¿Qué pasa cuando el conquistador se va?

La toma y la recuperación de la Mezquita Roja de Islamabad reavivó una discusión histórica que cuestiona el modelo de intervención e invasión.

EFECTOS. Los lazos de resentimiento hacia el occidente se fortalecen en el mundo oriental. REUTERS
EFECTOS. Los lazos de resentimiento hacia el occidente se fortalecen en el mundo oriental. REUTERS
31 Julio 2007
ISLAMABAD, Pakistán.- La toma y recuperación de la Mezquita Roja de Islamabad, en Paquistán, reavivó una discusión histórica en el mundo de las relaciones internacionales: ¿qué ocurre cuando el conquistador se va?

Allí donde los Estados Unidos atacaron con furia tras los atentados del 11 de setiembre, persiguiendo a un enemigo invisible y móvil, el brote talibán se reavivó al punto de que ya se habla de un reverdecer del movimiento fundamentalista.

La destrucción de las vidas, economías, infraestructuras, acervos culturales y vínculos familiares no hizo ni hace más que fortalecer los lazos de resentimiento hacia el occidente.

Eso mismo sucede en Irak donde, lejos de verse liberado, buena parte de su pueblo sufre tanto o más que antes de la caída de Saddam, con la diferencia de que no es a manos de un con-nacional que la humillación se acrecienta, sino por la presencia de una fuerza de ocupación extranjera.

¿Es acaso este un fenómeno nuevo o propio de la presencia estadounidense en países a los que nunca es ni fue invitado? No parece. Hace menos de 50 años la Europa occidental abandonó Africa a su suerte, luego de extirparle durante siglos a su gente como esclavos y a sus recursos naturales como forma veloz para enriquecerse.

Hoy el continente más pobre del mundo tiene a más de 300 millones de personas que viven con menos de un dólar por día, a 30 millones de chicos menores de cinco años que sufren desnutrición, a cerca del 40% de la población sin acceso a agua potable y a alrededor de dos millones de seres humanos que mueran al año a causa del VIH.

El modelo de intervención, invasión, extracción, implantación y abandono parece ser una constante de la historia universal que no cesa de dejar consecuencias traumáticas para las sociedades sojuzgadas y luego libradas a su suerte.

Es cierto que los ex colonos ingleses de Australia o de Canadá no están hoy tan mal como los africanos. Sin embargo, en el fondo, la imposición de una forma de vida ajena a la propia termina por estallar de una u otra manera.

Los daños que se generan para la humanidad en su conjunto parecen irremediables en buena parte de los casos. El creerse con mejor razón o verdad que el otro termina por demostrar lo poco evolucionados que somos.

La toma y la reconquista de la Mezquita de Islamabad es una muestra cabal de este fenómeno. Un caso que, lamentablemente, no será, ni por lejos, el último de la larga serie. (Por Magalina Estévez, columnista de la agencia MP)

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