27 Noviembre 2007 Seguir en 
PARIS.- Dos años después de la ola de violencia que azotó la periferia de París y que mostró al mundo las fisuras del modelo de integración francés, la muerte de dos jóvenes de raza negra en un choque con un móvil policial, provocó en la comunidad de inmigrantes un nuevo estallido de ira. En 2005, el detonante fue un incidente en el que murieron dos adolescentes que escapaban de la Policía. La furia que se desató entonces duró tres semanas y se reflejó en ciudades franceses y de otros países de Europa.
Esta vez, el origen de la ola de violencia fue el mortal accidente de dos jóvenes, de 15 y 16 años, que iban en moto y chocaron contra un vehículo policial en Villiers le Bel, 20 kilómetros al norte de París. Los disturbios inmediatos dejaron 48 agentes heridos por pandillas juveniles, pese a los llamados a la calma de gente mayor y del propio padre de uno de los fallecidos.
Anoche, unos 100 jóvenes enmascarados se enfrentaron con las fuerzas de seguridad, que los reprimieron con balas de goma y gases lacrimógenos. Según un vocero policial, ocho efectivos resultaron heridos por disparos de perdigón en estos nuevos incidentes. Además, varios vehículos fueron incendiados, entre ellos un automóvil de la policía y un camión de bomberos. Por miedo a nuevos enfrentamientos, los efectivos antidisturbios aumentaron en torno a este barrio.
Promesas incumplidas
“Deseo que todo el mundo se calme y que la justicia aclare las responsabilidades de unos y otros", declaró desde Pekín el presidente, Nicolas Sarkozy. Hace dos años, Sarkozy, por entonces ministro del Interior, aplicó mano dura contra los manifestantes. Habitados en gran parte por inmigrantes africanos y magrebíes, los suburbios de París registran tasas récord de desempleo y una preocupante falta de oportunidades. El gobierno prometió soluciones, pero no se hizo nada al respecto. (Reuter-DPA)
Esta vez, el origen de la ola de violencia fue el mortal accidente de dos jóvenes, de 15 y 16 años, que iban en moto y chocaron contra un vehículo policial en Villiers le Bel, 20 kilómetros al norte de París. Los disturbios inmediatos dejaron 48 agentes heridos por pandillas juveniles, pese a los llamados a la calma de gente mayor y del propio padre de uno de los fallecidos.
Anoche, unos 100 jóvenes enmascarados se enfrentaron con las fuerzas de seguridad, que los reprimieron con balas de goma y gases lacrimógenos. Según un vocero policial, ocho efectivos resultaron heridos por disparos de perdigón en estos nuevos incidentes. Además, varios vehículos fueron incendiados, entre ellos un automóvil de la policía y un camión de bomberos. Por miedo a nuevos enfrentamientos, los efectivos antidisturbios aumentaron en torno a este barrio.
Promesas incumplidas
“Deseo que todo el mundo se calme y que la justicia aclare las responsabilidades de unos y otros", declaró desde Pekín el presidente, Nicolas Sarkozy. Hace dos años, Sarkozy, por entonces ministro del Interior, aplicó mano dura contra los manifestantes. Habitados en gran parte por inmigrantes africanos y magrebíes, los suburbios de París registran tasas récord de desempleo y una preocupante falta de oportunidades. El gobierno prometió soluciones, pero no se hizo nada al respecto. (Reuter-DPA)







