01 Agosto 2007 Seguir en 
BEIRUT.- El plan de EEUU de vender armas a sus aliados en Oriente Medio, para potenciarlos frente a Irán y a otros enemigos de Washington en la región, parece destinado a reparar un balance de poder destruido por la invasión a Irak. La caída de Saddam Hussein terminó con el rol de Bagdad como contrapeso sobre Irán, un papel que había jugado desde la década de 1980 en el Golfo Pérsico. Washington tenía entonces de su lado a Saddam.
Ahora, con el suministro de armas a Arabia Saudí y a otros países del Golfo Pérsico, Washington quiere restaurar lazos con los gobiernos conservadores a los que criticó luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 por acoger a militantes islámicos. Según analistas saudíes, la idea es estabilizar por medio de la disuasión. Podría ayudar a contener el surgimiento del poderío iraní, pero no a estabilizar Irak ni a frenar a Al Qaeda.
Paul Salem, director del Centro Carnegie de Oriente Medio en Beirut, afirma que la propuesta de vender armas confirma que la agenda democrática de Washington está más que muerta. El presidente, George W. Bush, había asegurado que Oriente Medio se vería influenciado por la lucha en Irak para instaurar la democracia.
Ahora, con el suministro de armas a Arabia Saudí y a otros países del Golfo Pérsico, Washington quiere restaurar lazos con los gobiernos conservadores a los que criticó luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 por acoger a militantes islámicos. Según analistas saudíes, la idea es estabilizar por medio de la disuasión. Podría ayudar a contener el surgimiento del poderío iraní, pero no a estabilizar Irak ni a frenar a Al Qaeda.
Paul Salem, director del Centro Carnegie de Oriente Medio en Beirut, afirma que la propuesta de vender armas confirma que la agenda democrática de Washington está más que muerta. El presidente, George W. Bush, había asegurado que Oriente Medio se vería influenciado por la lucha en Irak para instaurar la democracia.
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