03 Mayo 2007 Seguir en 
"Cada relación es distinta. No hay recetas", advierte la pedagoga Graciela Garrido, especialista en habilidades sociales comunicativas y con experiencia en mediación escolar. No obstante, se pueden dar algunas claves para mejorar el diálogo familiar entre los hermanos. "Ponerse en el lugar del otro, intentar respetar las diferencias y saber escuchar" son las tres claves para el entendimiento, ese valor tan escaso en las familias de hoy, bombardeadas por la televisión, los desencuentros y la falta de tiempo para el diálogo.
En primer lugar, hay que buscar un horario para el encuentro, sin que altere la dinámica diaria de la familia. Puede ser a la hora del almuerzo o de la cena, por la tarde, a la siesta, a la noche, al volver todos juntos de la escuela y del trabajo, en ese corto trayecto entre la escuela y la casa. Cualquier momento se puede convertir en un "espacio" constante y propio de la familia para dialogar.
A la hora de actuar
"No siempre debo tener la última palabra en las discusiones". "Poder escuchar y modificar mi opinión sin cambiar mis principios". "Aceptar que la otra persona puede tener la razón". Estas son algunas de las enseñanzas que se deben tratar de transmitir en el diálogo diario de la casa. ¿Cómo? Con el ejemplo. Es el camino más efectivo. Dialogar sin perder de vista estos preceptos ayuda a los chicos a internarlizarlos.
u Cuando los chicos se pelean la solución del conflicto puede ser más fácil cuando un adulto intenta mediar. En la escuela, el programa de "Mediación escolar" pone en práctica esta estrategia con los alumnos mayores, actuando como mediadores.
- Lo primero para ser mediador es estar convencido de querer hacerlo. El mediador - explica la licenciada Garrido - debe intentar que las partes se escuchen. Para ello, debe lograr primero que hagan silencio. Que dejen de gritarse.
- El mediador debe escuchar detenidamente cada una de las posturas de las partes y transmitirlas en forma exacta. Este proceso se llama parafraseo. Se abre así un camino para que uno lo escuche al otro. "En un tono tranquilo de voz, trato de reproducir exactamente, con las mismas palabras, lo que el otro está diciendo. El que está mediando mantiene la tranquilidad y logra que los chicos se expresen en forma respetuosa", explica.
- Hay pautas que marcan un encuadre. 1- Vamos a tener turnos para tomar la palabra. 2. Se debe hablar de manera respetuosa, sin ofensas.
- Repetir lo que dice uno al otro, con tranquilidad, suavemente. "Muchas veces, cuando los chicos están enojados, no se escuchan, pero cuando es otro quien le transmite lo que el chico quiso decir, comienza a funcionar el proceso de la comunicación", explica Garrido. Esto ocurre en el parafraseo, repetir tal cual lo pronuncia la otra parte. Quizás la primera vez no advierte el mensaje, pero sí la segunda, señala.
- El fin es un acuerdo entre las partes. No hay que ser juez. La tarea del mediador es únicamente lograr que los chicos se escuchen el uno al otro. "Es increíble ver los resultados, porque hasta la postura del cuerpo cambia; primero comienzan dándose la espalda y, cuando se escuchan y se entienden, llegan a un acuerdo, y después siguen conversando.
- El mediador es un puente, nada más. El mediador debe tratar de que las partes lleguen a un acuerdo sin escaladas de violencia. Es ayudar a que se escuchen, a ponerse en el lugar del otro, sin perder sus intereses.
A veces, sin querer, los padres premian al que cumple mejor con sus ideales
La debilidad de los padres por uno de sus hijos porque cumple con los ideales o los sueños no realizados de los adultos, son factores decisivos en el surgimiento de actitudes de competitividad y rivalidad entre los hermanos, explica la licenciada Silvina Cohen Imach, especialista en violencia familiar. "Sin querer, al premiar a quien lo hace mejor (cumplir con el deseo de los padres) y penalizar al que no cumple su ideal, los adultos introducen a sus hijos en la lógica de la comparación, ubicándose en una carrera por su atención, su amor y su reconocimiento", afirma la especialista, presidenta de la fundación Antígona. Los padres deben reconocer en cada hijo su propio deseo y establecer una ley sensata e igualitaria entre ellos, reconoce la psicóloga.
