28 Noviembre 2002 Seguir en 
Nadie puede discutir, por cierto, la necesidad que existe en estos particulares momentos de atender con urgencia los requerimientos de alimento y salud en Tucumán. Es una acción que no puede sino convocar todos los esfuerzos oficiales y privados ya que el tema, por sus quemantes características, es de los que no admiten margen alguno de demora. En ello estamos todos de acuerdo, por encima de las polémicas que puedan abrirse sobre la modalidad del accionar de la Nación en estos últimos días.
Claro que existe un punto que parece conveniente considerar. Partimos de la base cierta de que hay una realidad de pobreza dramática en Tucumán, que debe ser atendida sin pérdida de tiempo. Y que esa atención, hoy por hoy, ha de realizarse forzosamente en base a la entrega de fondos para la cobertura de aquellas emergencias. Pero hay que pensar, también, que dicha mecánica no puede mantenerse sempiternamente.
Es decir, deben acudir pueblo y gobierno a socorrer a los semejantes desvalidos. Pero debe existir simultáneamente un paso más allá. Hablamos de una mirada que proyecte al futuro; es decir una búsqueda del camino conducente a que esas situaciones no se repitan.
En pocas palabras, es urgente que asistamos a una modificación de las condiciones estructurales de la provincia, de manera que sus habitantes puedan ganar, con el trabajo cotidiano, lo necesario para mantenerse a sí mismos y a su familia, y para contar con las posibilidades de progreso económico y social que deben existir en toda comunidad.
Sería absurdo pensar que, de aquí en adelante, quede institucionalizado un sistema de dádiva como salida para que la población pueda subsistir. Ello no puede ser entendido sino como un recurso de emergencia y para la coyuntura. Lo que requieren los seres humanos, para respetarse a sí mismos y para poder encarar un legítimo proyecto de vida, es la posibilidad de obtener su sustento por medio del esfuerzo personal.
Entonces, nos parece indispensable que, juntamente con el apoyo prestado al apuro actual, se medite y se diseñe la manera de lograr esas fuentes de trabajo. No es nuestra misión, ni sería posible hacerlo en estas líneas, indicar la manera en que esto puede corporizarse.
Pero tenemos derecho a pensar que Tucumán, por las posibilidades de su suelo y de su clima, por la probada capacidad de sus habitantes y por la experiencia productiva e industrial que atesora, debe encerrar perspectivas para remontar su decadencia actual. Pensar de otra manera equivaldría a aceptar -cosa que no resulta tolerable- que de aquí en adelante nuestro único destino posible sea continuar en la pendiente de una declinación sin remedio ni esperanza.
Tucumán puede y debe atraer inversiones capaces de reanimar sus circuitos económicos. Si durante tanto tiempo hemos sido una provincia caracterizada por su ritmo de crecimiento y por el dinamismo de su vida, debe existir alguna manera de remontar la situación actual explotando al máximo nuestras posibilidades.
No se nos escapa que la grave problemática provincial no es sino expresión de la grave problemática del país. Entonces, es lícito integrar los esfuerzos en un cuadro de recuperación general de la Argentina, cuya declinación actual -como lo han dicho autorizados estudiosos- constituye uno de los casos extraños del planeta. Y ni qué decir que la recuperación económica tendrá que venir de la mano de una rejerarquización profunda e implacable de nuestro sistema político e institucional, hoy tan cuestionado y tan rodeado de descrédito.
Pero lo que interesa dejar en claro es que los socorros actuales deben entenderse como un recurso de emergencia y momentáneo. Hay que pensar más allá y por encima del drama actual, si realmente queremos llegar a la salida del túnel.
Claro que existe un punto que parece conveniente considerar. Partimos de la base cierta de que hay una realidad de pobreza dramática en Tucumán, que debe ser atendida sin pérdida de tiempo. Y que esa atención, hoy por hoy, ha de realizarse forzosamente en base a la entrega de fondos para la cobertura de aquellas emergencias. Pero hay que pensar, también, que dicha mecánica no puede mantenerse sempiternamente.
Es decir, deben acudir pueblo y gobierno a socorrer a los semejantes desvalidos. Pero debe existir simultáneamente un paso más allá. Hablamos de una mirada que proyecte al futuro; es decir una búsqueda del camino conducente a que esas situaciones no se repitan.
En pocas palabras, es urgente que asistamos a una modificación de las condiciones estructurales de la provincia, de manera que sus habitantes puedan ganar, con el trabajo cotidiano, lo necesario para mantenerse a sí mismos y a su familia, y para contar con las posibilidades de progreso económico y social que deben existir en toda comunidad.
Sería absurdo pensar que, de aquí en adelante, quede institucionalizado un sistema de dádiva como salida para que la población pueda subsistir. Ello no puede ser entendido sino como un recurso de emergencia y para la coyuntura. Lo que requieren los seres humanos, para respetarse a sí mismos y para poder encarar un legítimo proyecto de vida, es la posibilidad de obtener su sustento por medio del esfuerzo personal.
Entonces, nos parece indispensable que, juntamente con el apoyo prestado al apuro actual, se medite y se diseñe la manera de lograr esas fuentes de trabajo. No es nuestra misión, ni sería posible hacerlo en estas líneas, indicar la manera en que esto puede corporizarse.
Pero tenemos derecho a pensar que Tucumán, por las posibilidades de su suelo y de su clima, por la probada capacidad de sus habitantes y por la experiencia productiva e industrial que atesora, debe encerrar perspectivas para remontar su decadencia actual. Pensar de otra manera equivaldría a aceptar -cosa que no resulta tolerable- que de aquí en adelante nuestro único destino posible sea continuar en la pendiente de una declinación sin remedio ni esperanza.
Tucumán puede y debe atraer inversiones capaces de reanimar sus circuitos económicos. Si durante tanto tiempo hemos sido una provincia caracterizada por su ritmo de crecimiento y por el dinamismo de su vida, debe existir alguna manera de remontar la situación actual explotando al máximo nuestras posibilidades.
No se nos escapa que la grave problemática provincial no es sino expresión de la grave problemática del país. Entonces, es lícito integrar los esfuerzos en un cuadro de recuperación general de la Argentina, cuya declinación actual -como lo han dicho autorizados estudiosos- constituye uno de los casos extraños del planeta. Y ni qué decir que la recuperación económica tendrá que venir de la mano de una rejerarquización profunda e implacable de nuestro sistema político e institucional, hoy tan cuestionado y tan rodeado de descrédito.
Pero lo que interesa dejar en claro es que los socorros actuales deben entenderse como un recurso de emergencia y momentáneo. Hay que pensar más allá y por encima del drama actual, si realmente queremos llegar a la salida del túnel.







