No se controla el estado psicológico de los policías

Según los especialistas, en Tucumán los problemas de relación social entre los agentes son frecuentes, por lo que deberían buscar ayuda profesional.

TENSION. Grupos de manifestantes se enfrentan con policías en la plaza Independencia. Los uniformados están constantemente expuestos al descontrol. LA GACETA / JOSE NUNO
TENSION. Grupos de manifestantes se enfrentan con policías en la plaza Independencia. Los uniformados están constantemente expuestos al descontrol. LA GACETA / JOSE NUNO
26 Noviembre 2007
La de Policía es una de las profesiones más estresantes y riesgosas; las presiones son constantes, el reconocimiento social, escaso, y las denuncias en su contra están a la orden del día. La mayoría hace custodias fuera de su horario laboral y están obligados a portar el arma reglamentaria las 24 horas, aunque estén de franco. Además tienen que llevarla a su casa, lo que conlleva un riesgo potencial para sus familias.
Pese al estrés permanente que soportan, no se los somete a un examen periódico para comprobar su estado psicológico. Deberían someterse al menos a un estudio anual, pero esto no se cumple, según confirmaron tanto Rafael Vece, director de Medipol (servicio que presta atención médica gratuita para los policías), como el comisario mayor Fernando Vázquez Carranza, director general de la Policía Científica.
"La institución encargada de hacer los exámenes en forma regular es la ART, que tiene a su cargo a todos los empleados públicos, por lo que nunca se llega a hacer el examen a todos los agentes", dijo Vázquez Carranza. Los estudios psicofísicos durante la carrera de un policía se hacen por pedido de los jefes, o cuando esa persona se ha visto expuesta a alguna situación particularmente estresante. "En algunos casos se hacen más de una vez al año, según el área donde cumplen tareas", añadió el médico legista. Según explicó, el policía se ve sometido a una doble presión: la específica de su actividad laboral y la violencia social que parece generalizarse en Tucumán. "Nuestra capital es una ciudad anómica; nadie respeta al otro y, si pueden, te pasan por encima. Eso es un factor estresante para cualquier persona, no sólo para un policía", afirmó. A ello hay que agregarle que la mayoría de los miembros de la fuerza hacen horas extras o servicios adicionales en la puerta de bancos o de locales comerciales para sumar dinero a su sueldo, de aproximadamente $ 1.000 para un agente.

Un trabajo particular
"Las consultas por problemas de estrés y ansiedad se han incrementado entre un 5 y un 7%, con un porcentaje similar de varones y mujeres", dijo por su parte Vece. "Es un trabajo muy particular. Esa persona sabe cuándo sale, pero no cuándo regresa a su casa", por lo que los problemas de relación social no son infrecuentes. "Recibimos todo tipo de consultas, desde problemas familiares, hasta cuestiones inherentes a su trabajo. Pero la mayoría pide consulta luego de enfrentar alguna situación conflictiva. Hace unos días, por ejemplo, atendimos a un policía que fue herido", contó Vece.
Vázquez Carranza indicó que, cuando se detecta que un uniformado tiene problemas de ansiedad se lo envía a hacerse un estudio psiquiátrico. "A veces es su jefe quien lo reporta; otras, sus propios compañeros. Pero lo más frecuente es que el propio enfermo sea quien pida la consulta. Mientras lo evalúa la junta médica, se le retira el arma y se le da licencia. En algunos casos, se lo reubica en sectores de menor exigencia", señaló.
El 18 de noviembre, Daniel Antonio Fuelle, oficial de Policía, hirió de seis balazos a su esposa Nancy Verónica Quinteros porque creía que ella lo estaba engañando. Esta caso es una muestra de lo que ocurre cuando una persona que lleva un arma se desborda y ataca a ciegas. "No me acuerdo de nada", dijo Fuelle cuando fue llevado a declarar.
"Los que tienen de verdad vocación de servicio viven tensionados por todo lo que pasa a su alrededor, se sienten responsables y se mortifican si a un tercero le ocurre algo durante su servicio", aseguró Luis Ibáñez, jefe de la Patrulla Urbana. "Por ejemplo, si hay un accidente en una esquina, se los ve desesperados porque la ambulancia no llega, porque el apoyo que pidieron se demora y se sienten culpables si no pueden responder -añade-. Todo eso se va juntando y puede explotar en algún momento si no se lo trata".

Rotaciones
Gritos, bocinazos, peleas por una mala maniobra de tránsito, mecheras y pungas, chicos que se pierden, calor insoportable, permanecer durante horas el microcentro tucumano puede ser sumamente estresante. Para los agentes de la Patrulla Urbana el concepto de tensión laboral se vive en carne propia a diario. En las zonas más concurridas es mayor el nivel de compromiso, señaló Ibáñez, y mayor la tensión que se acumula. "Para evitar recargarlos, vamos rotando a los agentes. Por ejemplo, si alguno ya ha estado un tiempo en Mendoza y Muñecas, se lo hace rotar a una posición más tranquila, como la zona de la plaza Alberdi, o se lo pone de servicio en el interior de una iglesia", explicó.
En ocasiones, son los problemas domésticos y las largas horas de trabajo las que hacen mella en el ánimo de los agentes. "Estamos hablando de 500 jóvenes que están permanentemente en la calle, que muchas veces, por una cuestión económica pasan muchas horas fuera de su domicilio y eso produce un desgaste en su vida familiar. Cuando vemos que hay problemas más serios, se pide intervención de los psicólogos de la división Sanidad de la Policía", asegura Ibáñez.
La portación del arma es una responsabilidad mayúscula, por lo que la inclinación a la prepotencia es un riesgo. "A esas cosas las vamos regulando los conductores de los grupos, porque a veces se sienten ?superpolicías? y hay que encaminarlos en la actitud correcta, para que no se produzcan desbordes", afirmó.

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