Un violador consumó su venganza contra su esposa y sus hijos asesinándolos a tiros
El recluso debía volver el lunes a la cárcel, pero huyó y se dirigió a su casa en Los Sarmiento, donde masacró a su familia, y luego desapareció. Las víctimas fueron inmovilizadas con cinta de embalar, torturadas con un cuchillo y luego ultimadas a balazos. Los vecinos están aterrorizados. Búsqueda policial.
15 Junio 2007 Seguir en 
CONCEPCION.- Se trató de una fría y premeditada ejecución. Jorge Orlando Vera, de 47 años, un recluso que desde el lunes estaba prófugo de la cárcel de esta ciudad, concretó el miércoles a la noche la venganza que tanto había planificado. En su casa de Los Pizarro, en La Cocha, asesinó a balazos y a cuchilladas a su esposa Olga Zamudio, de 48 años, y a sus hijos Gustavo Antonio, de 22 y Jorge Luis, de 18. Vera no tuvo piedad con sus víctimas: las amordazó y las maniató con cinta de embalar; luego las torturó produciéndoles cortes con un cuchillo y finalmente las remató con una pistola calibre 11.25. El asesino, tras la masacre, escapó y hasta anoche no había podido ser encontrado.
El triple homicidio dejó espantados a los vecinos de esa pequeña comunidad, ubicada 6 kilómetros al oeste de La Cocha. Según algunos de ellos, el rencor de Vera se originó en los testimonios en su contra que escuchó de sus propios familiares, durante el juicio al que fue sometido en 2001, tras el cual fue condenado a nueve años de prisión, por el delito de violación calificada. Las víctimas habían sido dos de sus propias hijas.
Vera había salido de la cárcel por una licencia excepcional de dos días el sábado a la mañana. Según las disposiciones legales debía retornar a la unidad carcelaria el lunes a la mañana. El homicida tenía prohibido aproximarse a la casa de su ex esposa, ya que había sido denunciado por Zamudio por haberla amenazado y de haber intentado golpearla.
"A las 10 (de la noche) Gustavo llegó herido hasta la otra pieza que tenemos al costado. Mi esposo Carlos Vera se fue de inmediato a la comisaría a pedir que vengan policías. Al chico lo llevaron de urgencia al hospital, pero murió al llegar. Después se descubrió que en la otra casa estaban asesinados Olga y Jorgito. Nosotros no escuchamos tiros ni gritos", comentó María de los Angeles Pizarro, cuñada de Zamudio. La mujer y su esposo, hermano del homicida, viven a unos 10 metros de la vivienda en que se desencadenó la tragedia.
"Jorge siempre me decía que iba a matar a su mujer y a los hijos que habían testimoniado en su contra. Yo le decía que no cometiera ninguna locura y que se hiciera cargo de sus errores. Parecía que tenía una enfermedad en la cabeza, por cómo hablaba. En varias ocasiones le avisé a la Policía lo que él me decía", dijo José Domingo Vera, otro de los hermanos del violador. Según la Policía, el asesino llegó a su ex hogar alrededor de las 21.50. Su esposa y los dos hijos, únicos ocupantes de la casa, fueron sorprendidos cuando se aprestaban a cenar en el living comedor. Sobre la mesa quedó intacto un plato de arroz con leche. Armado con la pistola, el asesino los condujo al dormitorio y allí los inmovilizó. Luego, durante varios minutos, les produjo prolijos cortes en el cuello y en los brazos. Después, comenzó a disparar. La mujer y Jorge Luis murieron en el acto, mientras que Gustavo sobrevivió sólo una hora.
La fiscal Cecilia Tasquer de Villaluenga supervisó todas las medias que se realizaron tras el horrendo episodio, y dispuso que la Policía custodie a los otros miembros de la familia, ante la posibilidad de que Vera pretenda seguir con su tarea homicida. La tristeza y el horror dominaban a todos en el pueblo. (C)
El triple homicidio dejó espantados a los vecinos de esa pequeña comunidad, ubicada 6 kilómetros al oeste de La Cocha. Según algunos de ellos, el rencor de Vera se originó en los testimonios en su contra que escuchó de sus propios familiares, durante el juicio al que fue sometido en 2001, tras el cual fue condenado a nueve años de prisión, por el delito de violación calificada. Las víctimas habían sido dos de sus propias hijas.
Vera había salido de la cárcel por una licencia excepcional de dos días el sábado a la mañana. Según las disposiciones legales debía retornar a la unidad carcelaria el lunes a la mañana. El homicida tenía prohibido aproximarse a la casa de su ex esposa, ya que había sido denunciado por Zamudio por haberla amenazado y de haber intentado golpearla.
"A las 10 (de la noche) Gustavo llegó herido hasta la otra pieza que tenemos al costado. Mi esposo Carlos Vera se fue de inmediato a la comisaría a pedir que vengan policías. Al chico lo llevaron de urgencia al hospital, pero murió al llegar. Después se descubrió que en la otra casa estaban asesinados Olga y Jorgito. Nosotros no escuchamos tiros ni gritos", comentó María de los Angeles Pizarro, cuñada de Zamudio. La mujer y su esposo, hermano del homicida, viven a unos 10 metros de la vivienda en que se desencadenó la tragedia.
"Jorge siempre me decía que iba a matar a su mujer y a los hijos que habían testimoniado en su contra. Yo le decía que no cometiera ninguna locura y que se hiciera cargo de sus errores. Parecía que tenía una enfermedad en la cabeza, por cómo hablaba. En varias ocasiones le avisé a la Policía lo que él me decía", dijo José Domingo Vera, otro de los hermanos del violador. Según la Policía, el asesino llegó a su ex hogar alrededor de las 21.50. Su esposa y los dos hijos, únicos ocupantes de la casa, fueron sorprendidos cuando se aprestaban a cenar en el living comedor. Sobre la mesa quedó intacto un plato de arroz con leche. Armado con la pistola, el asesino los condujo al dormitorio y allí los inmovilizó. Luego, durante varios minutos, les produjo prolijos cortes en el cuello y en los brazos. Después, comenzó a disparar. La mujer y Jorge Luis murieron en el acto, mientras que Gustavo sobrevivió sólo una hora.
La fiscal Cecilia Tasquer de Villaluenga supervisó todas las medias que se realizaron tras el horrendo episodio, y dispuso que la Policía custodie a los otros miembros de la familia, ante la posibilidad de que Vera pretenda seguir con su tarea homicida. La tristeza y el horror dominaban a todos en el pueblo. (C)