En primer lugar, hay que buscar un horario para el encuentro, sin que altere la dinámica diaria de la familia. Puede ser a la hora del almuerzo o de la cena, por la tarde, a la siesta, a la noche, al volver todos juntos de la escuela y del trabajo, en ese corto trayecto entre la escuela y la casa. Cualquier momento se puede convertir en un "espacio" constante y propio de la familia para dialogar.
A la hora de actuar
"No siempre debo tener la última palabra en las discusiones". "Poder escuchar y modificar mi opinión sin cambiar mis principios". "Aceptar que la otra persona puede tener la razón". Estas son algunas de las enseñanzas que se deben tratar de transmitir en el diálogo diario de la casa. ¿Cómo? Con el ejemplo. Es el camino más efectivo. Dialogar sin perder de vista estos preceptos ayuda a los chicos a internarlizarlos.
u Cuando los chicos se pelean la solución del conflicto puede ser más fácil cuando un adulto intenta mediar. En la escuela, el programa de "Mediación escolar" pone en práctica esta estrategia con los alumnos mayores, actuando como mediadores.
- Lo primero para ser mediador es estar convencido de querer hacerlo. El mediador - explica la licenciada Garrido - debe intentar que las partes se escuchen. Para ello, debe lograr primero que hagan silencio. Que dejen de gritarse.
- El mediador debe escuchar detenidamente cada una de las posturas de las partes y transmitirlas en forma exacta. Este proceso se llama parafraseo. Se abre así un camino para que uno lo escuche al otro. "En un tono tranquilo de voz, trato de reproducir exactamente, con las mismas palabras, lo que el otro está diciendo. El que está mediando mantiene la tranquilidad y logra que los chicos se expresen en forma respetuosa", explica.
- Hay pautas que marcan un encuadre. 1- Vamos a tener turnos para tomar la palabra. 2. Se debe hablar de manera respetuosa, sin ofensas.
- Repetir lo que dice uno al otro, con tranquilidad, suavemente. "Muchas veces, cuando los chicos están enojados, no se escuchan, pero cuando es otro quien le transmite lo que el chico quiso decir, comienza a funcionar el proceso de la comunicación", explica Garrido. Esto ocurre en el parafraseo, repetir tal cual lo pronuncia la otra parte. Quizás la primera vez no advierte el mensaje, pero sí la segunda, señala.
- El fin es un acuerdo entre las partes. No hay que ser juez. La tarea del mediador es únicamente lograr que los chicos se escuchen el uno al otro. "Es increíble ver los resultados, porque hasta la postura del cuerpo cambia; primero comienzan dándose la espalda y, cuando se escuchan y se entienden, llegan a un acuerdo, y después siguen conversando.
- El mediador es un puente, nada más. El mediador debe tratar de que las partes lleguen a un acuerdo sin escaladas de violencia. Es ayudar a que se escuchen, a ponerse en el lugar del otro, sin perder sus intereses.
A veces, sin querer, los padres premian al que cumple mejor con sus ideales
La debilidad de los padres por uno de sus hijos porque cumple con los ideales o los sueños no realizados de los adultos, son factores decisivos en el surgimiento de actitudes de competitividad y rivalidad entre los hermanos, explica la licenciada Silvina Cohen Imach, especialista en violencia familiar. "Sin querer, al premiar a quien lo hace mejor (cumplir con el deseo de los padres) y penalizar al que no cumple su ideal, los adultos introducen a sus hijos en la lógica de la comparación, ubicándose en una carrera por su atención, su amor y su reconocimiento", afirma la especialista, presidenta de la fundación Antígona. Los padres deben reconocer en cada hijo su propio deseo y establecer una ley sensata e igualitaria entre ellos, reconoce la psicóloga.
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