Aquella breve nota del viernes

Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

27 Junio 2007
Para el terreno de las ucronías quedará la incógnita de qué hubiera ocurrido si el subrogante no hubiera enviado su audaz y poco usual misiva a los camaristas.

El viernes a la tarde, antes de emprender su habitual viaje semanal a Monteros para visitar a familiares y a amigos (él es oriundo de esa ciudad), Mario Racedo lucía relajado y convencido, pese a que durante la mañana había concretado un acto arriesgado y poco común para una estructura piramidal y flemática como la judicial, en particular la federal. Le había elevado una breve pero significativa nota al presidente de la Cámara Federal de Apelaciones, Raúl David Mender, en la que a este y a sus cuatro pares les recordaba que, inexorablemente, su designación al frente del juzgado Nº 2 vencería el miércoles 27 y que para poder continuar en el cargo -siempre que los camaristas lo consideraran conveniente, claro- resultaba imprescindible un acto expreso que así lo dispusiera.
Aunque lo hizo mediante el formalismo propio del derecho, Racedo los estaba notificando de que, si no lo ratificaban, como finalmente sucedió ayer cerca de las 13, hoy iba a entregar las llaves a una de las secretarias del despacho, iba a retirar sus libros y se iba a ir a su estudio a ejercer nuevamente como abogado.
Para el siempre imaginativo terreno de las ucronías queda el conjeturar qué hubiera sucedido si Racedo no hubiera presentado la nota o, bien, si después de haberlo hecho, la Cámara Federal se hubiera tomado su tiempo sin prestar atención a ese fatal término de caducidad que Racedo había calificado de inexorable. Pero los hechos son los hechos, como les gusta decir a los pragmáticos anglosajones. Racedo fue confirmado y, gracias a su determinada nota, consiguieron lo mismo Guillermo Molinari y Ricardo Moreno, al frente -también en el carácter de subrogantes- de los juzgados de Santiago del Estero y de Catamarca, respectivamente, que también dependen de la Cámara tucumana.
A Racedo le tocó hacerse cargo de un juzgado literalmente descabezado, como consecuencia de la destitución de su antiguo titular, Felipe Terán. En su afán por devolverle autoestima al personal y orden a un despacho dramáticamente afectado por un escándalo sin precedentes, el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en la causa “Rosza” declaró inconstitucional el régimen de subrogancias por medio del cual él mismo había llegado al juzgado el 4 de julio del año pasado, lo desorientó. Y hasta le quitó base de sustentación. ¿Cómo podría seguir disponiendo actos de gravedad, como autos de procesamientos (contra el propio ahora imputado Terán, por ejemplo) si su legitimidad de origen estaba cuestionada?
Nadie debe olvidar que en el juzgado Nº 2, además de miles de otras causas, están en marcha las fundamentales investigaciones por presuntas defraudaciones (o tentativas) con títulos públicos; es decir, aquellas de las que depende poder esclarecer qué sucedió en ese despacho y en el juzgado Nº 1 como para que Terán haya tenido que ser removido y como para que Jorge Parache (ex magistrado renunciante y también imputado) haya tenido que irse apresuradamente. En esto puede residir la causa última de por qué Racedo necesitaba ser ratificado expresamente. Se trataba de mucho más que un simple acto formal.

Encuentro no oficial
Sin la nota de Racedo, la incertidumbre podía haberse prolongado. Desde que la Corte Suprema derribó el régimen de subrogancias, y con ella la posibilidad de seguir designando jueces interinos, la otrora poderosa comisión de Selección de Magistrados del Consejo de la Magistratura quedó reducida a una expresión minimalista. Basta ver los escuetos órdenes del día de sus reuniones -como la de hoy-, ajustados estrictamente a la marcha de los concursos convocados para cubrir vacantes.
Además, pese a los amagues iniciales, la Corte jamás contestó la invitación para que uno de sus ministros fuera a la mencionada comisión a explicar cómo seguiría la historia después del fallo sobre las subrogancias. El desaire, en los hechos, debilitó aún más al Consejo mismo (no ya sólo a los miembros de Selección). Y la prueba es que, según lo confirmó ayer a LA GACETA desde Buenos Aires uno de los asistentes, nueve consejeros acudieron la semana pasada a entrevistarse con el presidente del alto tribunal, Ricardo Lorenzetti, y con Juan Carlos Maqueda (ambos serían los mentores de la sentencia “Rosza”). Entre los participantes habrían estado varios que no integran la comisión de Selección, como los senadores María Laura Leguizamón y Nicolás Fernández (PJ), y los abogados Pablo Mosca y Santiago Montaña. En cambio, no habrían asistido Luis María Bunge Campos, Mariano Candioti y los dos representantes de la UCR, el diputado Federico Storani y el senador Ernesto Sanz.
El corolario del encuentro habría sido que el problema excede ya al Consejo y a la Corte, porque todo depende ahora de que el Congreso sancione un nuevo sistema para cubrir las vacancias. Entonces, sin aquella audaz nota, probablemente, Racedo hubiera seguido a las resultas de estas idas y vueltas interminables.