Con su ácido humor testimoniaba su época

Hoy se cumplen 10 años de la desaparición del conocido actor Larry Jantzon, que protagonizó obras populares, y que marcó una etapa en el escenario tucumano. Nunca utilizó su verdadero nombre

LARRY JANTZON en su recordada interpretación Inodoro Pereyra. LA GACETA
LARRY JANTZON en su recordada interpretación Inodoro Pereyra. LA GACETA
26 Julio 2007
Aunque la ciudad ha cambiado tanto en estos últimos 10 años, muchos de los espacios en los que solía trabajar todavía sobreviven: los espejos de La Cosechera no son los mismos, pero en su Amaicha del Valle querida aún sale el sol todos los días.
Larry Jantzon se fue hace 10 años, casi sorpresivamente, y con él, muchas risas desaparecieron de los rostros tucumanos; precisamente en ese bar, que estaba enclavado en la esquina de San Martín y Junín, se sentaba todos los fines de semana en "La mesa de los galanes", junto a Pablo Parolo.
Larry respiraba y transmitía humor por todos sus poros, y nunca caía mal a nadie: se reía mucho del machismo argentino, cuando en los cuentos de Roberto Fontanarrosa se ponía en evidencia la histeria de ese machismo. "El argentino tiene dos fantasmas", reflexionaba: "ser cornudo y no quedar como idiota". Seguramente el día en que se fue, quien ahora ya no está, su ex amigo, habrá dicho: "¡qué lo parió!". El "Negro" Fontanarrosa hizo un dibujo cuando se enteró de su muerte (ver dibujo).
Con el amor de su vida, la actriz Gloria Berbuc, había protagonizado la obra "Cambiemos los papeles" y había establecido el récord de 40.000 espectadores; con "¡Reíd mortales!" tuvo 300 presentaciones, y con "La mesa de los galanes" ya había superado las 50 funciones. También incursionó en la televisión y fue protagonista de la miniserie "Cusiya. 500 años después", que se rodó íntegramente en los Valles Calchaquíes.
En sus últimos años se había recluído en Amaicha, pero no permanecía inactivo: representaba sus obras entre los lugareños y hasta se animó a mantener un programa de radio, siempre con "buena onda".
El teatro lo había capturado como una aventura, cuando en los tiempos de la dictadura se instaló en España, y tuvo que recurrir a él para sobrevivir; contaba que el teatro "siempre fue un laburo", con el que se bancaba los estudios de Geología, y que en España lo hacía para poder comer; en todo caso se trataba de otra aventura. Porque Larry Jantzon funcionaba con esa adrenalina de vivir todos los días a alto riesgo. Si hasta cuando se ponía serio no dejaba de ser un excelente comediante: "me interesa profundizar la figura del clown porque necesito estar bien cerca del público; me considero un humorista; en esa veta es donde mejor funciono", decía. Su cercanía con la gente y sus proyectos lo llevaron a abrir en los años 80 "La Risada", un pub que concentró en Barrio Norte obras y performances del under tucumano.

"Hay que recordarlo desde la alegría, y desde que aportó a no tenerle miedo al llamado teatro comercial"
"Larry fue un gran comediante, y me gustaría que se lo recordara desde la alegría, de lo que significó para el teatro independiente. Creo que él junto a Blake Aybar y otros marcaron un camino después de la dictadura", señala Gloria Berbuc. La actriz recordó al "amor de su vida", de la época en que se conocieron en un congreso político, en Buenos Aires, cuando ambos militaban en el MAS, pero ella en Mar del Plata. "Hubo un momento en que tenía que decidir si quedarnos juntos en Mar del Plata o en Tucumán, y no hubo dudas, porque él ya vivía del teatro en esta ciudad, y me vine con él en 1984; fue el amor de mi vida, el padre que elegí para mi hijo",añade la protagonista de "Rosita la soltera".
Cuando se le pregunta a Berbuc cuál cree que fue el aporte de Larry Jantzon, responde: "en ese momento había un gran debate sobre el llamado teatro comercial, y con él aprendimos a no tenerle miedo a ese teatro, porque nuestro objetivo era llegar a mucha gente con nuestras obras y vivir del borderó; en una palabra, profesionalizar este trabajo, ya que ese es uno de los grandes puntos del tema". Se la escucha orgullosa cuando la actriz cuenta la emoción que significa que su hijo, Eliseo, comparta el escenario con ella en la obra "El chico de la última fila". "Su presencia allí me indica que no nos fue nada mal con el arte. Hemos podido disfrutar de todo este proceso, y todavía estoy cosechando lo sembrado en aquellos años, que es ser conocidos por la gente".
Gloria recuerda trabajos como "Inodoro Pereyra", "Cambiemos los papeles" y "¡Reíd mortales!", en particular. "Estaba claro allí su humor inteligente y ácido, con una mirada crítica de la realidad. Siempre el humor estaba sin perder la solemnidad y la seriedad de los temas que planteaba", sostuvo.