05 Junio 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "En llamas" es una expresión que, por estos días, queda chica para describir la situación de los famosos que conviven en la casa de Gran Hermano. La gala de anoche mostró un grupo sensible, nostálgico, más ilusionado con abandonar el reality que con apostar por el premio final.
Tanto sucumbió la "extrañitis" entre los habitantes de la vivienda que, por primera vez desde que duermen bajo el mismo techo, Nino Dolce fue secretamente envidiado por varios de sus compañeros. Sucede que el 64,1% del público decidió que el erótico cocinero de Playboy vuelva con sus afectos y deje de poner a prueba la paciencia del resto de los "hermanitos" con sus continuos brotes de locura.
El momento más picante de la salida del chef -que ya había sido nominado en la primera semana- fue el reencuentro con su novia, la modelo Valeria de Gennaro, a quien acarició y besó apasionadamente, fiel al temperamento que mostró frente a las cámaras.
Según anunció Jorge Rial un rato antes de la despedida de Dolce, no todas serán mieles para el cocinero, ahora que fue expulsado. Y la mala noticia viene en forma de juicio: el que le iniciará la familia de Luis Vadalá, a quien el chef tildó de represor cuando se enteró de que había trabajado como policía durante la última dictadura.
Ni enterado de los planes vengativos de su familia, el ex de Moria Casán protagonizó ayer uno de los encuentros más significativos entre un participante y Gran Hermano. Vadalá se acercó al confesionario y, con cara de pocos amigos, reconoció que deseaba salir de esas famosas paredes.
Lo mismo ocurrió con Jorge "el Roña" Castro que condimentó su pedido de auxilio con lágrimas e indescifrables balbuceos. "No aguanto más. Todo muy lindo, pero lo mío no es el encierro", sollozaba. Para convencerlo de lo contrario la producción utilizó una fina estrategia: permitió que su esposa hablara con él y lo estimulara a continuar en el programa. (Especial)
Tanto sucumbió la "extrañitis" entre los habitantes de la vivienda que, por primera vez desde que duermen bajo el mismo techo, Nino Dolce fue secretamente envidiado por varios de sus compañeros. Sucede que el 64,1% del público decidió que el erótico cocinero de Playboy vuelva con sus afectos y deje de poner a prueba la paciencia del resto de los "hermanitos" con sus continuos brotes de locura.
El momento más picante de la salida del chef -que ya había sido nominado en la primera semana- fue el reencuentro con su novia, la modelo Valeria de Gennaro, a quien acarició y besó apasionadamente, fiel al temperamento que mostró frente a las cámaras.
Según anunció Jorge Rial un rato antes de la despedida de Dolce, no todas serán mieles para el cocinero, ahora que fue expulsado. Y la mala noticia viene en forma de juicio: el que le iniciará la familia de Luis Vadalá, a quien el chef tildó de represor cuando se enteró de que había trabajado como policía durante la última dictadura.
Ni enterado de los planes vengativos de su familia, el ex de Moria Casán protagonizó ayer uno de los encuentros más significativos entre un participante y Gran Hermano. Vadalá se acercó al confesionario y, con cara de pocos amigos, reconoció que deseaba salir de esas famosas paredes.
Lo mismo ocurrió con Jorge "el Roña" Castro que condimentó su pedido de auxilio con lágrimas e indescifrables balbuceos. "No aguanto más. Todo muy lindo, pero lo mío no es el encierro", sollozaba. Para convencerlo de lo contrario la producción utilizó una fina estrategia: permitió que su esposa hablara con él y lo estimulara a continuar en el programa. (Especial)






