09 Diciembre 2007 Seguir en 
Los obispos aseguran que están dadas las condiciones para que la cúpula del Episcopado, encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio, solicite una audiencia con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque no hay certeza de que vaya a formalizarse el pedido en lo inmediato. La petición, de concretarse, significará una señal de cambio en la compleja y tensa relación Iglesia-Gobierno, con años -más de tres- sin un diálogo personal y frontal entre Néstor Kirchner y el primado argentino. “Todavía no hay consenso para hacerlo; por eso cada paso, cada gesto, cada palabra de la Casa Rosada pesa a la hora de tomar una decisión”, reconoció a DyN una fuente eclesiástica irreprochable.
Bergoglio -confió la misma fuente- estaría entre los proclives a firmar el pedido y acercarlo a mediados de semana a Balcarce 50, postura que, se prevé, hará pesar entre sus pares este martes y miércoles cuando se reúna por última vez en el año la Comisión Permanente del Episcopado.
Otros prelados entienden que los gestos de Cristina -expresarse públicamente contraria al aborto y alentar una nueva etapa sin odios ni rencores- “no son suficientes”, y prefieren esperar “verla andar” en su rol ejecutivo al frente del país.
Un tercer grupo no estima necesario forzar un encuentro en este momento y prefiere enviar un “saludo navideño” con buenos augurios a todas las nuevas autoridades, instancia que la Comisión Ejecutiva del Episcopado -presidente, dos vicepresidentes y secretario general- ya cumplió apenas Cristina K fue proclamada ganadora.
Pero esa construcción gestual milimétrica de la relación bilateral corrió riesgo de venirse a pique el lunes pasado, con la difusión pública de un discurso que el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, pronunció en el Vaticano, en el que criticó a la forma como se renegoció de la deuda pública argentina.
La opinión del prelado causó malestar en el seno del Gobierno, porque -pudo constatar esta agencia- reavivó la paranoia oficial sobre las intenciones que pudo llevar la movida eclesiástica, justo cuando las segundas líneas hacían gestiones reservadas para sentar a Cristina K y a Bergoglio en una misma mesa.
Tal fue la preocupación que allegados a Kirchner se comunicaron con el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, para conocer el porqué de esa jugada, que evaluaron de “inoportuna”. Trascendió en este sentido que el representante papal llevó tranquilidad a los operadores gubernamentales, a quienes les aseguró que sólo se trató de un discurso doctrinal sobre el problema de la usura.
Chicanas o no, en buena parte de los obispos persiste la intención de oficializar un pedido de audiencia, aunque sin presiones externas.
A pesar de que se tratará del tradicional saludo protocolar que la cúpula episcopal suele hacer a los presidentes recién asumidos, las fuentes eclesiásticas no descartan que Bergoglio y su comitiva quieran saber qué papel jugará la Iglesia en la concertación social que propone Cristina K.
Por otra parte, en la sede episcopal se negaron las versiones en cuanto a que Bergoglio asistiría al acto de asunción el próximo lunes, dado que el purpurado debe guardar reposo todavía de la dolencia en el nervio ciático que se le agudizó en su reciente viaje a Roma.
En la agenda del primado figuran -dejó trascender un vocero- dos únicas ocasiones en que el primado levantará esa restricción médica: martes y miércoles para la reunión del Episcopado, y otra fecha no establecida para la probable visita a Cristina.
Bergoglio -confió la misma fuente- estaría entre los proclives a firmar el pedido y acercarlo a mediados de semana a Balcarce 50, postura que, se prevé, hará pesar entre sus pares este martes y miércoles cuando se reúna por última vez en el año la Comisión Permanente del Episcopado.
Otros prelados entienden que los gestos de Cristina -expresarse públicamente contraria al aborto y alentar una nueva etapa sin odios ni rencores- “no son suficientes”, y prefieren esperar “verla andar” en su rol ejecutivo al frente del país.
Un tercer grupo no estima necesario forzar un encuentro en este momento y prefiere enviar un “saludo navideño” con buenos augurios a todas las nuevas autoridades, instancia que la Comisión Ejecutiva del Episcopado -presidente, dos vicepresidentes y secretario general- ya cumplió apenas Cristina K fue proclamada ganadora.
Pero esa construcción gestual milimétrica de la relación bilateral corrió riesgo de venirse a pique el lunes pasado, con la difusión pública de un discurso que el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, pronunció en el Vaticano, en el que criticó a la forma como se renegoció de la deuda pública argentina.
La opinión del prelado causó malestar en el seno del Gobierno, porque -pudo constatar esta agencia- reavivó la paranoia oficial sobre las intenciones que pudo llevar la movida eclesiástica, justo cuando las segundas líneas hacían gestiones reservadas para sentar a Cristina K y a Bergoglio en una misma mesa.
Tal fue la preocupación que allegados a Kirchner se comunicaron con el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, para conocer el porqué de esa jugada, que evaluaron de “inoportuna”. Trascendió en este sentido que el representante papal llevó tranquilidad a los operadores gubernamentales, a quienes les aseguró que sólo se trató de un discurso doctrinal sobre el problema de la usura.
Chicanas o no, en buena parte de los obispos persiste la intención de oficializar un pedido de audiencia, aunque sin presiones externas.
A pesar de que se tratará del tradicional saludo protocolar que la cúpula episcopal suele hacer a los presidentes recién asumidos, las fuentes eclesiásticas no descartan que Bergoglio y su comitiva quieran saber qué papel jugará la Iglesia en la concertación social que propone Cristina K.
Por otra parte, en la sede episcopal se negaron las versiones en cuanto a que Bergoglio asistiría al acto de asunción el próximo lunes, dado que el purpurado debe guardar reposo todavía de la dolencia en el nervio ciático que se le agudizó en su reciente viaje a Roma.
En la agenda del primado figuran -dejó trascender un vocero- dos únicas ocasiones en que el primado levantará esa restricción médica: martes y miércoles para la reunión del Episcopado, y otra fecha no establecida para la probable visita a Cristina.







