06 Octubre 2007 Seguir en 
Nueva York.- La industria discográfica estadounidense se anotó una importante victoria el jueves: logró la condena de una madre de familia por haber colocado en internet un puñado de canciones piratas, en una clara advertencia a las decenas de millones de internautas que hacen lo mismo.
Jammie Thomas, una madre soltera de dos niños, con ingresos modestos, fue condenada a pagar 220.000 dólares de multa por haber descargado y puesto a disposición de otros internautas 24 canciones en forma ilegal. Sólo estos títulos integraban la demanda, aunque la mujer había almacenado 1.700 fragmentos musicales en su computadora.
Se trata del primer juicio ganado por la RIAA, la federación de discográficas estadounidenses, que desde 2003 combate en la Justicia a particulares, tras fracasar en su intento de bloquear los sitios de intercambio de música.
La RIAA logró en los últimos años hacer cerrar sitios como Napster, pero muy pronto otros tomaron su lugar.
La RIAA ha demandado desde 2003 a 26.000 estadounidenses, y la mayoría ha aceptado acuerdos extrajudiciales pagando en promedio 3.000 a 5.000 dólares. El primer caso que se hizo público se inició contra una adolescente neoyorquina de 12 años, que pagó 2.000 dólares en 2003 y pidió perdón públicamente.
Thomas, en cambio, se negó a pagar y se declaró inocente y afirmó que ella no había sido quien había puesto las canciones en internet. Pero al jurado le llevó solo dos días condenarla y darles la razón a las seis discográficas que presentaron la demanda: estimaron que el simple hecho de poner en la red canciones era penalmente condenable, sin que la RIAA probara que otros internautas las descargaron.
El juez se pronunció por aplicar una multa de 9.250 dólares por canción, una cifra dentro del rango de un mínimo de 750 dólares y un máximo de 150.000 dólares previstos por la ley.
"Estamos satisfechos por esta decisión", declaró la RIAA. "La ley es clara, así como las consecuencias para quienes la infringen. Seguiremos actuando contra los individuos que proceden en contra de la ley", añadió la federación, que apunta ahora contra las universidades y contra sus sistemas informáticos internos, en los que los estudiantes intercambian mucha música.
La industria discográfica intenta por todos los medios resistir la descarga ilegal de música, que ha minado duramente sus ingresos: las ventas de discos cayeron a 9.050 millones de dólares en 2006, contra 14.300 millones en 2000, y la venta por internet representa solo 878 millones.
Pero su victoria parece una gota de agua frente a una marea ascendente. Según el sitio de mediciones BigChampagne, en el mundo nueve millones de internautas descargan música ilegalmente, tres veces más que en 2003. Cada mes, en Estados Unidos, 20 millones de personas obtienen música ilegalmente, según Eric Garland, presidente del sitio. (NA)
Jammie Thomas, una madre soltera de dos niños, con ingresos modestos, fue condenada a pagar 220.000 dólares de multa por haber descargado y puesto a disposición de otros internautas 24 canciones en forma ilegal. Sólo estos títulos integraban la demanda, aunque la mujer había almacenado 1.700 fragmentos musicales en su computadora.
Se trata del primer juicio ganado por la RIAA, la federación de discográficas estadounidenses, que desde 2003 combate en la Justicia a particulares, tras fracasar en su intento de bloquear los sitios de intercambio de música.
La RIAA logró en los últimos años hacer cerrar sitios como Napster, pero muy pronto otros tomaron su lugar.
La RIAA ha demandado desde 2003 a 26.000 estadounidenses, y la mayoría ha aceptado acuerdos extrajudiciales pagando en promedio 3.000 a 5.000 dólares. El primer caso que se hizo público se inició contra una adolescente neoyorquina de 12 años, que pagó 2.000 dólares en 2003 y pidió perdón públicamente.
Thomas, en cambio, se negó a pagar y se declaró inocente y afirmó que ella no había sido quien había puesto las canciones en internet. Pero al jurado le llevó solo dos días condenarla y darles la razón a las seis discográficas que presentaron la demanda: estimaron que el simple hecho de poner en la red canciones era penalmente condenable, sin que la RIAA probara que otros internautas las descargaron.
El juez se pronunció por aplicar una multa de 9.250 dólares por canción, una cifra dentro del rango de un mínimo de 750 dólares y un máximo de 150.000 dólares previstos por la ley.
"Estamos satisfechos por esta decisión", declaró la RIAA. "La ley es clara, así como las consecuencias para quienes la infringen. Seguiremos actuando contra los individuos que proceden en contra de la ley", añadió la federación, que apunta ahora contra las universidades y contra sus sistemas informáticos internos, en los que los estudiantes intercambian mucha música.
La industria discográfica intenta por todos los medios resistir la descarga ilegal de música, que ha minado duramente sus ingresos: las ventas de discos cayeron a 9.050 millones de dólares en 2006, contra 14.300 millones en 2000, y la venta por internet representa solo 878 millones.
Pero su victoria parece una gota de agua frente a una marea ascendente. Según el sitio de mediciones BigChampagne, en el mundo nueve millones de internautas descargan música ilegalmente, tres veces más que en 2003. Cada mes, en Estados Unidos, 20 millones de personas obtienen música ilegalmente, según Eric Garland, presidente del sitio. (NA)







