Esa bola de nieve que no detiene su marcha

Tucumán cerró el primer semestre con un ínfimo superávit, en un contexto de crecimiento del gasto y de la deuda. Cheque en blanco para negociar con la Nación. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

07 Diciembre 2007
El alto endeudamiento público condiciona a la actividad privada. Si los compromisos asumidos por el Estado se destinaran a obras de infraestructura, es posible que el sector privado hiciera el esfuerzo de aportar más de la cuenta, porque sabe que, en el futuro, aquellas obligaciones servirán para fortalecer el crecimiento económico. En buen romance, eso se llama planificación a mediano y a largo plazo.
Pero, ¿qué sucede cuando ese Estado se endeuda para atender los gastos corrientes? Sin dudas, ese tipo de conducta llevará a que el Gobierno incremente la presión fiscal sobre los contribuyentes. Cualquier semejanza con la realidad tucumana es pura coincidencia.
Tucumán arrastra un elevado nivel de deuda pública; según el último informe del Tribunal de Cuentas, ascendía a $ 4.295,7 millones al 30 de abril pasado. Desde el Gobierno se justifica que los créditos tomados por la Provincia (particularmente, ante el gran prestamista, el Gobierno nacional) sirvieron para mejorar la condición habitacional de miles de habitantes. Y además, para estirar los plazos de vencimientos de las obligaciones que se deben pagar. No obstante, quedó entrampado por el histórico juego político que se aplica desde la Casa Rosada: condicionar políticamente a los gobernadores a través de asistencias financieras.
A la gestión del gobernador, José Alperovich, le resultará cada vez más difícil mejorar la calidad del gasto público y, por ende, del endeudamiento. Los incrementos salariales otorgados a los empleados públicos, sumados a los gastos cortoplacistas de un año electoral, condicionaron el rumbo de las cuentas públicas provinciales. Una prueba de ello es la última evaluación del Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal, que integra Tucumán. Según el diagnóstico oficial, la Provincia acumuló un resultado financiero ajustado de $ 5,6 millones durante el primer semestre de este año, el más bajo entre 20 jurisdicciones del país, incluyendo a la siempre deficitaria Buenos Aires que, por la fuerte ayuda kirchnerista preelectoral, terminó con un superávit de $ 343,4 millones. Y en el Ministerio de Economía vuelven a justificar esta disminución del superávit con el mismo argumento: Tucumán recibe créditos y gasta de más en obras públicas. Cantidad no es igual a calidad en el gasto.
Llama la atención que una provincia que terminará con récord de recaudación tenga tan diminuto nivel de superávit y que el endeudamiento siga creciendo como una verdadera bola de nieve.

Manos libres
El presupuesto 2008 da por hecho que Tucumán recibirá de la presidenta Cristina Fernández el mismo trato que con Néstor Kirchner. Por ejemplo, en esto de pagar la deuda con plata de otros, el Gobierno proyectó un préstamo nacional de $ 430 millones para refinanciar los vencimientos de 2008.
En la sesión de ayer, los legisladores no sólo le dieron el aval para negociar con el Gobierno nacional el crédito de 2008. Como sucedió en el anterior período, Alperovich logró que los parlamentarios le den un cheque en blanco, para negociar las ayudas financieras hasta 2011, sin ahondar en las condiciones para el desembolso. Es un reaseguro que se toma el alperovichismo, por las dudas, en algún momento, el hoy mayoritario bloque oficialista se disgregue y se vuelva más difícil lograr este tipo de avales en el recinto.
Como están dadas las cosas, al Gobierno le resultará sumamente difícil bajar el gasto público sin resentir la calidad de los servicios que presta. Lo malo sería que el Estado provincial adopte el camino más sencillo de elevar la presión fiscal para sostener el precario equilibrio en las cuentas. En este último escenario, el contribuyente pagará más impuestos, y el Gobierno, un alto costo político.

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