29 Octubre 2002 Seguir en 
Por distintas razones, San Miguel de Tucumán sigue presentando, hasta la segunda semana de octubre, el registro más alto de inflación de bolsillo. Acumuló, desde el abandono de la convertibilidad, un incremento del 74,4% (pese a registrar una caída del 1% con relación al 31 de agosto). Este liderazgo negativo se debe, entre otras cosas, según un informe proporcionado a LA GACETA por la Consultora CCR, a que en esta capital es muy alta la proporción de la población que está limitada a la adquisición de la canasta básica de alimentos, lo que se mide en la inflación de bolsillo. También influyen en grado sumo en el incremento de los productos el flete y el desagio de los bonos.
A diferencia de otras medidas, el índice, elaborado por la Consultora CCR, considera el precio promedio de los productos que efectivamente se compraron en supermercados, hipermercados, autoservicios y almacenes.
La particularidad de este índice es que contempla tanto la variación lineal de los precios de los productos (oferta), como así también lo que efectivamente la gente compra (demanda). Esta demanda se vincula a la elección que, dada esa variación de los precios, hicieron los consumidores al seleccionar los productos buscando atenuar el efecto de la inflación para justamente lograr satisfacer las necesidades de su canasta de compra habitual.
El equipo que dirige el especialista Guillermo Oliveto plantea que al registrar el mayor grado de pobreza (63,8%) y un altísimo nivel de indigencia (23% de familias) Tucumán, de no variar fundamentalmente estas condiciones socio-económicas, aparecerá normalmente entre las provincias con mayor índice de inflación de bolsillo.
Este sistema dimensiona la "sensación térmica" de la inflación, ya que refleja el impacto de esta nueva realidad -inflación, escasez de dinero, desabastecimiento- en el consumo de los argentinos. A diferencia de los índices lineales (que monitorean la evolución del precio de productos fijos seleccionados, independientemente de si fueron comprados o no), la inflación de bolsillo refleja el impacto real de la inflación sobre el bolsillo del consumidor, porque mide la variación del precio promedio de aquellos productos que efectivamente fueron comprados.
Con este criterio, al comparar el precio promedio pagado hoy versus el pagado previo a la devaluación por kilo/unidad/litro de productos consumidos, mide no sólo el aumento de precios sino también los cambios de hábitos de consumo. Estos cambios de hábitos de consumo de los argentinos -o de la forma de distribuir su dinero- se generan de dos maneras diferentes:
Cambios voluntarios: en función de la disponibilidad del presupuesto del hogar y las preferencias del consumidor.
Cambios forzados: el consumidor modifica su hábito de compra sustituyendo su producto habitual por otro. Puede darse por desabastecimiento de productos.
Comparaciones
La inflación de bolsillo fue desigual en los distintos centros urbanos del país. En Capital Federal y Gran Buenos Aires se registra la inflación más baja en comparación al resto de las ciudades, aunque alcanza el 59,9%. Con aumento de precios en los productos de la canasta básica y un 48% de hogares del conurbano bajo la línea de pobreza, resulta poco sorpresiva la caída de consumo registrada en julio, del 24,4%.
Metodología
La inflación de bolsillo contiene información de 70 categorías que incluyen productos alimenticios, artículos de cosmética, de aseo personal y de limpieza. Considera todos los productos que componen las categorías relevadas.
El índice se construye semanalmente e incluye el comportamiento de las ventas en hipermercados, supermercados, autoservicios y almacenes a nivel nacional. Al informar el impacto mensual tiene en cuenta la variación de precios y un mix de consumo entre el primero y último día del mes.
Para calcular el índice de cada categoría se calcula la media geométrica de los negocios, lo que minimiza el efecto de los valores extremos. En el índice agregado, cada categoría pondera según la importancia que tiene en el consumo de la población en un período.
A diferencia de otras medidas, el índice, elaborado por la Consultora CCR, considera el precio promedio de los productos que efectivamente se compraron en supermercados, hipermercados, autoservicios y almacenes.
La particularidad de este índice es que contempla tanto la variación lineal de los precios de los productos (oferta), como así también lo que efectivamente la gente compra (demanda). Esta demanda se vincula a la elección que, dada esa variación de los precios, hicieron los consumidores al seleccionar los productos buscando atenuar el efecto de la inflación para justamente lograr satisfacer las necesidades de su canasta de compra habitual.
El equipo que dirige el especialista Guillermo Oliveto plantea que al registrar el mayor grado de pobreza (63,8%) y un altísimo nivel de indigencia (23% de familias) Tucumán, de no variar fundamentalmente estas condiciones socio-económicas, aparecerá normalmente entre las provincias con mayor índice de inflación de bolsillo.
Este sistema dimensiona la "sensación térmica" de la inflación, ya que refleja el impacto de esta nueva realidad -inflación, escasez de dinero, desabastecimiento- en el consumo de los argentinos. A diferencia de los índices lineales (que monitorean la evolución del precio de productos fijos seleccionados, independientemente de si fueron comprados o no), la inflación de bolsillo refleja el impacto real de la inflación sobre el bolsillo del consumidor, porque mide la variación del precio promedio de aquellos productos que efectivamente fueron comprados.
Con este criterio, al comparar el precio promedio pagado hoy versus el pagado previo a la devaluación por kilo/unidad/litro de productos consumidos, mide no sólo el aumento de precios sino también los cambios de hábitos de consumo. Estos cambios de hábitos de consumo de los argentinos -o de la forma de distribuir su dinero- se generan de dos maneras diferentes:
Cambios voluntarios: en función de la disponibilidad del presupuesto del hogar y las preferencias del consumidor.
Cambios forzados: el consumidor modifica su hábito de compra sustituyendo su producto habitual por otro. Puede darse por desabastecimiento de productos.
Comparaciones
La inflación de bolsillo fue desigual en los distintos centros urbanos del país. En Capital Federal y Gran Buenos Aires se registra la inflación más baja en comparación al resto de las ciudades, aunque alcanza el 59,9%. Con aumento de precios en los productos de la canasta básica y un 48% de hogares del conurbano bajo la línea de pobreza, resulta poco sorpresiva la caída de consumo registrada en julio, del 24,4%.
La inflación de bolsillo contiene información de 70 categorías que incluyen productos alimenticios, artículos de cosmética, de aseo personal y de limpieza. Considera todos los productos que componen las categorías relevadas.
El índice se construye semanalmente e incluye el comportamiento de las ventas en hipermercados, supermercados, autoservicios y almacenes a nivel nacional. Al informar el impacto mensual tiene en cuenta la variación de precios y un mix de consumo entre el primero y último día del mes.
Para calcular el índice de cada categoría se calcula la media geométrica de los negocios, lo que minimiza el efecto de los valores extremos. En el índice agregado, cada categoría pondera según la importancia que tiene en el consumo de la población en un período.







