Celos

La muerte de la adolescente Carla ha puesto sobre el tapete los problemas de la sociedad para enfrentar la relación con los jóvenes. Límites. Un símil con la novela "Patito feo". Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.

04 Septiembre 2007
La tragedia de la adolescente Carla Ortega sacudió a los tucumanos. Ni su familia ni la sociedad alcanzan a entender lo que ocurrió. No hay motivos comprensibles para un crimen (el padre apenas esbozó que desde el principio tuvo la intuición de que  la causa de la muerte fueron los celos o la envidia) y el hecho de que haya dos chicas menores de edad detenidas no aclara la investigación sino que le agrega confusión a una historia incompleta y extraña.
Si se trata de celos y envidia adolescentes, el mismo juez de Menores Raúl Ruiz se espantó cuando habló con las dos jovencitas detenidas. “Los chicos han perdido el respeto por la vida. Matan como animales”, dijo. Y habló de un problema social, de falta de contención de los padres, de falta de límites. Esta descripción que hace el juez se ve en las características del caso: Carla fue arrojada y abandonada en un barranco. Ya sea debido a celos o envidia, o por pasión o pelea por poder, la desaprensión del acto le agrega impresión a esta tragedia y hace que se entienda la inquietud del juez, que observa un fenómeno social: cada vez llegan más padres a pedirle ayuda porque no pueden contener a sus hijos. Y no habla de chicos marginales, sino de todas las clases.
De celos y envidia adolescentes se habla en la exitosa telenovela infantil “Patito feo”. En la ficción, dos grupos compiten en busca de fama, poder e ilusiones. Unas son las divinas, que representan el estereotipo de las malas, las superficiales, las chicas de plástico y las consumistas, y otras son las populares, que son las chicas sensibles, humildes, con buenas intenciones y desinteresadas por la vida materialista. Las protagonistas de la novela son las populares, pero en las canciones del ciclo las chicas se identifican con las divinas. ¿Se puede trasladar este enfrentamiento de valores en la ficción a la sociedad real? “Sospechamos de algunas de sus amistades. Ella era muy bonita en comparación con algunas de sus amigas. Alguna vez nos contó que tenía problemas por ese tema. Estoy segura de que la envidia puede llevar a esto”, dijo una hermana de Carla, hace una semana. “Todas son muy celosas, y no hacen distinciones entre hombres y mujeres”, explicó, días después, un amigo.
Se trata de un universo adolescente que puede entenderse por la intensidad de las pasiones a esa edad. Lo que no se entiende es que esto pueda llevar a una muerte, ni tampoco a alguna coincidencia con la desaparición de Betty Argañaraz, caso de adultos en el que parece repetirse el patrón de celos y apetencia de poder.
 La intuición de los policías -que hurgaron en la vida de Carla, de su familia y de sus amistades- llevó a hipótesis de precario sustento y a escasas conclusiones. Pero encontró, primero, las contradicciones entre las dos chicas detenidas y esto dio pie al hallazgo de datos elementales que en este caso resultan llamativos. Por ejemplo, que muchos padres permiten que sus hijos adolescentes circulen en motocicleta. Que no se preocupan si lo hacen de a tres, y sin casco. Y muchos policías hacen la vista gorda. Otros tantos padres tampoco saben qué hacen sus hijos, y así lo señala el juez Ruiz: no saben cómo poner límites.
El magistrado propone una salida que sorprende para nuestra sociedad: que alguien les enseñe a los padres a controlar a sus hijos. Y concluye con que cada vez que pasan situaciones violentas surgen debates estériles, porque después nada cambia. Pero queda, indeleble, la marca de la tragedia.