11 Noviembre 2007 Seguir en 
Una vela se consume frente a una pequeña imagen de plástico de la Virgen María. La luz que se cuela por los barrotes de la ventana permite descubrir dos camas de madera bien tendidas. Un mate flanquea un pequeño espejo circular y las paredes descascaradas por la humedad están cubiertas con fotos de modelos recortadas de revistas. En esta celda de tres por dos metros y medio -cuya puerta no cierra- viven dos presos de la unidad 2 del penal de Villa Urquiza.
Los expertos opinan que las principales causas de motines son la falta de espacio y las condiciones edilicias deficientes. Los 1.071 presos que pugnan condenas en Tucumán no están hacinados, pero cubren la capacidad del sistema, según admitieron las autoridades.
El penal de Villa Urquiza fue construido en 1927. En los pabellones, el blanco de las paredes sólo asoma en algunos rincones; las manchas oscuras que las cubren tienen diversos orígenes: la humedad y los rastros que dejaron las quemas de colchones de diversas protestas, entre otras causas. En diciembre será inaugurado un pabellón de máxima seguridad con capacidad para 129 personas. En este momento, hay 871 reos.
“En enero se comenzará a arreglar las unidades 1 y 2 con una inversión superior a $ 1,2 millón. La capacidad de recepción aumentará y, según las proyecciones, habrá espacio para los internos que ingresen en los próximos cuatro años”, explicó el director de Institutos Penales, Roberto Guyot. Del total de presos de la provincia, 659 son procesados (62,6 %) y 393, condenados (37,3 %).
“Cuando se analizan las causas de los motines, hay cuatro variables: malos tratos, malas comidas, demoras en las causas judiciales y hacinamiento, que es el principal detonante de conflicto”, afirmó el subdirector, Guillermo Snaider.
En la Unidad Penal Nº 3 de Concepción todo parece estar en calma. El director, Sergio Pato, confía en que el régimen de disciplina puede frenar las revueltas. “El que se ajusta a las disposiciones internas tiene retribuciones; los reacios padecen restricciones”, señaló. Los 166 internos están alojados en tres pabellones. En cada celda pueden vivir ocho internos pero en la mayoría sólo hay seis. “Las demoras de los procesos judiciales fueron las causas más importantes de revueltas. Eso fue mejorando por la preocupación de los jueces”, dijo el director. De los 166 reos, 92 son penados y 74, procesados. El 34 % está preso por hurto o robo, el 32 % por abuso sexual y el 31 % por homicidio o tentativa.
Lentitud
Las internas del Centro de Rehabilitación Santa Ester, en Banda del Río Salí, conocido como la cárcel de mujeres, aseguran que la lentitud de la Justicia es la principal causa del malestar que sienten. Muros adentro, hay 41 internas. Sólo 11 tienen condena; otras 30 están procesadas.
“La mayoría de los enojos se deben a las demoras en los procesos judiciales. La situación es más difícil en esta época del año porque las que no fueron a juicio saben que la Justicia ya no resolverá nada hasta el próximo año”, contó Silvana Martínez, la directora. Sin embargo, aclaró que sólo hay algunos conflictos circunstanciales entre las presas, pero que no se producen grandes rebeliones.Quizá lo que más les molesta a algunas internas es la falta de lugar en el pabellón colectivo, donde duermen 25 internas. En otra habitación, hay tres madres con hijos y una joven embarazada. Además, hay seis celdas aisladas, para presas en situaciones especiales.
Aunque tiene pocas internas, la cárcel aloja al doble de mujeres de las que debería. Martínez contó que cuando el penal fue construido, en 1993, había una población de cinco reas. “Ahora se llevará a cabo la remodelación del penal. Se hará una ampliación del edificio, que contará con un nuevo pabellón, y se realizarán tareas de mantenimiento y más espacios recreativos para las presas”, detalló.
Los expertos opinan que las principales causas de motines son la falta de espacio y las condiciones edilicias deficientes. Los 1.071 presos que pugnan condenas en Tucumán no están hacinados, pero cubren la capacidad del sistema, según admitieron las autoridades.
El penal de Villa Urquiza fue construido en 1927. En los pabellones, el blanco de las paredes sólo asoma en algunos rincones; las manchas oscuras que las cubren tienen diversos orígenes: la humedad y los rastros que dejaron las quemas de colchones de diversas protestas, entre otras causas. En diciembre será inaugurado un pabellón de máxima seguridad con capacidad para 129 personas. En este momento, hay 871 reos.
“En enero se comenzará a arreglar las unidades 1 y 2 con una inversión superior a $ 1,2 millón. La capacidad de recepción aumentará y, según las proyecciones, habrá espacio para los internos que ingresen en los próximos cuatro años”, explicó el director de Institutos Penales, Roberto Guyot. Del total de presos de la provincia, 659 son procesados (62,6 %) y 393, condenados (37,3 %).
“Cuando se analizan las causas de los motines, hay cuatro variables: malos tratos, malas comidas, demoras en las causas judiciales y hacinamiento, que es el principal detonante de conflicto”, afirmó el subdirector, Guillermo Snaider.
En la Unidad Penal Nº 3 de Concepción todo parece estar en calma. El director, Sergio Pato, confía en que el régimen de disciplina puede frenar las revueltas. “El que se ajusta a las disposiciones internas tiene retribuciones; los reacios padecen restricciones”, señaló. Los 166 internos están alojados en tres pabellones. En cada celda pueden vivir ocho internos pero en la mayoría sólo hay seis. “Las demoras de los procesos judiciales fueron las causas más importantes de revueltas. Eso fue mejorando por la preocupación de los jueces”, dijo el director. De los 166 reos, 92 son penados y 74, procesados. El 34 % está preso por hurto o robo, el 32 % por abuso sexual y el 31 % por homicidio o tentativa.
Lentitud
Las internas del Centro de Rehabilitación Santa Ester, en Banda del Río Salí, conocido como la cárcel de mujeres, aseguran que la lentitud de la Justicia es la principal causa del malestar que sienten. Muros adentro, hay 41 internas. Sólo 11 tienen condena; otras 30 están procesadas.
“La mayoría de los enojos se deben a las demoras en los procesos judiciales. La situación es más difícil en esta época del año porque las que no fueron a juicio saben que la Justicia ya no resolverá nada hasta el próximo año”, contó Silvana Martínez, la directora. Sin embargo, aclaró que sólo hay algunos conflictos circunstanciales entre las presas, pero que no se producen grandes rebeliones.Quizá lo que más les molesta a algunas internas es la falta de lugar en el pabellón colectivo, donde duermen 25 internas. En otra habitación, hay tres madres con hijos y una joven embarazada. Además, hay seis celdas aisladas, para presas en situaciones especiales.
Aunque tiene pocas internas, la cárcel aloja al doble de mujeres de las que debería. Martínez contó que cuando el penal fue construido, en 1993, había una población de cinco reas. “Ahora se llevará a cabo la remodelación del penal. Se hará una ampliación del edificio, que contará con un nuevo pabellón, y se realizarán tareas de mantenimiento y más espacios recreativos para las presas”, detalló.







