08 Octubre 2007 Seguir en 
Los antiguos griegos no dudarían en clasificarlo bajo el nombre de catarsis; los romanos, más pragmáticos, consumirían esos dardos como "pan y circo". En la Edad Media serían inspiración de trovadores callejeros; y los decadentes de la Belle époque los bajarían con ajenjo para disuadir su aburrimiento. Por eso, no cuesta imaginar que los programas de chimentos nunca pasarían inadvertidos, siempre serían altamente denostados y, por supuesto, no se los perdería nadie. Porque nadie puede escapar del placer del espía impune.
Un informe difundido por el sitio de internet "Terra.com.ar", asegura que cada época ostenta sus noteros y sus primicias; y que, a la actual, le gusta regodearse con llevar la palma por el surgimiento, expansión y éxito de las noticias y rumores de los famosos de la farándula.
Según el informe, el chimento periodístico siempre es farandulero; el chisme, en cambio, es el pariente pobre del barrio. Pero unos y otros llevan algo más de una década de reivindicaciones: los chismes encontraron su Robin Hood en los talk shows, los reality shows, los blogs y "youtube"; y los chimentos dejaron su lugar de "Betty la fea" para soltarse el pelo y hablar de igual a igual con Santo Biassati y Mariano Grondona. Las fronteras se corrieron y los límites entre lo privado y lo público requieren de nuevos arbitrajes.
Dicen que los dinosaurios se extinguieron, y allí están los fósiles para atestiguarlo. A falta de otras pruebas, la memoria de los supervivientes y el archivo irresistible permiten consignar que el homo chimenterus contemporáneo y local tuvo a su neanderthal en una mujer, mejor dicho, en una tía, llamada Valentina Gestro de Pozzo. Periodista gráfica, su carrera empezó en los infames años 30, para luego pasar a la televisión y contarles secretos del ambiente a las señoras que tomaban el té. "Buenas tardes, lindísima gente", era la apertura para su programa "Matiné", por Canal 11. En el 87 dejó de trabajar y en 2000, a los 86 años, tuvo una brevísima reaparición en "Movete", por América. Pero lejos, muy lejos había quedado su primicia sobre el romance de Cacho Fontana con Liliana Caldini.
Polémica de la identidad, el ADN chimentero rescata entre sus genes a los de un señor petiso que creyó que los sábados podían tener la forma del círculo y la amplitud de un ómnibus: Pipo Mancera, del 62 al 75, encontró el Santo Grial del rating por el inédito camino de las cámaras sorpresa, los experimentos en vivo, la transmisión via satélite y la televisación en directo del casamiento de Palito Ortega y Evangelina Salazar.
Pero finalmente a los protochimenteros les llegó el eslabón originario, su primus inter pares y rey de la manada. Vino del otro lado del río con sobrenombre autosostenible: Lucho Avilés.
En 1971 arrojó el guante con "Radiolandia en TV", por el 11, acompañado por su incondicional Susana Fontana, Juan Alberto Mateyko, Leo Vanés y Jorge Jacobson. La cantera de talentos quedó plantada para las nuevas generaciones con "Indiscreciones", en los 90, de donde surgieron Jorge Rial, Marcela Tauro y Marcelo Polino. Hoy, y por ahora, su lugar está lejos, en el cable, en el canal "Magazine" -junto a Fontana y el Teto Medina-, con "Convicciones".
Un informe difundido por el sitio de internet "Terra.com.ar", asegura que cada época ostenta sus noteros y sus primicias; y que, a la actual, le gusta regodearse con llevar la palma por el surgimiento, expansión y éxito de las noticias y rumores de los famosos de la farándula.
Según el informe, el chimento periodístico siempre es farandulero; el chisme, en cambio, es el pariente pobre del barrio. Pero unos y otros llevan algo más de una década de reivindicaciones: los chismes encontraron su Robin Hood en los talk shows, los reality shows, los blogs y "youtube"; y los chimentos dejaron su lugar de "Betty la fea" para soltarse el pelo y hablar de igual a igual con Santo Biassati y Mariano Grondona. Las fronteras se corrieron y los límites entre lo privado y lo público requieren de nuevos arbitrajes.
Dicen que los dinosaurios se extinguieron, y allí están los fósiles para atestiguarlo. A falta de otras pruebas, la memoria de los supervivientes y el archivo irresistible permiten consignar que el homo chimenterus contemporáneo y local tuvo a su neanderthal en una mujer, mejor dicho, en una tía, llamada Valentina Gestro de Pozzo. Periodista gráfica, su carrera empezó en los infames años 30, para luego pasar a la televisión y contarles secretos del ambiente a las señoras que tomaban el té. "Buenas tardes, lindísima gente", era la apertura para su programa "Matiné", por Canal 11. En el 87 dejó de trabajar y en 2000, a los 86 años, tuvo una brevísima reaparición en "Movete", por América. Pero lejos, muy lejos había quedado su primicia sobre el romance de Cacho Fontana con Liliana Caldini.
Polémica de la identidad, el ADN chimentero rescata entre sus genes a los de un señor petiso que creyó que los sábados podían tener la forma del círculo y la amplitud de un ómnibus: Pipo Mancera, del 62 al 75, encontró el Santo Grial del rating por el inédito camino de las cámaras sorpresa, los experimentos en vivo, la transmisión via satélite y la televisación en directo del casamiento de Palito Ortega y Evangelina Salazar.
Pero finalmente a los protochimenteros les llegó el eslabón originario, su primus inter pares y rey de la manada. Vino del otro lado del río con sobrenombre autosostenible: Lucho Avilés.
En 1971 arrojó el guante con "Radiolandia en TV", por el 11, acompañado por su incondicional Susana Fontana, Juan Alberto Mateyko, Leo Vanés y Jorge Jacobson. La cantera de talentos quedó plantada para las nuevas generaciones con "Indiscreciones", en los 90, de donde surgieron Jorge Rial, Marcela Tauro y Marcelo Polino. Hoy, y por ahora, su lugar está lejos, en el cable, en el canal "Magazine" -junto a Fontana y el Teto Medina-, con "Convicciones".
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