19 Octubre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El peronismo bonaerense, sin caudillo visible, al menos en la superficie, y a 20 años del triunfo electoral de Antonio Cafiero, que abrió las puertas a su supremacía de dos décadas en la provincia, enfrenta las elecciones alineado a la figura de Néstor Kirchner y con el partido integrado al kirchnerista Frente Para la Victoria. Sólo el duhaldismo residual, encarnado en los diputados Eduardo Camaño y Jorge Sarghini, probará en estos comicios por fuera de la estructura, igual que el foco menemista que capitanea el empresario y diputado Francisco De Narváez.
El escenario es consecuencia del combate electoral de 2005, cuando el ex presidente Eduardo Duhalde comprendió en carne propia el abandono de varios “incondicionales” y vio al santacruceño recibir como ofrenda el PJ bonaerense. Sin embargo, el cierre de listas del oficialismo dejó un tendal de enojados, en especial a nivel comunal. Varios intendentes y diputados se quejan, en voz baja, por el reparto de lugares. Dicen que oficialismo les pagó mejor a los socialistas Jorge Rivas y Ariel Basteiro que al PJ.
Los kirchneristas quieren despejar dudas y aseguran que Kirchner es el nuevo caudillo del PJ, incluido el bonaerense, sobre todo si después del 28 de octubre conserva las herramientas que otorga el poder político. Por ahora, uno de los nombres que más suena para dirigir el peronismo bonaerense es el candidato a vicegobernador y actual titular de la Cámara Baja, Alberto Balestrini. El 10 de agosto pasado, en el club Lanús, el PJ provincial realizó su congreso partidario. Allí, las figuras fueron Balestrini y el candidato a gobernador, Daniel Scioli. En esa ocasión, el actual presidente del PJ provincial, José María Díaz Bancalari, expresó: “cuando dejamos de pelearnos, Cafiero ganó con el peronismo unido”. Una muestra de los tiempos que corren y de la experiencia aprendida.
El triunfo de Cafiero, en 1987, sobre el alfonsinista Juan Casella, le permitió al PJ recuperarse de la impensada derrota electoral de 1983, a manos de la UCR. Es cierto, justo es decirlo, que se debió al envión arrollador de Raúl Alfonsín.
La derrota del 83 desató una interna en el peronismo con epicentro en el PJ bonaerense, que parecía terminal. La ortodoxia, guiada por Herminio Iglesias y la mayoría del sindicalismo tradicional, se enfrentó a la Renovación con Cafiero y Carlos Menem, entre otros.
También surgió entonces un grupo de técnicos conocido como “Tercer Movimiento Histórico”, que integraban entre otros Lavagna y Felisa Miceli, que creyó en la muerte prematura del PJ y apostó al alfonsinismo. Después pasaron la derrota de Cafiero en la interna presidencial frente a Menem; el ascenso de Duhalde; sus años de gobernador y su hegemonía provincial con un aparato partidario único; la derrota electoral ante el Frepaso primero y ante Cristina luego, entre otros tantos episodios que dieron forma a la mutación bonaerense.
Con la llegada del Pingüino, Duhalde se refugió en un ambiguo retiro de Lomas de Zamora. Kirchner, en tanto, prepara su estrategia para un armado político que lo ubique como centro, sin olvidar el peso específico que, desde lo electoral, ejerce el peronismo bonaerense.
El escenario es consecuencia del combate electoral de 2005, cuando el ex presidente Eduardo Duhalde comprendió en carne propia el abandono de varios “incondicionales” y vio al santacruceño recibir como ofrenda el PJ bonaerense. Sin embargo, el cierre de listas del oficialismo dejó un tendal de enojados, en especial a nivel comunal. Varios intendentes y diputados se quejan, en voz baja, por el reparto de lugares. Dicen que oficialismo les pagó mejor a los socialistas Jorge Rivas y Ariel Basteiro que al PJ.
Los kirchneristas quieren despejar dudas y aseguran que Kirchner es el nuevo caudillo del PJ, incluido el bonaerense, sobre todo si después del 28 de octubre conserva las herramientas que otorga el poder político. Por ahora, uno de los nombres que más suena para dirigir el peronismo bonaerense es el candidato a vicegobernador y actual titular de la Cámara Baja, Alberto Balestrini. El 10 de agosto pasado, en el club Lanús, el PJ provincial realizó su congreso partidario. Allí, las figuras fueron Balestrini y el candidato a gobernador, Daniel Scioli. En esa ocasión, el actual presidente del PJ provincial, José María Díaz Bancalari, expresó: “cuando dejamos de pelearnos, Cafiero ganó con el peronismo unido”. Una muestra de los tiempos que corren y de la experiencia aprendida.
El triunfo de Cafiero, en 1987, sobre el alfonsinista Juan Casella, le permitió al PJ recuperarse de la impensada derrota electoral de 1983, a manos de la UCR. Es cierto, justo es decirlo, que se debió al envión arrollador de Raúl Alfonsín.
La derrota del 83 desató una interna en el peronismo con epicentro en el PJ bonaerense, que parecía terminal. La ortodoxia, guiada por Herminio Iglesias y la mayoría del sindicalismo tradicional, se enfrentó a la Renovación con Cafiero y Carlos Menem, entre otros.
También surgió entonces un grupo de técnicos conocido como “Tercer Movimiento Histórico”, que integraban entre otros Lavagna y Felisa Miceli, que creyó en la muerte prematura del PJ y apostó al alfonsinismo. Después pasaron la derrota de Cafiero en la interna presidencial frente a Menem; el ascenso de Duhalde; sus años de gobernador y su hegemonía provincial con un aparato partidario único; la derrota electoral ante el Frepaso primero y ante Cristina luego, entre otros tantos episodios que dieron forma a la mutación bonaerense.
Con la llegada del Pingüino, Duhalde se refugió en un ambiguo retiro de Lomas de Zamora. Kirchner, en tanto, prepara su estrategia para un armado político que lo ubique como centro, sin olvidar el peso específico que, desde lo electoral, ejerce el peronismo bonaerense.











