Para llegar a Papa hay que ser católico. No es sólo una verdad de Perogrullo; es una frase que casi con ironía usan algunos dirigentes del peronismo para vincular su ideología con la religión y trasladarla al plano electoral. "No se puede ser gobernador por el peronismo y no ser peronista", confió ayer un secretario de Estado -que no tiene su despacho en la Casa de Gobierno- para resumir la posición de un amplio sector del PJ que presiona a Julio Miranda para que cese con sus guiños a José Alperovich.
Para este grupo -donde se mezclan mirandistas, olijelistas, menemistas y duhaldistas-, lo trascendente no es la aspiración política del senador sino el aliento que recibe del mandatario. El discurso de algunos de estos dirigentes, que el domingo dieron el primer paso en Escaba para convertirse en una corriente de opinión -y de presión sobre Miranda-, apunta a lo doctrinario. Para ellos la ideología es lo último que se puede perder en manos de encuestas de opinión. No es una movida contra el ex ministro, sino contra Miranda. El mensaje es claro: el candidato saldrá del peronismo y será peronista. No quieren bajar a Alperovich, sino convencer al presidente del PJ.
Algunos dicen que no es bueno confundir al electorado, menos a los afiliados del PJ, sosteniendo a extrapartidarios que no tienen ninguna obligación con el peronismo, pero al que todos le deben. Cada vez son más las piedras que se juntan para frenar el juego de indefiniciones de Miranda. Unos advierten el peligro de que el PJ termine diluyéndose en una fórmula impura que conspire contra su existencia política y que, finalmente, los lleve a perder. Otros, como Sisto Terán, están convencidos de que la gestión de Miranda garantiza la victoria en 2003.
¿Quiénes integran aquel dique de contención? Los apellidos se refuerzan entre sí para que el sentido de la intención sea prístino para Miranda. Al analizar los nombres -Alberto Herrera, José Carbonell, Ricardo Maturana, Alberto Darnay, Virgilio Núñez, Raúl Penna, Lito Mejías, Andrés Pelayo Méndez (Olijela Rivas se sumaría el domingo y Fernando Juri sería invitado)-, cabe preguntar si con tantos votos detrás de estos dirigentes, Miranda se animará a bendecir a un ex radical. Es un dilema para el gobernador: da muestras de fortaleza apoyando a Alperovich con el riesgo de aislarse partidariamente, o cesa con sus guiños al senador, con el peligro de mostrar debilidad política.
Lo único firme es que persistirá en la tarea de desconcertar hablando primero de reforma constitucional y luego de rechazo a la reelección. La táctica de la confusión sirve para no perder autoridad, instalándose por encima de las luchas intestinas. Varios de sus colaboradores están convencidos de que prefiere volver al Senado, pero que no puede decirlo porque los aspirantes a gobernador se multiplicarían, dañarían su gestión y disminuirían su poder. Esto no es admisible para un dirigente que se jacte de ser un conductor.
Habrá que seguir de cerca la relación entre este sector de presión peronista y Miranda, y entre este y Alperovich, de quien no puede prescindir, por ahora, por razones institucionales. Más adelante tal vez se confirme aquella vieja regla de que en política no hay amigos, sólo conveniencias.
30 Octubre 2002 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis







