Dos pruebas difíciles para el poder
El jefe de Gabinete deberá enfrentar un extenso y áspero cuestionario enDiputados. Los obispos se reúnen: sus conclusiones siempre provocan ruido. Por Angel Anaya, columnista.
Por Angel Anaya, columnistaBUENOS AIRES.- El Gobierno tendrá esta semana dos nuevos frentes de conflicto. El más duro y realista, seguramente, será el de mañana, en la Cámara de Diputados, donde el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, enfrenta un cuestionario de centenares de interrogantes sobre cuestiones críticas, con la particularidad, eso sí, de que debe serle anticipado por escrito para contestar lo que considere necesario y sin repreguntas. Esa modalidad unilateral y que simula un diálogo, contrariando el espíritu constitucional, seguramente no lo protegerá como quisiera, pues en la amarga agenda de la oposición figuran asuntos graves que están inquietando y hasta alterando al país, como los casos de corrupción de Skanska y Greco, las presiones sobre los jueces que entienden en ellos y la irregularidad con el que el jefe del Gabinete concurre al Congreso violentando la periodicidad mensual de alternancia entre ambas cámaras.
Ese estilo monologuista y selectivo de Fernández es el que obligó a los titulares de ambos bloques radicales del Congreso a recurrir a una acción de amparo sobre el caso Greco, después de haber apelado sin éxito al decreto del Poder Ejecutivo sobre acceso a la información. También figura en el cuestionario el tema de los $ 300 millones en subsidios por la Secretaría de Transporte, sobre el que su titular, Ricardo Jaime, se resiste a informar.
Los obispos y la mediación
El otro frente ya está abierto y es, desde la víspera, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), presidida por el cardenal primado Jorge Bergoglio y que debe extenderse hasta el sábado en Pilar.
Es público y notorio para quienes advirtieron desde la crisis docente a poco del caso Misiones, que el protagonismo de diversos obispos ha politizado el rol de la Iglesia, por más que formalmente no tome parte de posiciones gremiales que podrían partidizarla. Tanto es así que los temas puramente eclesiásticos aparecen en la atención pública como secundarios de una agenda periódica.
Durante los últimos meses, el propósito conocido de la comisión ejecutiva fue mantener reuniones con los jefes de los tres poderes del Estado con anterioridad a la asamblea plenaria, algo que sólo se consiguió con el titular de la Corte Suprema. Las restantes solicitudes en orden cronológico de intenciones se hicieron ante los titulares de las Cámaras del Congreso y, como culminación, al Presidente de la Nación. Pese a las insistencias, ninguno de los tres respondió a ellas, lo cual puede ser calificado discretamente de una insólita falta de cortesía.
Si Bergoglio necesitaba intercambiar información y opiniones en los niveles más elevados sobre la realidad social argentina antes de la asamblea, no es menos lógico que el resultado del encuentro episcopal tenga un perfil político especial; mucho más, como ya señalamos en este panorama, porque la mediación en el sistema político está padeciendo una grave crisis por la carencia de diálogo. (De nuestra Sucursal)







