Sostienen que para cambiar de vida hay que cambiar la forma de pensar

Los directivos de Hogar Sion quieren ampliarlo para alojar una mayor cantidad de chicos. Los mismos adolescentes podrían ayudar con esa tarea.

BUSCANDO LA LUZ. Los internos deben aceptar y practicar una vida espiritual como parte de la terapia. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
BUSCANDO LA LUZ. Los internos deben aceptar y practicar una vida espiritual como parte de la terapia. LA GACETA / JUAN PABLO SANCHEZ NOLI
27 Mayo 2007
El Hogar Sion pretende ser tan sólo un eslabón de una cadena con la que se pretende recuperar a los menores en conflicto con la Ley.
“El objetivo es cerrar esta casa a fines de este año para abrir una mucho más grande, donde podamos alojar a una cantidad mayor de chicos”, aseguró entusiasmado Gustavo Asís.
El licenciado Gustavo González insistió en que la iniciativa es crecer con el correr de los meses. “A veces no podemos creer lo que hemos avanzado. Somos perfectamente conscientes de que aún nos queda mucho camino por recorrer, pero estamos dispuestos a hacerlo”, expresó.
Asís, por su parte, explicó que la intención es que los mismos chicos que se encuentran en el hogar, después de haber completado su recuperación, podrían ayudar a realizar esta tarea.
“En el barrio, cuando se enteraron de lo que estábamos haciendo, se arrimaron muchos chicos en busca de ayuda. Lamentablemente no pudimos darles una respuesta a sus planteos, pero en el futuro sí lo queremos hacer. Y estoy seguro de que podremos”, aseguró.
Jorge, Daniel y Augusto, cuando visitan el Roca, hablan con los jóvenes con quienes compartían el encierro y que todavía se encuentran en el instituto de menores. “Ellos nos preguntan cómo estamos. Cuando nos ven, quieren venir, pero nosotros les contestamos que primero tienen que estar dispuestos a cambiar”, explicaron.
Justamente, el cambio es lo que más les costó a los chicos que viven y trabajan en el hogar. “No cualquiera puede venir a la casa. Charlamos con ellos y después de que comprobamos que están dispuestos a modificar su vida, pedimos la autorización al juez para traerlos”, explicó Asís.

Cortes y tatuajes
González explicó que el Hogar es el refugio para aquellos chicos que no pueden ser contenidos por sus familiares.
“Ellos merecen una oportunidad en una sociedad que se niega a extenderles una mano. Es muy difícil que consigan un trabajo cuando les vean los brazos con cortes o llenos de tatuajes tumberos. Aquí, en cambio, les enseñamos a trabajar para que solos puedan salir adelante y rehacer sus vidas”, concluyó.