David Hockney supo reflejar California con sus piscinas azules

El laureado artista, que vende sus obras a millones de dólares, cumple 70 años, y se queja por la obsesión juvenil con la música y el sonido. Extrae sus motivos del entorno más cercano. Un empedernido fumador que defiende su vicio.

SUPERESTRELLA. Aunque inclasificable, siempre incursionó en el pop.ARCHIVO LA GACETA
SUPERESTRELLA. Aunque inclasificable, siempre incursionó en el pop.ARCHIVO LA GACETA
09 Julio 2007
Londres.- Imposible de encasillar, David Hockney es pintor, fotógrafo, escenógrafo, escritor y artista experimental, y practicó el pop art, el naturalismo y el cubismo. Como uno de los artistas contemporáneos más solicitados, y celebrado como una superestrella tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, su "segunda patria" Hockney celebra hoy su 70 cumpleaños. "Lo que hace a David Hockney un artista tan grande", dijo alguna vez su colega Peter Blake, "es que jamás deja de desarrollarse. En cuanto te acostumbrás a lo que está haciendo, ya acomete un nuevo experimento".
Bajo la influencia de Francis Bacon y Pablo Picasso, Hockney pintó, imprimió, dibujó e hizo collages, cambió el pincel y la pluma por la cámara, la fotocopiadora y la computadora, proyectó escenografías operísticas, pintó un auto y diseñó la portada de una guía telefónica o etiquetas de botellas. En una serie monumental de 96 lienzos plasmó de forma impactante el Gran Cañón del Colorado.
Pero su obra más representativa son los cuadros de piscinas, en los que reflejó con azules fríos y colores luminosos la atmósfera de sol, verano y agua de California, su patria adoptiva. Hockney extrae sus motivos del entorno inmediato: pinta a sus amigos, su perro, su casa, las habitaciones donde se alberga en sus viajes o los paisajes que visita. Apenas unos pocos motivos son imaginados. Retratos, naturalezas muertas y paisajes son sus temas principales. "pinto lo que quiero, cuando quiero y donde quiero", repetía con placer el pintor, uno de los artistas plásticos más ricos del mundo. "Pinto sólo para mí". Pero todo indica que otros también disfrutan con su arte: sus obras se subastan a millones de dólares.
En los últimos tiempos, sin embargo, Hockney se mostró públicamente en Gran Bretaña, más que como artista, como apasionado fumador. Como uno de los líderes de las protestas contra la rigurosa ley antitabaco británica, declaró a un diario: ""Fumé toda mi vida y no dejaré que ningún gobierno me lo prohíba". Desde entonces, Hockney sólo aparece con un cigarrillo en la boca.
Hockney se crió en Bradford, norte de Inglaterra, y estudió en el Royal College of Art de Londres. A principios de los 60 huyó de la melancólica bruma londinense, pasó por varias cátedras en universidades estadounidenses y terminó por asentarse en Los Angeles. En los 80 y los 90, el pintor, conocido por su abierta homosexualidad, vio cómo el sida llevaba a varios de sus amigos.
Casi sin audición desde hace años, se lamentaba recientemente de la profunda obsesión de la juventud por la música y el ruido: "Ya todo gira en torno al sonido. La gente ya no mira. Para mí, sin embargo, los ojos son mi mayor felicidad". (DPA)

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