02 Julio 2007 Seguir en 
La lealtad política tiene su precio, más aún en la adversidad electoral. Alperovich trata de aprovechar las vicisitudes kirchneristas y convertirlas en obras para la próxima etapa.Cada vez que viene un presidente de la Nación a Tucumán, el gobernador de turno espera que, entre sus palabras, efectúe anuncios de obras para mejorar la calidad de vida de la población. José Alperovich no es la excepción a la regla y, en los últimos días frecuentó al presidente Néstor Kirchner, quien en una semana encabezará en esta ciudad los actos del Día de la Independencia.
El Gobierno nacional está de oferta, dispuesto a asumir los costos fiscales que entraña el acompañamiento político de distritos electorales claves para su continuidad, más allá del 28 de octubre. Aunque el triunfo electoral oficialista parece no peligrar, las elecciones perdidas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en Tierra del Fuego encendieron luces de alarma en la Casa Rosada.
El oficialismo puso toda la carne en el asador para que la distribución de obras públicas abarque toda la geografía nacional. La ejecución presupuestaria es una clara muestra de esa tendencia. Durante el primer trimestre, la Nación incrementó un 51,7% las transferencias de capital respecto de igual período de 2006.
Es el efecto derrame propio de los ciclos electorales, que disparan el gasto público y que se disimulan con la fortaleza fiscal de un Estado que no coparticipa los fondos que generan las economías regionales en el exterior. Las retenciones son hoy la caja fuerte y el poder político del kirchnerismo.
¿Cómo aprovechar los temores de la Casa Rosada provocados por los resultados electorales? En la sede de 25 de Mayo y San Martín saben perfectamente la fórmula a aplicar: gestionar la mayor cantidad de fondos federales para obras hasta fines de octubre, con el fin de ingresar a un segundo mandato con un programa ya financiado. Y en esto los funcionarios buscan aprovechar la dispersión política que hay en otras provincias, con gobernadores que finalizan su mandato y se despreocupan por la gestión. En las huestes alperovichistas señalan que Kirchner no anunciará nada para Tucumán el lunes que viene cuando hable al país desde la Casa Histórica. Sin embargo, hay tres obras que ya están pactadas de antemano, más allá de las palabras, al decir de los funcionarios provinciales.
Los fondos servirán para construir el Dique Potrero de las Tablas (no menos de $ 70 millones), financiar más ampliaciones y mejoras de la ruta 38 y hasta un plan de obras hídricas por $ 35 millones, con el fin de prevenir inundaciones. A esto hay que agregar que, a principios de setiembre, Tucumán recibirá la confirmación oficial acerca del giro de U$S 100 millones del crédito para obras de infraestructura regional, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A ello se debe que en el alperovichismo haya tanta certeza del triunfo electoral. Afirman que el mandatario está más preocupado en saber quiénes integrarán su próximo gabinete que conocer el nombre del postulante de mayor fuste que presentará la oposición para los comicios del 26 de agosto. A tal punto llega la confianza oficial que el Poder Ejecutivo tiene un colchón financiero que superaría los $ 500 millones para transitar, al menos, los dos primeros años de la próxima gestión sin contratiempos fiscales.
Sin embargo, por más que el Poder Ejecutivo no haya publicado la ejecución presupuestaria de la primera parte del año (un claro incumplimiento no sólo fiscal sino también con el contribuyente que quiere saber adónde va a parar la plata que tributa), el gasto público está creciendo (cerca del 35% respecto del ejercicio anterior) a un ritmo tal que supera la velocidad de los ingresos (30% en promedio). Si bien esta tendencia aún no es preocupante, cuando las vacas no sean tan gordas como ahora...







