, muertes, desencuentros. Al cabo de históricas rupturas constitucionales a causa de los golpes militares que siempre se apoyaron en un sector de la ciudadanía, la sociedad maduró y, desde hace más de dos décadas, con todas las imperfecciones y contradicciones a cuestas, la democracia se ha mantenido.
A todas luces es un hecho afortunado que hoy se produzca un nuevo relevo presidencial, como consecuencia del buen funcionamiento de los mecanismos constitucionales para elegir mediante el voto popular quién conducirá el destino del país durante los próximos cuatro años. La senadora Cristina Fernández sucederá a Néstor Kirchner, su esposo y actual mandatario. Este suceso conlleva también la significación de que, por primera vez en la historia argentina, una mujer ocupará la más alta magistratura, tal como ha venido ocurriendo en otras naciones. Todo parece indicar que la nueva jefa de Gobierno continuará las líneas básicas de la administración saliente. Durante este período hubo aciertos y desaciertos.
Entre los primeros, pueden mencionarse, por ejemplo, la estabilidad económica y política alcanzada luego de la debacle de 2001, la descompresión del endeudamiento externo, el mayor incentivo en materia educativa y en el área de la investigación, así como la repatriación de científicos. En la columna del debe, pueden señalarse algunos hechos de corrupción en el seno del Gobierno no esclarecidos debidamente, el aún escaso apoyo a la cultura, el exceso de personalismo, la vasta brecha que todavía separa a los ricos de los pobres, los indignos haberes que siguen percibiendo los jubilados, el auge de la inseguridad y la inflación contenida artificialmente.
“Después de cuatro años y medio de Gobierno, con todas las dificultades de un país fragmentado, endeudado, empobrecido, con sus hombres y mujeres sin trabajo, hoy podemos decirles a los argentinos que hemos cumplido como lo habíamos prometido”, afirmó Cristina, al hablar en Chubut durante el acto de asunción del gobernador reelecto, Mario Das Neves. Y agregó: “desde este lugar al que jamás soñé en llegar voy a honrar ese compromiso militante de toda la vida: creo hoy más que nunca en las ideas, en las convicciones, en los sueños y en las utopías que me llevaron a creer que la política es un instrumento de dignidad y de dignificación del ser humano”.
Los argentinos esperamos que la nueva mandataria abandone el autismo y la intolerancia que ha caracterizado a la gestión de Néstor Kirchner respecto de las críticas -en la mayor parte constructivas- de otros sectores de la sociedad. Que busque en forma  permanente el diálogo con la oposición y promueva en forma constante la participación. Que cese la estéril metodología de confrontación con la Iglesia y con los medios de comunicación. Que respete las instituciones de la democracia y genere un clima político de confianza para evitar desbordes sociales. Que siga trabajando intensamente en la recuperación de la economía y que estimule inversiones. Que luche sin tregua para erradicar la exclusión social.
La Argentina ha mejorado en muchos aspectos y ha ganado credibilidad en el concierto de las naciones. Su futuro dependerá del esfuerzo de quienes asumen hoy la conducción de la nación y de los mismos argentinos. Pero, sin un diálogo sincero y abierto, sin participación y sin una contundente inversión en educación y en cultura, el progreso seguirá lejos.

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