La tragedia de unos es la tragedia de todos
La explosión en la Universidad Nacional de Río Cuarto es una advertencia sobre la precariedad de la seguridad del sistema universitario argentino. El rol del Estado. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
08 Diciembre 2007 Seguir en 
A casi un año de la tragedia de Cromagnon, una explosión en la Universidad de Río Cuarto que ya dejó dos personas muertas y una veintena de heridos reedita la reflexión del filósofo y urbanista Paul Virilio, quien sostuvo que las ciudades- otrora espacios de socialización - hoy almacenan catástrofes. Catástrofes que antes podían ser registradas como accidentes, y que han dejado de ser tales, porque podrían haber sido prevenidas si el Estado no fuera infractor.Hasta ayer, las autoridades de la Universidad Nacional de Río Cuarto habían optado por el silencio sobre el drama que ha sacudido a esa casa de estudios superiores. Al margen de cuales sean los detalles que se vayan encontrando durante las investigaciones sobre cómo ocurrieron los hechos en el laboratorio de la facultad de Ingeniería (la explosión partió de 15 tambores de hexano, que son un diluyente de altísima inflamabilidad) lo que ha quedado al descubierto es la precariedad de las condiciones de seguridad en las instalaciones de las universidades públicas argentinas, cuyas autoridades reclaman desde hace años un mayor presupuesto para mantenimiento.
La Universidad Nacional de Tucumán (UNT), en la que los sueldos se “comen” más del 90 % del presupuesto que reciben, y en cuyos laboratorios hubo por lo menos dos accidentes fatales hace unos años, no es la excepción. La ventaja de la UNT respecto de otras universidades es que recibe importantes ingresos extra por regalías por Minera Alumbrera, que están destinados estatutariamente a obras. Ello le ha permitido a la UNT poner en ejecución un importante plan de mejoras.
Pero una cosa es un futuro promisorio (ya se anticipó, por ejemplo, que Bioquímica tendrá instalaciones nuevas en la ex Quinta Agronómica y actual Centro Herrera) y otra es el presente de “lo atamos con alambre” que al día de hoy presentan numerosos laboratorios e institutos de la UNT.
En estos casos- como en los de las numerosas cátedras masivas en las que se amontonan centenares de alumnos en anfiteatros atiborrados- el mientras tanto es tan importante como lo que vendrá. En ese sentido, el rector Juan Cerisola fue cauto ayer, cuando, en lugar de arriesgar un “esto no nos puede pasar a nosotros”, deslizó que la tragedia de Río Cuarto debe servir para estar más alerta, e instó a profundizar las medidas de seguridad en la UNT.
La Asociación de Docentes e Investigadores de la UNT (Adiunt) venía alertando desde hace años sobre la precariedad edilicia en la UNT . Quizás uno de los casos más publicitados fue el del Instituto Técnico, porque los problemas que se advertían en sus talleres ponían en riesgo la vida de decenas de adolescentes. Ahora, tras la tragedia de Río Cuarto, la entidad gremial retomó su advertencia.
Las autoridades de la UNT aseguran que está funcionando el Comité de Seguridad Laboral, y que se está trabajando para la certificación de seguridad de sus 60 laboratorios. Los dirigentes de Adiunt señalan que la ART a la cual está afiliada la UNT no realiza las inspecciones anuales que marca la ley. De ser cierta esa advertencia, una vez más , en la Argentina el Estado sería el primer infractor.
La tragedia de Río Cuarto desató efectos colaterales. Dirigentes de la Conadu histórica actualizaron el viejo debate de si las universidades públicas deben investigar “para la empresa privada” (en Río Cuarto se investigaba sobre biocombustibles). A esta altura de los tiempos, la relación entre universidad y producción es una “prueba de vida” de la Universidad. Está en sus máximos responsables - que son funcionarios del Estado - la responsabilidad de negociar para que la Universidad pueda trabajar “con la empresa ” y no “para la empresa’.







