27 Mayo 2007 Seguir en 
El flamenco, al igual que otros géneros, es producto de una fusión de varias culturas. Nació y se desarrolló en Andalucía, durante el periodo que va desde el siglo XVIII al siglo XX. Se conformó como una reunión y mezcla de otros estilos musicales populares con participación o influencias judías, moriscas, gitanas, castellanas, africanas y americanas así como de las cantigas peninsulares durante el medievo. Se expresa a través del cante, el toque y el baile. En 1958 se fundó en Jerez de la Frontera la primera Cátedra de Flamencología, siendo la más antigua institución académica creada en Andalucía para el estudio, la investigación, conservación, promoción y defensa del Arte Flamenco.
Este género es un arte que se presenta en dos variantes: música y baile. En la musica, el cante y la guitarra ocupan el papel fundamental, aunque existen otros instrumentos (como la percusión) y acompañamientos (como las palmas) que generalmente estan presentes y juegan un papel muy importante.
El baile es muy expresivo y cada parte del cuerpo se mueve de forma coordinada: los pies, las piernas, las caderas, el talle, los brazos, las manos, los dedos, los hombros y la cabeza. “Estos movimientos son, muy a menudo, espontáneos y sentidos en el alma. Y los bailaores expresan en sus rostros esos sentires”, comentó la bailaora Georgina Rague.
Para aprender flamenco, como en otras manifestaciones artisticas, son necesarios dos ingredientes: alma y técnica. Y esto no resulta meta fácil, sobre todo cuando se considera que el flamenco es muy rico y complicado. “Se pueden contar más de 50 “palos” del flamenco. Cada “palo” tiene su propio ritmo, su propia armonía y, en caso de que sea un palo bailable, cada cual será una danza diferente”, argumentó la profesora Ana Sancho Miñano. Así, están el jondo (bulerias, farrucas, martinete, minera, petenera, soleá y tiento) o el festero (como las sevillanas, la rumba, los tangillos y las alegrías).
El flamenco está lleno de términos antiguos, provenientes en su mayoría de las “Jarchas”, canciones mozárabes de la Edad Media.
Otras influencias importantes en este género español son el romancero o los refranes y proverbios populares.
Las letras de los cantes flamencos expresan en tres o cuatro versos toda una vivencia, una situación compleja que suele llevar consigo una serie de sentimientos que fluyen con la música y la voz.
En el flamenco viejo se puede encontrar letras humanas, que se alejan de toda creación literaria para transmitir a los oyentes el mundo personal del que canta y se queja. Al ser además cantes poco estructurados dan lugar a una serie de modificaciones en las palabras, tanto por influencias del lenguaje caló (el propio de los gitanos), como por la misma exaltación del momento.
Atendiendo a la métrica de las coplas se pueden dividir en tres grandes grupos: las herederas del romance, las herederas de la seguidilla y las herederas del fandango. Cada una de ellas, con su propio número de versos.
Este género es un arte que se presenta en dos variantes: música y baile. En la musica, el cante y la guitarra ocupan el papel fundamental, aunque existen otros instrumentos (como la percusión) y acompañamientos (como las palmas) que generalmente estan presentes y juegan un papel muy importante.
El baile es muy expresivo y cada parte del cuerpo se mueve de forma coordinada: los pies, las piernas, las caderas, el talle, los brazos, las manos, los dedos, los hombros y la cabeza. “Estos movimientos son, muy a menudo, espontáneos y sentidos en el alma. Y los bailaores expresan en sus rostros esos sentires”, comentó la bailaora Georgina Rague.
Para aprender flamenco, como en otras manifestaciones artisticas, son necesarios dos ingredientes: alma y técnica. Y esto no resulta meta fácil, sobre todo cuando se considera que el flamenco es muy rico y complicado. “Se pueden contar más de 50 “palos” del flamenco. Cada “palo” tiene su propio ritmo, su propia armonía y, en caso de que sea un palo bailable, cada cual será una danza diferente”, argumentó la profesora Ana Sancho Miñano. Así, están el jondo (bulerias, farrucas, martinete, minera, petenera, soleá y tiento) o el festero (como las sevillanas, la rumba, los tangillos y las alegrías).
La influencia de los refranes y proverbios
El flamenco está lleno de términos antiguos, provenientes en su mayoría de las “Jarchas”, canciones mozárabes de la Edad Media.
Otras influencias importantes en este género español son el romancero o los refranes y proverbios populares.
Las letras de los cantes flamencos expresan en tres o cuatro versos toda una vivencia, una situación compleja que suele llevar consigo una serie de sentimientos que fluyen con la música y la voz.
En el flamenco viejo se puede encontrar letras humanas, que se alejan de toda creación literaria para transmitir a los oyentes el mundo personal del que canta y se queja. Al ser además cantes poco estructurados dan lugar a una serie de modificaciones en las palabras, tanto por influencias del lenguaje caló (el propio de los gitanos), como por la misma exaltación del momento.
Atendiendo a la métrica de las coplas se pueden dividir en tres grandes grupos: las herederas del romance, las herederas de la seguidilla y las herederas del fandango. Cada una de ellas, con su propio número de versos.










