24 Abril 2007 Seguir en 
nota a confirmarBUENOS AIRES.- Nicolás Pachelo, el vecino del country Carmel señalado como sospechoso del crimen de María Marta García Belsunce por la familia de la víctima, pareció superar hoy con suficiencia el desafío de dar testimonio en el juicio contra el viudo Carlos Carrascosa, único imputado del homicidio.
En una declaración de dos horas y media, plagada de respuestas sagaces e ironías, el testigo se desmarcó de cualquier responsabilidad, aseguró que durante la franja horaria en que ocurrió el crimen pasó solamente un rato por su casa del country Carmel a cambiarse y afirmó que volvió a irse del barrio cerrado.
"Para mí fue un domingo cualquiera, lo único atípico fue que jugó River-Boca", dijo el joven en un intento de quitar relevancia a su actividad aquel 27 de octubre de 2002 y justificó alguna de sus imprecisiones horarias de esa jornada al señalar que "no anduve con un cronómetro en la mano para ver qué hacía cada minuto".
Explicó que esa tarde, con su hijo mayor, volvió al country en su camioneta para cambiarse la ropa deportiva que llevaba y tras pasar unos minutos mirando fútbol por televisión volvieron a irse en dirección a la Capital Federal, pero al llegar al peaje advirtió el olvido de la billetera. Regresaron a buscarla y partieron otra vez.
Pachelo insistió en su negativa a que aquella tarde haya estado caminado o corriendo por una calle interna del country, pese a que cuatro jóvenes aseguraron haberlo visto en esa circunstancia cerca de María Marta, y ante esa contradicción remató: "Está bien, yo digo que no. Ellos sabrán lo que están diciendo".
Ya arribados al centro porteño, según el testigo, fueron con su madre al Paseo Alcorta para comprar un juguete al hijo que le acompañaba y por la noche todos se reencontraron con su esposa, que había concurrido a un recital en el Luna Park, más los otros dos hijos del matrimonio.
Toda la familia, menos la abuela, volvió al country Carmel ya avanzada la noche y no advirtió nada extraño, agregó Pachelo, quien aseguró que "al día siguiente me enteré que alguien había fallecido en la casa de los Carrascosa porque los autos de la gente del velatorio llegaban estacionados hasta mi casa".
"Yo jamás hablé con María Marta", afirmó el testigo, y en cambio sí admitió que "en tres o cuatro oportunidades" estuvo reunido con Carrascosa, que por entonces colaboraba en la administración del country, para acordar la puesta al día en unas expensas impagas.
Confió que transcurridos unos 20 días de la muerte de María Marta se encontró en una estación de servicio con la vecina Dolores Sanjurjo que le dijo: "¿Viste que la mataron con un fierro. No fue un accidente?". Y añadió que la mujer también le comentó si "te enteraste que están hablando de vos" como presunto homicida.
Pachelo se mostró muy irritado por las sospechas en su contra, protestó porque "me acusan de cosas que no hice y acusan a mi mujer", e incluso espetó: "Me rompe las pelotas, perdón, que digan cosas así, que revuelvan en la vida de la gente y acusen a quien sea dando manotazos de ahogado".
Entonces la presidenta del tribunal, María Etcheverry, llamó la atención al testigo por sus palabras subidas de tono y lo reprendió porque "está haciendo comentarios que no corresponden", a la vez que le recomendó: "No conteste con fastidio", mientras el joven pedía disculpas.Pachelo sorteó con habilidad las preguntas que la fiscalía, la defensa y la querella quisieron hacerle sobre los hurtos y robos protagonizados por él en el pasado y el tribunal respaldó esa decisión suya de guardar silencio acerca de hechos ajenos al crimen de García Belsunce.
La actitud de Pachelo hacia los abogados de la querella, Zulema Rivera y Gustavo Hechem, rozó la tomadura de pelo cuando hasta se permitió corregir una pregunta de ella hecha en forma parcial y a él, que le preguntó cual era su opinión sobre los vigiladores del country, le contestó "que tienen un trabajo bastante sacrificado".
También al codefensor Alberto Castefzoglus le disparó una respuesta filosa cuando el abogado repreguntaba si nunca había practicado tiro al blanco con armas contra una "latita": "Vaya usted, ponga la latita y tírele. Yo no".
Y al codefensor Hernán Ferrari, que pretendía saber por boca del testigo los nombres de sus compinches en aquellos robos y hurtos, lo cortó en seco en ese convite a la delación con un enérgico "de ninguna manera". (DYN)
En una declaración de dos horas y media, plagada de respuestas sagaces e ironías, el testigo se desmarcó de cualquier responsabilidad, aseguró que durante la franja horaria en que ocurrió el crimen pasó solamente un rato por su casa del country Carmel a cambiarse y afirmó que volvió a irse del barrio cerrado.
"Para mí fue un domingo cualquiera, lo único atípico fue que jugó River-Boca", dijo el joven en un intento de quitar relevancia a su actividad aquel 27 de octubre de 2002 y justificó alguna de sus imprecisiones horarias de esa jornada al señalar que "no anduve con un cronómetro en la mano para ver qué hacía cada minuto".
Explicó que esa tarde, con su hijo mayor, volvió al country en su camioneta para cambiarse la ropa deportiva que llevaba y tras pasar unos minutos mirando fútbol por televisión volvieron a irse en dirección a la Capital Federal, pero al llegar al peaje advirtió el olvido de la billetera. Regresaron a buscarla y partieron otra vez.
Pachelo insistió en su negativa a que aquella tarde haya estado caminado o corriendo por una calle interna del country, pese a que cuatro jóvenes aseguraron haberlo visto en esa circunstancia cerca de María Marta, y ante esa contradicción remató: "Está bien, yo digo que no. Ellos sabrán lo que están diciendo".
Ya arribados al centro porteño, según el testigo, fueron con su madre al Paseo Alcorta para comprar un juguete al hijo que le acompañaba y por la noche todos se reencontraron con su esposa, que había concurrido a un recital en el Luna Park, más los otros dos hijos del matrimonio.
Toda la familia, menos la abuela, volvió al country Carmel ya avanzada la noche y no advirtió nada extraño, agregó Pachelo, quien aseguró que "al día siguiente me enteré que alguien había fallecido en la casa de los Carrascosa porque los autos de la gente del velatorio llegaban estacionados hasta mi casa".
"Yo jamás hablé con María Marta", afirmó el testigo, y en cambio sí admitió que "en tres o cuatro oportunidades" estuvo reunido con Carrascosa, que por entonces colaboraba en la administración del country, para acordar la puesta al día en unas expensas impagas.
Confió que transcurridos unos 20 días de la muerte de María Marta se encontró en una estación de servicio con la vecina Dolores Sanjurjo que le dijo: "¿Viste que la mataron con un fierro. No fue un accidente?". Y añadió que la mujer también le comentó si "te enteraste que están hablando de vos" como presunto homicida.
Pachelo se mostró muy irritado por las sospechas en su contra, protestó porque "me acusan de cosas que no hice y acusan a mi mujer", e incluso espetó: "Me rompe las pelotas, perdón, que digan cosas así, que revuelvan en la vida de la gente y acusen a quien sea dando manotazos de ahogado".
Entonces la presidenta del tribunal, María Etcheverry, llamó la atención al testigo por sus palabras subidas de tono y lo reprendió porque "está haciendo comentarios que no corresponden", a la vez que le recomendó: "No conteste con fastidio", mientras el joven pedía disculpas.Pachelo sorteó con habilidad las preguntas que la fiscalía, la defensa y la querella quisieron hacerle sobre los hurtos y robos protagonizados por él en el pasado y el tribunal respaldó esa decisión suya de guardar silencio acerca de hechos ajenos al crimen de García Belsunce.
La actitud de Pachelo hacia los abogados de la querella, Zulema Rivera y Gustavo Hechem, rozó la tomadura de pelo cuando hasta se permitió corregir una pregunta de ella hecha en forma parcial y a él, que le preguntó cual era su opinión sobre los vigiladores del country, le contestó "que tienen un trabajo bastante sacrificado".
También al codefensor Alberto Castefzoglus le disparó una respuesta filosa cuando el abogado repreguntaba si nunca había practicado tiro al blanco con armas contra una "latita": "Vaya usted, ponga la latita y tírele. Yo no".
Y al codefensor Hernán Ferrari, que pretendía saber por boca del testigo los nombres de sus compinches en aquellos robos y hurtos, lo cortó en seco en ese convite a la delación con un enérgico "de ninguna manera". (DYN)







