El fútbol iraquí unió a sunnitas, chiítas y kurdos

Dos atentados opacaron el festejo nacional. La selección del país pasó a la final de la Copa de Asia, que se disputa en Malasia.

26 Julio 2007
BAGDAD.- El fútbol logró en Irak lo que los esfuerzos del gobierno aún no alcanzaron: sunnitas, chiítas, kurdos y turcomanos celebraron ayer el pase de la selección nacional de fútbol a la final de la Copa de Asia, que se está celebrando en Malasia (ver Deportes). Las mujeres repartían dulces por las calles de Bagdad, los automóviles circulaban agitando banderas iraquíes y en toda la ciudad se oían disparos al aire. "Una celebración semejante no se ha visto en años en Bagdad", decía un hombre.
El histórico triunfo de la selección iraquí se vio ensombrecido por dos atentados con explosivos, que causaron al menos 50 muertes y dejaron heridas a más de 100 personas. Un primer coche bomba explotó cerca de un grupo de hinchas en el barrio bagdadí de Mansur. Doce muertos y 70 heridos dejó este episodio. Poco después, un suicida se inmoló en un coche bomba en un retén militar en el este de Bagdad, dejando otros 16 muertos y 60 heridos, muchos de ellos hombres, mujeres y niños que festejaban en las cercanías.
Decenas de miles de personas salieron ayer a las calles en todo Bagdad, así como en las ciudades de mayoría chiíta de Basora y Kerbala, en el sur del país. También hubo fiestas populares en otras ciudades de mayoría kurda, como Erbil, Kirkuk y Suleimaniya, en el norte. "¡Vida para Irak, vida para Irak!", coreaban los aficionados en Suleimaniya. Incluso en la zona autónoma kurda ondearon las banderas iraquíes, una rara muestra de unidad nacional.

Helados gratis
En el barrio de Karrada, en Bagdad, los soldados en las torres de los blindados Humvee saludaron a los entusiastas, y policías se unían al festejo. En el barrio chiíta de Ciudad Sadr, los comerciantes repartieron helados y golosinas gratuitamente, algo poco habitual en una zona controlada por las milicias del clérigo radical antiestadounidense Moqtada al Sadr.
Irak, una nación apasionada por el fútbol ha tenido pocos motivos de celebración en los cuatro años de violencia que han destrozado el país. Frente a esta situación, la selección nacional debe entrenar bajo estrictas medidas de seguridad.
Horas después del partido podía oírse aún el tiroteo de las pistolas y los AK-47. El sábado murieron tres personas y unas 50 resultaron heridas por celebrar del mismo modo el paso a la semifinal. (Reuter-AFP-NA-DPA)

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