"Una novia errante" conjuga humor y drama en un planteo existencial
La actriz y directora Ana Katz fue aclamada en el Festival de Cannes. Habló de su filme a pocos días del estreno en Buenos Aires. Una historia de amores y desventuras al borde del abismo. Un relato sobre el después de la ruptura de la pareja.
"El amor extremo y el estado cercano al abismo son puntos centrales del guión. Quería mostrar el estado del enamorado que pierde la objetividad, se equivoca y se vuelve torpe, ya que por un lado se muestra completamente entregado y, paralelamente, se vuelve egoísta e injusto", afirmó Katz.
Recién llegada de Francia, donde la película recibió sus primeros aplausos en el Festival de Cine de Cannes, la cineasta señaló que le interesaba "contar el después de la ruptura amorosa, donde muchas veces lo que no se soporta es el vacío que queda, el silencio".
"Se trata de un vacío que a veces tiene más que ver con lo existencial que con lo amoroso, porque el vacío que aparece va más allá de la persona que ya no está", completó Katz, que se puso en la piel de Inés, una joven librada a su suerte en un solitario y extraño balneario bonaerense.
Acompañada por Carlos Portaluppi y por su pareja, el actor uruguayo Daniel Hendler, que interpreta al novio que abandona a Inés, la directora de "El juego de la silla" trata con humor ácido e irónico las desventuras y el vagabundeo emocional de esta joven enamorada, confundida y errante.
La entrevista con la cineasta se desarrolló así:
-¿Por qué elegiste el humor para describir el drama de Inés?
-Me resulta difícil tomarme completamente en serio las cosas. Por más que se trate de un dramón me cuesta pensar una película sin humor. Creo que por más dramático y serio que parezca un tema, siempre conlleva una profundidad que es el humor.
-¿Te interesaba mostrar el amor desde un óptica pesimista?
-En realidad intenté tratar el amor de modo diferente del que habitualmente se usa para mostrar las historias románticas en el cine actual, que generalmente están pasteurizadas, sin pasión. En este caso, quería contar la historia de Inés desde un nivel de ceguera total.
-Pese a su realismo, la película transita una zona onírica...
-Sí, porque para mí era como explorar el mundo de las pesadillas, explorar el miedo a la fragilidad del amor. Y por eso quería que visualmente la estética tuviera algo onírico, con imágenes que tuvieran que ver con el mal sueño de un abandono.
-¿Qué tipo de mujer es Inés? ¿Por qué reacciona del modo en que lo hace?
-Mi intención era trabajar un tipo de mujer que se transforma en monstruo, que se va descomponiendo en todo sentido. Alguien a quien el drama vuelve como una heroína con el rimmel corrido, los pelos revueltos y la voz cambiada. Creo que eso es algo muy femenino. Por eso me interesaba esta mujer que, sin abandonar su femineidad, se transforma en un especie de monstruo.
-¿Qué función cumple el lugar en el que transcurre la acción?
-Tiene algo de existencialista. Resulta muy difícil pasar más de 10 minutos en una playa sin pensar en la finitud de la vida y en la infinitud del mar y la arena. (Telam)






