Sabina - Serrat: El tiro preciso y fatal de Madrid

El dúo debutó en la capital de España y su actuación fue ovacionada por el público. El espectáculo "Dos pájaros de un tiro", incluye canciones de ambos.

COMPLICES Y AMIGOS. Durante el espectáculo, no solamente cantaron sino que intercambiaron bromas y chanzas. GENTILEZA IRENE  BENITO
COMPLICES Y AMIGOS. Durante el espectáculo, no solamente cantaron sino que intercambiaron bromas y chanzas. GENTILEZA IRENE BENITO
22 Septiembre 2007
MADRID (Por Irene Benito).- El disparo dio en el blanco: las canciones de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, cantadas por uno y otro, y por los dos también, fueron el barro con el que estos dos horneros armaron su nido en el Palacio de los Deportes de Madrid. 15.000 pájaros volaron hasta allí el martes pasado, durante el primero de los tres conciertos que ofrecerán en la capital de España.
Las entradas estaban agotadas desde hacía varios meses. La gira "Dos pájaros de un tiro", que comenzó en Zaragoza, el 29 de junio de 2007, desembarcó madura en Madrid, con Sabina y Serrat afinados como dúo y con el apetito bien dispuesto para devorar un jugoso plato fuerte.
El público entró al estadio mucho antes de las 22. En la primera fila del campo, muy próximo al escenario, un grupo de argentinos esperaba con sus codos apoyados en las vallas de metal. Una bandera celeste y blanca despejaba cualquier duda sobre su nacionalidad. Todavía no había terminado de ingresar la gente cuando dieron las 10. Veinte minutos más tarde, las luces se apagaron y en las dos pantallas gigantes apareció un periodista para informar que el show había sido cancelado por problemas de salud de los artistas. El ulular de la sirena de una ambulancia fue el punto de partida para el piar de Sabina y Serrat. Ambos vestían una sonrisa eufórica cuando ingresaron al escenario; el primero desfiló por la izquierda, el segundo, por la derecha. Sobre las tablas todos estaban de negro: los músicos, las coristas y los cantantes, aunque cada uno a su manera. A Sabina no le faltaron su sombrero bombín, ni su chaqué, ni su jean.
Los cantautores españoles abrieron el concierto interpretando "Ocupen su localidad" y "Hoy puede ser un gran día", para después continuar con "Aves de paso". Luego Serrat se quedó solo, con temas propios y ajenos. Pero de inmediato regresó Sabina para acompañarlo en "Y sin embargo". A esa altura incipiente del espectáculo, el público ya había amortizado las entradas, que costaron entre 30 y 68 euros ($129 la más barata y $289 la más cara).
Cómplices y amigos, Serrat y Sabina no sólo hicieron la música que saben sino también las bromas que flotan en el aire que comparten. "Te he visto peor pero hoy estás bien", se mofó el Nano del ubetense. Por su lado, Sabina manifestó: "sin desmerecer a nadie, te digo que eres la segunda mejor voz del mundo". Serrat aceptó el tiro pero no se quedó en el molde. En una de sus intervenciones en soledad, pidió al público que si esa noche alguna mujer quedaba embarazada de una niña, a esta la llamaran "Joaquina" en honor a Sabina. "Total, cuando crezca puede ir al registro y cambiar su nombre por el de ?Penélope Lucía?", razonó aludiendo a los títulos de dos de sus temas más famosos, que también formaron parte del repertorio del recital de Madrid.
Joan Manuel y Joaquín se fueron del brazo y volvieron cuatro veces. En el bis interminable se abrazaron, se dieron la mano, se disfrazaron de piratas y se prodigaron afecto con la guitarra. El tiempo pasaba pero ningún pájaro quería volar del nido del Palacio de los Deportes. Pocas veces se vio en España un tiro más preciso y fatal.

Bailaron y hasta zapatearon
Durante algo menos de tres horas, Sabina y Serrat bailaron el vals, zapatearon, improvisaron un flamenco y se animaron también un poquito al rock. En frente del escenario, el público aplaudía, cantaba y movía los brazos como si fuesen alas. Para el final de los finales, los cantantes ingresaron al escenario con bombos y platillos. En ese momento de la noche, la banda parecía más bien una orquesta, gracias a los cuatro grandes músicos ( "Pancho" Varona, Antonio García de Diego, Ricardo Miralles y José Antonio Romero) y al set de vientos que sonaba como huracán.

Un diálogo sobre las musas
Serrat:- A las musas no se las puede comprar.
Sabina: -Las musas son muy viejas, desprecian a los notarios que van con los poetas.
Serrat: -Mi musa es madrileña con acento catalán.
Sabina: -Los catalanes inventaron el amor para no tener que pagar por tener sexo.
Sabina puso la mejilla, Serrat amagó pero, al final, le dio un beso y le confesó: "no hago otra cosa que pensar en tí".
Acto seguido, el dúo cambió el diálogo por la canción que lleva ese nombre, la cual reescribieron completamente.

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