El registro de los carros y su ingreso a la ciudad

08 Diciembre 2007
El jueves último, publicamos una extensa nota sobre los resultados del patentamiento de vehículos de tracción a sangre. Tales resultados son significativos, pero dista de haberse  registrado la totalidad de los carreros. En efecto, los regularizados hasta la fecha son 600, pero se calcula que habría unos 2.000 en el área del Gran San Miguel de Tucumán, y unos 14.000 en todo el territorio de la provincia. Aún resta un gran número que debe legalizar su situación. El propósito de este padrón es controlar a aquellos que utilizan sus carros para alguna actividad delictiva o ilegal; sobre todo el caso de los que retiran basura y la arrojan luego en cualquier parte. Al disponerse el registro, cabe recordar que los carreros se comprometieron, con el Gobierno, a depositar los residuos  recogidos en contenedores, bajo pena de secuestro del vehículo y pago de multa. El registro busca acertadamente, también, establecer la propiedad de los animales que se utilizan, para evitar el cuatrerismo. Por ello es que uno de los requisitos es presentar los papeles relativos a la transferencia del caballo. A cada vehículo anotado se le pinta el número correspondiente a los costados, y además se le adhiere una cinta reflectiva, de manera que los automovilistas puedan distinguirlos en la noche.
Nadie puede discutir la conveniencia de que haya un registro como el citado, cuya confección corre a cargo de la Dirección General de Delitos Rurales y Ecológicos de la Policía. Una actividad tan extendida no podía continuar al margen de un mínimo marco regulatorio, como es el que se ha fijado. En tal sentido, a pesar de que aún no ha podido generalizarse el registro, la cifra contabilizada hasta la fecha es importante y se supone que ha de crecer.
Pero, con toda la significación que el empadronamiento tenga, hay otro problema, de la órbita municipal, que no parece preocupar tanto al poder público. Ocurre que en las cuestiones vinculadas con los vehículos a tracción a sangre, las referidas a los animales robados o al depósito de basura en la vía pública distan de ser las únicas. En efecto, en el mismo nivel de importancia está el problema del ingreso de los carros a la zona enmarcada por las cuatro avenidas. Dicho ingreso se halla explícitamente prohibido por ordenanza municipal. Esta tiene más de cuatro décadas de vigencia, no ha sido derogada y es conocida por todos. Sin embargo, luego de haberse acatado sin discusión durante largo tiempo, en los últimos años la citada norma empezó a ser transgredida sin inconveniente alguno. Así lo comprueba la más que frecuente presencia, en el centro comercial, de los vehículos de este tipo.
Pareciera innecesario abundar en las razones de peso que justifican la prohibición. Entre ellas, se destaca la intensidad del tránsito de automotores, que en ninguna ciudad moderna puede considerarse compatible con la circulación de carros. Esto constituye un serio peligro, respecto del cual la autoridad municipal no puede seguir mirando al costado. Nos parece, entonces, por demás plausible este registro de vehículos de tracción a sangre en la ciudad, así como su futura extensión -que se anuncia- a toda la provincia. Pero pensamos que, al mismo tiempo, la Municipalidad debe tomar medidas para evitar que los carros ingresen a la zona vedada por la ordenanza. De otro modo, los carruajes seguirán conspirando contra la seguridad y el buen orden del tránsito de automotores en San Miguel de Tucumán. Están a la vista de cualquiera las complicaciones que el desplazamiento de autos genera en nuestras estrechas calles. No es posible aumentarlas hasta el máximo con la presencia de carros.

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