17 Agosto 2007 Seguir en 
PISCO, Perú.- Los equipos de rescate trabajaron duramente esta madrugada buscando sobrevivientes, después de que un poderoso terremoto sacudiera la costa central de Perú, matando a más de 500 personas.
El sismo, que alcanzó una magnitud de ocho grados, estremeció al país en la tarde del miércoles. Muchas de sus víctimas fueron pobres, que murieron cuando sus frágiles casas de adobe se derrumbaron. Los hospitales y las morgues están sobrepasados, lo que obligó a las personas a dejar los cadáveres en las calles.
El vicecomandante del Cuerpo General de Bomberos, Roberto Ognio, dijo que el temblor ha dejado hasta ahora 510 muertos y unos 1.500 heridos. El funcionario agregó que el número de muertos podría incrementarse, y que quedan pocas esperanzas de hallar sobrevivientes.
Más de 24 horas después del sismo, una serie de réplicas ha propagado el pánico en los pueblos más afectados al sur de la capital peruana, aunque el rescate de un hombre vivo desde los escombros de una iglesia dio esperanzas a los socorristas de Pisco.
"Es prácticamente un milagro y ojalá pudiéramos encontrar otros más", dijo el comandante de los bomberos de Perú, Carlos Córdova, quien junto a las autoridades y los voluntarios locales y extranjeros trabajó bajo luces de emergencia.
Comienza el reconocimiento cadáveres
"Por el momento vamos a seguir buscando", señaló Felipe Aguilar, quien dirige los esfuerzos de rescate del Ejército en el pueblo. "Para nosotros esa es la prioridad porque ya hemos sacado a una persona viva", agregó.
En la plaza, donde alguna vez hubo una iglesia, cientos de personas se reunieron a reconocer a los cadáveres, que eran depositados allí. El pueblo de 120.000 habitantes quedó convertido en un lugar fantasma.
Pisco -famoso por el licor de uva que lleva su nombre- fue la zona más afectada, junto con las ciudades de Ica y Chincha, donde cientos de prisioneros escaparon de una cárcel.
Unas 15.000 viviendas se derrumbaron o sufrieron graves daños en la región. El presidente peruano, Alan García, visitó ayer las zonas afectadas, y presentó sus condolencias a las familias de las víctimas.
El sismo del miércoles fue uno de los peores desastres naturales que han afectado al país sudamericano durante el último siglo. En 1970, unos 50.000 peruanos murieron durante un terremoto que provocó una avalancha de hielo y barro.
En el centro de la capital, la bandera peruana flameaba a media asta debido a que García declaró tres días de duelo nacional. A pesar de que Perú es un país de alto riesgo sísmico, y debería tener un plan permanente de acción, el Gobierno está atendiendo las emergencias sobre la marcha. (Reuters-Télam-Especial)
El sismo, que alcanzó una magnitud de ocho grados, estremeció al país en la tarde del miércoles. Muchas de sus víctimas fueron pobres, que murieron cuando sus frágiles casas de adobe se derrumbaron. Los hospitales y las morgues están sobrepasados, lo que obligó a las personas a dejar los cadáveres en las calles.
El vicecomandante del Cuerpo General de Bomberos, Roberto Ognio, dijo que el temblor ha dejado hasta ahora 510 muertos y unos 1.500 heridos. El funcionario agregó que el número de muertos podría incrementarse, y que quedan pocas esperanzas de hallar sobrevivientes.
Más de 24 horas después del sismo, una serie de réplicas ha propagado el pánico en los pueblos más afectados al sur de la capital peruana, aunque el rescate de un hombre vivo desde los escombros de una iglesia dio esperanzas a los socorristas de Pisco.
"Es prácticamente un milagro y ojalá pudiéramos encontrar otros más", dijo el comandante de los bomberos de Perú, Carlos Córdova, quien junto a las autoridades y los voluntarios locales y extranjeros trabajó bajo luces de emergencia.
Comienza el reconocimiento cadáveres
"Por el momento vamos a seguir buscando", señaló Felipe Aguilar, quien dirige los esfuerzos de rescate del Ejército en el pueblo. "Para nosotros esa es la prioridad porque ya hemos sacado a una persona viva", agregó.
En la plaza, donde alguna vez hubo una iglesia, cientos de personas se reunieron a reconocer a los cadáveres, que eran depositados allí. El pueblo de 120.000 habitantes quedó convertido en un lugar fantasma.
Pisco -famoso por el licor de uva que lleva su nombre- fue la zona más afectada, junto con las ciudades de Ica y Chincha, donde cientos de prisioneros escaparon de una cárcel.
Unas 15.000 viviendas se derrumbaron o sufrieron graves daños en la región. El presidente peruano, Alan García, visitó ayer las zonas afectadas, y presentó sus condolencias a las familias de las víctimas.
El sismo del miércoles fue uno de los peores desastres naturales que han afectado al país sudamericano durante el último siglo. En 1970, unos 50.000 peruanos murieron durante un terremoto que provocó una avalancha de hielo y barro.
En el centro de la capital, la bandera peruana flameaba a media asta debido a que García declaró tres días de duelo nacional. A pesar de que Perú es un país de alto riesgo sísmico, y debería tener un plan permanente de acción, el Gobierno está atendiendo las emergencias sobre la marcha. (Reuters-Télam-Especial)









