Asesinaron de un balazo a un niño de siete años

El pequeño estaba jugando y desde el interior de una casa le hicieron un disparo que atravesó una chapa y luego lo hirió mortalmente. La fiscal Marnero, tras escuchar a los testigos, ordenó la aprehensión de un hombre de 61 años y de su hijo, de 40. Nadie vio al principal sospechoso salir de la vivienda.

DESOLADA. Claudia Córdoba, la mamá de Lucas, relata lo sucedido. “No entiendo qué pasó”, dijo. LA GACETA / HECTOR PERALTA
DESOLADA. Claudia Córdoba, la mamá de Lucas, relata lo sucedido. “No entiendo qué pasó”, dijo. LA GACETA / HECTOR PERALTA
22 Septiembre 2007
“Escuché un estampido y vi al chico salir corriendo. Gritaba. Entonces lo atajé y me di cuenta de que tenía toda la ropa con sangre. Entonces me desesperé y me subí a una moto, pero otro chango me hizo bajar y lo llevaron al Caps. Después me enteré de que había muerto. Una criaturita. ¿Cómo puede ser? ¡Por Dios!”.
Don Isac Argentino Darui estaba consternado; había sido el único testigo presencial del asesinato del pequeño Lucas Ramiro Córdoba. El pequeño fue baleado ayer a la tarde mientras estaba parado frente a un portón, al lado de su casa, en San Cayetano. Por orden de la Justicia, dos hombres, padre e hijo, fueron detenidos, aunque aún no se determinó si fue alguno de ellos quien efectuó el disparo.
El pequeño vivía en el pasaje Finley 479 y ayer había salido a jugar, como todas las tardes. Estaba en la esquina del pasaje y Eugenio Méndez con algunos amiguitos y se acercó hasta el portón de una casa para orinar. En ese momento se escuchó el estampido.
Según las primeras pericias, el proyectil fue disparado desde el interior de la vivienda. La bala atravesó la chapa del portón, impactó en el pecho de Lucas, y lo traspasó. El chico había muerto antes de llegar al Caps de San Cayetano. Desde allí lo derivaron en una ambulancia hasta el hospital de Niños, pero los médicos ya nada podían hacer.
El propietario del terreno desde el cual habría salido el disparo es Juan Dante Arévalo, de 72 años, subconcesionario de una empresa de televisión satelital. El hombre reside en el barrio Alberdi (a pocas cuadras de allí), pero en Finley y Méndez tiene una pequeña casa y un huerto, y según los vecinos, estaba regándolo cuando se produjo la tragedia. Varios vecinos habían visto entrar a Arévalo en la propiedad poco después de las 16, pero nadie lo vio salir.
Claudia Córdoba, la madre de Lucas, estaba desolada. Con la mirada perdida y los ojos ya sin lágrimas aseguró que ella escuchó el estampido y que no tiene dudas de que quien disparó fue su vecino. “Salí a ver qué había pasado y vi que se llevaban a mi chiquito ensangrentado. Lo había escuchado jugar y reírse. Y después, gritar de dolor. No sé por qué este hombre hizo eso. Siempre nos llevamos bien. Cuando no había nadie en su casa yo cuidaba que no entraran extraños. No entiendo”, dijo.
Cuando llegaron la fiscal Teresita Marnero y el secretario Benjamín Bulacio Espíndola se ordenó que la Policía ingresara en la casa. “¿Qué están esperando? ¿Por qué no entraron antes?, les dijo enojada Marnero. Dentro de la vivienda ya no había nadie. Antes se habían producido forcejeos entre uniformados y vecinos, que pretendían hacer justicia por mano propia. Cuando la fiscal escuchó las declaraciones  de los testigos ordenó que Arévalo fuera detenido y le encomendó a la Policía Científica que lo someta a un dermotest para comprobar si en su mano quedaron restos de pólvora. También se aprehendió a su hijo Carlos Alberto, de 42 años, y se lo sometió a la misma pericia. Los dos negaron en sus declaraciones a la Policía tener alguna vinculación con el ataque. “Yo no estaba en esa casa”, relataron los policías que dijo Arévalo padre.
Los vecinos se debatían entre la tristeza y el dolor. “Lucas siempre jugaba en la esquina. Era un chiquito alegre. Nunca había tenido problemas con Arévalo ni con nadie”, dijo Mirta Ponce, una vecina. Todos en la zona estaban consternados.
Darui dijo que cuando vio que se llevaban al niño en la moto no pudo contenerse y se puso a llorar. “No es justo que pase algo así con un nene que tenía toda la vida por delante -dijo.- Uno ya tiene muchos años, y en este barrio ha visto de todo. La gente, ahora, está muy loca, señor”.
En la puerta de la casa, Claudia Córdoba miraba la nada. ¿Cuántos hijos tiene usted?, le preguntó LA GACETA. “Tres”, respondió. Pero en ese momento se dio cuenta de que uno ya no estaba y, abrazando a su hermano, volvió a quebrarse.